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Sobre la función social de una televisión pública

El exdirector de los Servicios Informativos de TVE, Fran Llorente, junto al presidente del Consejo de Redacción de RTVE, Alejandro Caballero.

Juan Miguel Baquero

Un medio de comunicación público es, en esencia, un servicio ciudadano. Debe ofrecer contenidos de calidad, útiles, independientes, veraces… ¿Es así? ¿Ocurre siempre? ¿Son libres los periodistas que ejercen en medios públicos? A menudo acarrean un lastre: las injerencias del gobierno de turno.

“Las presiones políticas existen, lo importante es que si no les haces caso no te pase nada”, dice Fran Llorente, periodista y exdirector de los Servicios Informativos de TVE, que ha participado en la primera jornada 'Televisión pública: necesaria e independiente'.

Con una amplia presencia del ámbito universitario –han participado los decanos de las Facultades de Comunicación de Granada, Málaga y Sevilla–, el encuentro organizado por el Consejo Profesional de Canal Sur Televisión (CSTV) ha servido para reflexionar sobre el presente y el futuro de las televisiones públicas. Para explicar y analizar la función social, cultural y política de los medios y cómo los profesionales de la información lidian con la “obsesión por el control de la información”.

Independencia o manipulación

“Los que sufren la manipulación y las injerencias son periodistas”. Fran Llorente, creador de La 2 Noticias en 1994, un programa que dirigió hasta 2004 y que presentó tras la marcha de Lorenzo Milá, lo vivió en directo. Sustituyó a Alfredo Urdaci al frente de los informativos de la televisión pública nacional. Buscó “independencia, pluralidad y credibilidad”. La victoria del PP en las generales de 2011 empezó a marcar su salida.

“Tras mi cese –cuenta– fueron cesadas otras 50 personas de sus puestos de responsabilidad y otros 20 ó 30 periodistas cambiados”. Toda una revolución. “Pepa Bueno, Ana Pastor… presentadores que habían marcado una época y dejaron de estar ante los espectadores”, un cambio radical en la perspectiva informativa de la cadena estatal.

La “injerencia de la política” hace que parte de la sociedad “esté cuestionando nuestra profesión”. De ahí, apunta Llorente, la tarea fundamental de “reconectar, con un periodismo valiente y comprometido, de calidad, preparado y decente”. Hay opción en plena “etapa de decadencia” y está “en que los ciudadanos nos perciban de su lado y no al servicio del poder”.

“En la redacción de Torrespaña ha calado hondo la sensación de que no puede quedar que no hicimos nada”. Los plantes, sentadas, minutos de silencio… la lucha profesional por una televisión libre e independiente necesita “el apoyo de una sociedad que exija calidad, independencia y rigor”. Los políticos, entiende, irán al arrastre de estas demandas.

¿Una sociedad más informada?

“Pero hace falta contenido para atraer a la gente. Si están viendo Sálvame, cómo vas a lograr una sociedad más informada”, señala Fran Llorente. El control económico y político, ligado de este modo al informativo y programático. Y el libre mercado no garantiza esos objetivos básicos, en particular de las televisiones. “La falta de independencia de los medios públicos afecta gravemente al pluralismo y, como consecuencia, a los fundamentos mismos de la democracia”, sostiene el Consejo Profesional de CSTV.

“La información no nos pertenece, ni a los dueños de los medios: pertenece a la sociedad, es un bien social”, subraya el presidente del Consejo de Redacción de RTVE, Alejandro Caballero. “El periodismo es un componente esencial de la democracia” y el “principal problema” de la televisión, “la injerencia de los gobiernos”.

Con ejemplos como “el día que se abre juicio oral contra Bárcenas, que se da al tema 20 segundos escondidos en el minuto 20 del informativo”. Lastres que llevan a “malas prácticas”. “En TVE probablemente vivimos uno de los momentos más negros de nuestra historia”, según Caballero. “Los responsables de TVE deben su puesto a quienes les han nombrado. Y cumplen sus deudas”.

Para garantizar un periodismo sin intromisión política son necesarios mecanismos de participación como estatutos y consejos de redacción, indican. Elementos que, en este caso, “defiendan a los periodistas de presiones partidistas que pervierten la función de servicio público de interés para la ciudadanía”. Huir de contenidos “rancios”, elaborar productos que van más allá del mero beneficio económico que perseguiría una empresa privada. Premisas que recogen la Constitución Española y el Estatuto de Autonomía de Andalucía.

La función social de la TV pública

Las televisiones autonómicas “se ajustan a la realidad de su territorio y a la forma particular con la que sus habitantes aprehenden el entorno”. Aparecen como entes públicos que, además de proximidad y fomento de identidades culturales, “generan empleo y valores democráticos”. Y deben, en palabras del presidente del Consejo Profesional de CSTV, Pablo Carmona, “evolucionar en cuatro aspectos fundamentales: asegurar su financiación con absoluta transparencia, mejorar la calidad de los contenidos, adaptarse a las nuevas tecnologías como gran reto y profundizar en la independencia profesional”.

“Lo público tiene que crear el contenido que no puede esperarse de la privada”, resume el decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Granada, Jorge Bolaños. Deben ser medios “independientes a las presiones económicas y políticas”. Y la televisión pública es “una gran oportunidad para dar voz a los que no la tienen”, según el profesor de la universidad granadina Francisco Gómez.

Si la televisión “se desvía de su función social, empezamos a tener problemas”, añade la directora de los Servicios Informativos de Canal Sur Televisión, Pilar Vergara. “Si no estuviéramos nosotros, ¿qué saldría de los andaluces en los medios nacionales? ¿Cuándo saldríamos?”, dice sobre la importancia de las televisiones autonómicas.

“Una televisión pública necesaria e independiente es una reivindicación permanente”, manifiesta el decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Málaga, Juan Antonio García. Los medios públicos, sigue, “se cuestionan cuando la democracia se debilita”. Como ahora, que algunos presentan la televisión “como caja boba, como narcótico o incluso como enemigo de la lucha de clases”, refiere su homóloga en la Universidad de Sevilla, María del Mar Ramírez. Cuando en realidad es “un instrumento poderoso en la vida de los pueblos”, por su capacidad de “modelar situaciones sociales, culturales y políticas”.

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