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Mitosis

José Miguel González Hernández

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No suelo hablar de política por temor a equivocarme. No obstante, es tal la deriva de los acontecimientos que habrá que posicionarse. En este sentido, al igual que surgió un movimiento social basado en acampadas en el exterior, fruto del hartazgo de la gente por estar expuesta a más promesas incumplidas, en la actualidad, al otro lado, sucede un movimiento idéntico, pero con parámetros diametralmente opuestos, aun siendo la raíz la misma: el descontento generalizado.

Bajo esta premisa, asumamos que la política es el arte de unir voluntades. Una definición hermosa, casi poética, digna de una taza. Lástima que, aplicada a determinadas ideologías, se parezca más a una práctica avanzada de biología celular que a una estrategia colectiva. Porque si algo domina en la actualidad no es la síntesis, ni la coalición, ni siquiera el viejo y prosaico «vamos a ponernos de acuerdo». No. Lo que domina es la mitosis.

La mitosis, para quien no recuerde las clases de Ciencias Naturales, es ese proceso por el cual una célula se divide en dos células hijas genéticamente idénticas. Es un mecanismo elegante, eficaz y, sobre todo, útil para crecer. Un organismo necesita millones de divisiones celulares coordinadas para desarrollarse. En política, la mitosis se ha convertido en un deporte de riesgo, puesto que logra dividirse sin crecer, multiplicarse sin fortalecerse y reproducirse sin que nadie entienda muy bien para qué.