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“Los banqueros me culparon por sus propios errores”

Martin Armstrong, el visionario

Lucía Lijtmaer

Hay que seguir la ruta del dinero. Eso dice El visionario. El hombre que predecía la economía mundial, un documental a caballo entre Inside Job y El lobo de Wall Street que cuenta la descabellada pero real historia de Martin Armstrong, un consultor de finanzas, que diseñó a mediados de los ochenta un modelo de predicción de alta precisión basado en el número pi.

Su reputación a nivel mundial -jamás perdió ni un céntimo con sus predicciones- hizo que los banqueros más poderosos de Nueva York, Edmond Safra, entre ellos, le invitaran a formar parte de su grupo para manipular las tendencias de los mercados y enriquecerse. A finales de los 90, el FBI entró en su casa para requisarle los ordenadores y le acusaron de estafar 3.000 millones de dólares. Pasó once años en la cárcel, durante los que se negó a revelar sus métodos para predecir las tendencias financieras a escala mundial. Hoy en día, aún sostiene que fue un cabeza de turco.

Tras su paso por Docs Barcelona, El visionario se estrena en la Cineteca el 16 de septiembre. Entrevistamos a su protagonista.

Usted predijo una alteración para el 1 de octubre y sugiere que puede haber un cierre de los mercados en Estados Unidos ese día. ¿Qué pasará en los siguientes meses?

El pico 2015.75 -el 30 de septiembre y el 1 de octubre- es el comienzo de una tendencia económica, no su final. También es el día en que debe aprobarse el presupuesto de Estados Unidos. Se vuelve a perfilar una vez más una lucha sobre el techo de la deuda. Esto siempre es simbólico en las crisis de la deuda, ya que lo único que se consigue son estas sesiones para lograr elevar el techo de la deuda, en un ciclo interminable. La probabilidad real de suspensión de pagos de EEUU es nula.

Sin embargo, este objetivo parece marcar el comienzo de una crisis de la deuda soberana que se cierne sobre el mundo en su totalidad. Su importancia puede ser que llame la atención sobre el problema de la deuda pública a nivel global. Deberíamos comenzar a ver un aumento en las tasas de interés a medida que más y más capital comienza a cuestionar la deuda pública y el futuro a largo plazo. Se trata del descenso más brutal en cincuenta años, lo cual es una locura.

También ha dicho públicamente que el sistema económico en la actualidad funciona como una estafa piramidal y que los gobiernos y los mercados necesitan ser regulados. ¿Cómo exactamente?

Al gobierno federal deberían prohibirle pedir dinero prestado. Los políticos se eximen de todas las leyes penales, y por lo tanto no hay ningún método de control y equilibrio que proteja a la sociedad. Si se eliminara la capacidad de pedir prestado, los impuestos federales, los gobiernos deberían simplemente ampliar la oferta de dinero de acuerdo a un nivel fijo del PIB (por ejemplo, el 5%), que fuera calculado por una junta independiente y privada que sea la misma para todos los países.

Si se realizan todos los cálculos en el mismo lugar resulta muy difícil para los gobiernos manipular sus cifras económicas y gastar más dinero. Tampoco necesitaríamos los impuestos a nivel federal, que no son otra cosa que una reliquia bárbara del pasado cuando el dinero se basaba en la mercancía. Ya no vivimos en una economía de trueque, así que no necesitamos impuestos. Si se eliminan los impuestos, el crecimiento económico se ampliará, reduciendo el desempleo y la generación perdida habrá recuperado la esperanza para el futuro.

Mientras trabajó como analista, predijo el colapso económico ruso. ¿Cree que eso contribuyó a que le traicionaran y encarcelaran?

No. Los banqueros me culparon por sus propios errores. Ignoraron toda la gestión de riesgos mediante el pago de sobornos al FMI para mantener los préstamos destinados a Rusia. Esta es la razón del colapso del fondo de inversión Long-Term Capital Management. Un periodista estaba allí en nuestra reunión internacional anual en Londres y publicó el pronóstico en la portada, tras la segunda sesión. Así que cuando llegó el colapso, me culparon. A continuación, los banqueros trataron de manipular el yen japonés el 31 de marzo de 1999. En nuestra reunión anual en marzo de 1999, le advertí a todos nuestros clientes que estaban en el punto de mira, y les expliqué cómo evadir la manipulación. Así, los manipuladores perdieron miles de millones. Se trató de dos golpes seguidos, estaban ansiosos por quitarme de en medio.

¿Cree usted que el banquero Edmond Safra, fundador del Republic Bank, fue asesinado?

Sí, creo que los rusos asesinaron a Saffra por intentar chantajear a Yeltsin. Putin llegó al poder semanas antes del asesinato de Saffra y luego se apoderó de su operación Hermitage Capital en Rusia, la entidad que había intentado convencerme de que yo invirtiera 10.000 millones de dólares a lo que me negué.

El documental analiza esa relación y admite que usted sintió miedo por su vida. ¿Por qué, si ambos trabajaban juntos en operaciones de riesgo, usted se salvó?

Yo no estaba involucrado esa malversación, así que no corrí ningún riesgo real. Incluso el enfermero que inicialmente fue acusado de la muerte de Safra fue puesto en libertad por la Corte Suprema, que dictaminó que no había recibido un juicio justo y le repatrió a Estados Unidos. Nunca se ha resuelto la muerte de Saffra. El abogado y contable de la compañía de Safra en Rusia, Sergei Leonidovich Magnitsky, fue detenido y posteriormente asesinado mientras permanecía bajo custodia en espera de investigaciones oficiales y extraoficiales frente a las denuncias de fraude, robo, y vulneraciones de derechos humanos. El Congreso incluso aprobó la Ley de Magnitsky para castigar a las personas involucradas. ¿Por qué? Se trata de una conexión muy extraña.

El documental sostiene que fabricaron pruebas contra usted. ¿Cree que el sistema legal y el FBI conspiraron para obtener las fórmulas con las que usted trabajaba?

No creo que fuera así al inicio. Le pedí a mi abogado que presentara una demanda contra Republic Bank exigiendo que el dinero robado fuera devuelto en una semana. Ellos fueron a ver a los federales y me acusaron de conspirar con su propia gente para ocultar sus pérdidas a mis clientes, que sólo tenían sentido si hubiéramos manejando dinero, lo cual no era así. Los federales irrumpieron en nuestra oficina cuatro días más tarde sin haber verificado nada. Sólo trajeron las acusaciones del banco.

Republic Bank justo se enfrentaba a una toma de control por parte de HSBC. Por lo tanto, se trataba de un movimiento desesperado para salvar al banco. Una vez que los federales se dieron cuenta de que lo que hacíamos era comprar carteras de valores en Japón, no administrar el dinero, me acusaron de desacato. Me exigieron que les diera mis fórmulas. Para hacer el documental, el productor tuvo que conseguir un seguro por error u omisión para evitar una demanda. La compañía de seguros contrató a una junta independiente de abogados para revisar el caso y los hechos. De hecho, pusieron la exigencia de la fórmula por escrito. La película no se podría haber realizado sin un seguro que verificara todos los hechos.

¿Cómo describe los once años que pasó en prisión?

La cárcel es una enorme carga social. Debería ser el último recurso reservado sólo para la violencia. Menos del 4% de las personas en las cárceles estadounidenses están allí por actos violentos, y durante demasiado tiempo. Te acabas institucionalizando porque es como vivir en un monasterio libre de impuestos en el que realmente se ocupan de ti. Encerrar a la gente durante veinte años es una locura. La gente sale y comete un nuevo delito porque no puede encontrar un empleo y ha perdido todo contacto con su familia. Se les despoja de todo contacto social.

¿Por qué se negó a facilitar la información que requerían?

Quedó claro que nunca producirían una orden judicial. Si encierras a alguien por desacato, tiene que haber una orden que dice que si cumples con las reglas, serás liberado. Ellos nunca entregaron la orden y mis abogados me dijeron sin rodeos que el juez nunca me iba a liberar y que por eso no había una orden. Es por eso que mi caso llegó a la Corte Suprema y luego tuvieron que liberarme o el Tribunal Supremo se vería obligado a actuar. Incluso el juez no se dio cuenta de que me había metido en la cárcel sin una orden. Él asumió que el gobierno había actuado siguiendo la ley. Incluso llegó a soltar: “Pensaba que usted había hecho esas cosas” Legalmente, me tendría que haber liberado inmediatamente, pero hizo lo que quería el gobierno. No hay juicios justos contra el estado en la ciudad de Nueva York. Es un chiste.

¿Cree que el sistema financiero internacional ha aprendido algo de sus errores?

No. Mientras esté sujeto a reguladores que puedan ser sobornados, no cambiará nada.

Usted vaticinó un estallido de violencia relacionado con las fronteras que puede llevar a una escalada y una guerra mundial. ¿Tiene esa predicción algo que ver con la actual crisis de los refugiados?

Sí. La crisis de los refugiados es un preludio del caos.

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