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Isabel Azkarate, primera fotoperiodista vasca: “Fotografiaba el horror de cerca. Después, llegaba el dolor por lo vivido”

La fotoperiodista Isabel Azkarate

Maialen Ferreira

Bilbao —

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La primera cámara que tuvo Isabel Azkarate (Donostia, 1950) fue una Nikon F2 que llegó a sus manos casi por casualidad a finales de los años setenta. Fue entonces cuando decidió dejar a un lado el arte y la decoración, profesión que había estudiado hasta aquel momento, para mudarse a Barcelona y centrarse en el mundo de la fotografía. De Barcelona viajó a Nueva York y de allí a Perú, Brasil, Bali, Egipto, Nepal, Pakistán y Turquía. También trabajó como fotógrafa en Euskadi, retratando a las estrellas del Festival de Cine de San Sebastián e inmortalizando la violencia de los duros años de plomo. “No sé cómo me las he arreglado a lo largo de mi vida, pero siempre que he tenido que hacer fotos de ese tipo, tan duras, sacaba las fuerzas para hacer las fotos de cerca, para reflejar lo que estaba pasando. Fotografiaba el horror de cerca. Y era después cuando me llegaba el dolor y la pena por lo que había visto y vivido”, explica a este periódico Isabel Azkarate, la que es considerada la primera fotoperiodista vasca.

Para conmemorar sus más de 40 años de profesión, la sala Artegunea de Kutxa Fundazioa en el centro cultural Tabakalera de su Donostia natal, acoge la exposición 'Isabel Azkarate', una retrospectiva con más de 300 fotografías, muchas de ellas inéditas. El pasado 2 de febrero se realizó la inauguración y estará disponible hasta el 25 de febrero. “En la inauguración hubo más de mil personas, fue algo increíble. Los días siguientes también llegaron unas 600 cada día. Es una exposición muy entretenida y enorme. Hay mucho de Nueva York, pero también de Euskadi. Solo espero que la gente disfrute viendo las fotos”, asegura.

¿Cómo fueron sus inicios en la fotografía?

Primero estudié arte y decoración y, de pronto, llegó una cámara a mis manos. Era de un tío mío que había viajado a América y se la compré. Desde entonces, no he parado de hacer fotos. Me fui a Barcelona a estudiar, porque no tenía ni idea de sacar fotografías ni de revelar. Allí, me monté un pequeño laboratorio y así hasta ahora. Toda la vida sin parar de hacer fotos.

¿Cuál fue aquella primera cámara?

Fue una Nikon F2. Era una cámara estupenda. Grande, fuerte, muy robusta, que la utilizaban en la guerra del Vietnam porque era muy potente. La utilicé muchísimo tiempo y luego compré otra Nikon porque yo siempre he ido con dos cámaras: una para hacer blanco y negro y otra para diapositiva. Así que mi gran archivo tiene cientos de miles de fotos.

En sus fotografías las personas juegan un papel principal. ¿A qué se debe?

Siempre me ha atraído fotografías a la gente, a las personas. También he hecho algo de paisaje, claro, no podía dejar de hacer una foto cuando aparecía un paisaje maravilloso, pero siempre fotografiaba a la gente, además bastante de cerca. Me gustaba trabajar con un objetivo de 35 milímetros con el que tenías que acercarte a lo que a lo que querías fotografiar. Todas las fotos que he hecho a personas están hechas desde cerca, nunca me ha gustado robar fotos con teleobjetivos.

¿Alguna vez ha recibido algún tipo de crítica o comentario por ser una mujer en esa profesión en aquella época?

Pues no, al contrario. Ser mujer me ha abierto muchas puertas en el mundo del fotoperiodismo porque la gente quizás se sentía mucho más segura cuando la que les fotografiaba era yo en lugar de un hombre. Nunca he tenido problemas.

Todas las fotos que he hecho a personas están hechas desde cerca, nunca me ha gustado robar fotos con teleobjetivos

Durante gran parte de su carrera, ha sido reportera gráfica de temas sociales y políticos. También de conflictos armados, como por ejemplo los atentados de la organización terrorista Sendero Luminoso en Perú. ¿Cómo fue aquella experiencia?

De Barcelona me fui a Nueva York a estudiar fotografía en los años 80 y regresé ya preparada para empezar a trabajar en medios de comunicación. Me contrataron en un periódico llamado La Voz de Euskadi, donde tuve que fotografiar de todo durante unos años muy conflictivos porque era la época de los GAL y continuamente había atentados. El periódico cerró a los tres años y me uní a un viaje con otro fotoperiodista a Perú. Yo no tenía mucha idea de lo que pasaba en Perú, pero tenía ahí unos amigos en Lima y ellos nos consiguieron los permisos para llegar a Ayacucho, que era donde estaba el problema del grupo terrorista Sendero Luminoso. Estuvimos 15 días instalados, esperando a incursiones que había de vez en cuando y en una de esas incursiones fue cuando fotografié a 18 campesinos que mataron y que machacaron, porque eran eran peleas con machete. Fue durísimo. No sé cómo me las he arreglado a lo largo de mi vida, pero siempre que he tenido que hacer fotos de ese tipo, tan duras, sacaba las fuerzas para hacer las fotos de cerca, para reflejar lo que estaba pasando. Fotografiaba el horror de cerca. Y era después cuando me llegaba el dolor y la pena por lo que había visto y vivido. Yo lo que quería era hacer buenas fotos aunque después tenía el dolor terrible de haber visto esas escenas.

¿Qué supuso para usted ser fotógrafa en los años de plomo en Euskadi?

Fue algo muy duro. Me daba una pena terrible ver a chicos tan jóvenes, ya fuera de un lado o del otro, porque yo no tenía preferencia para fotografiar, era absolutamente imparcial. Fue algo muy triste. Cuando he estado preparando la exposición y he visto todas las fotos otra vez lo he pasado mal recordando todos aquellos momentos. Fue una época terrible.

También ha sido fotógrafa oficial del Festival de Cine de San Sebastián. ¿Cómo fue aquella época?

Recuerdo que eran años que los que no había muchos fotógrafos y teníamos acceso a todos los actores que llegaban para poder fotografiarlos muy de cerca. Hoy en día te ponen vallas y tienes que utilizar teleobjetivos. Ya he dejado de hacer las fotos en el festival, ya no me divierte tanto. Antes todo era una fiesta, desde las ruedas de prensa hasta las entradas al Teatro Victoria Eugenia. Había mucho glamour, todo el mundo se ponía muy guapo. Hoy en día la gente va hasta en bermudas. Yo tenía que fotografiar todo y luego revelarlo y dejar las copias secando antes de ir a dormir. Por la mañana venía un chico para recogerlo y llevarlo al festival. Era un trabajo que suponía estar unos días a tope y dormir poco, pero me lo pasaba en grande.

¿Cómo ve la profesión de fotógrafo a día de hoy en comparación con aquellos años?

Ahora vivimos unos tiempos mucho más dulces. Menos terribles que aquellos años. Muchos de los compañeros que vinieron a la inauguración de la exposición siguen con sus grandes cámaras y se tienen que mover sin parar, como hacía yo, pero no sé si el trabajo hoy en día es tan emocionante como antes.

Muchas veces da igual lo buena que sea la cámara, lo importante es conseguir una foto especial

¿De todas las fotografías que ha hecho, con cuál se queda?

Me gustó mucho la época en la que estuve en Nueva York en los 80. Las personas con las que me cruzaba me llamaron tantísimo la atención que no paré de fotografiarlas porque eran muy diferentes de lo de lo que yo había vivido hasta entonces. Yo creo que las fotos de esa época son a las que más cariño tengo, porque fueron mis principios. También me gustaba mucho fotografiar a los personajes de los circos que llegaban a San Sebastián en verano. No dentro de las carpas actuando, sino fuera, antes de entrar a actuar o cuando salían de actuar. Posaban para mí porque yo se lo pedía.

¿Sigue fotografiando?

Sí, pero ahora con el teléfono móvil.

¿Por qué?

Porque he cargado durante tanto tiempo con cámaras, con objetivos, con trípodes, que ahora ya los teléfonos hacen unas fotos estupendas y lo importante en una foto es lo que fotografías. Muchas veces da igual lo buena que sea la cámara, lo importante es conseguir una foto especial.

¿Qué aconsejaría a las chicas, que al igual que usted cuando empezó, sueñan con dedicarse al mundo de la fotografía?

Que estudien técnica, porque es importante saberla y que se lancen, que se quiten de timideces o de cortes y que cuando quieran fotografiar algo que que se tiren a saco a fotografiarlo.

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