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Dragana Kaurin: “Lo que ocurre en Siria me devuelve a Bosnia una y otra vez”

Carnet de refugiada de Dragana Kaurin cuando era niña / Cortesía de Dragana

Leila Nachawati

Dragana Kaurin es hija de madre bosnia y padre serbio, refugiada en Estados Unidos y una de las especialistas más reconocidas en derecho de asilo y memoria histórica. Desde hace años sigue la situación en Oriente Medio, y la de Siria en particular, como algo profundamente cercano y personal, tanto que en 2014 decidió dejarlo todo para acudir a Damasco como parte de una misión de UNICEF. Desde su regreso, no ha dejado de denunciar las violaciones que sufre la población siria y la implicación de las distintas potencias geoestratégicas, que ahora centran su atención en Idlib, entre anuncios de una nueva masacre y planes de establecer una zona desmilitarizada por parte de Turquía, Rusia e Irán.

En Madrid, donde la entrevistamos, cuenta a eldiario.es cómo ha vivido estos años en los que la impunidad no ha dejado de aumentar. Señala malas experiencias con entrevistas anteriores e insiste en la importancia de que presentemos su relato sin encasillarla. “No solo soy refugiada, soy etnógrafa e investigadora de derechos humanos, con un máster en derecho de asilo y memoria histórica. Soy muchas cosas, las personas refugiadas no somos solo refugiadas”.

Sueles decir que lo que ocurre en Siria te resulta “inquietantemente familiar”...

Mucho. La sucesión de imágenes procedentes de Siria han hecho a toda una generación de personas bosnias revivir la pesadilla que nos tocó vivir hace dos décadas, durante la guerra que causó 100.000 víctimas y 1,8 millones de desplazados y derivó en la desintegración de la antigua Yugoslavia. Los desplazamientos forzosos, la pérdida humana y material, la resistencia a acoger refugiados y cumplir las cuotas establecidas internacionalmente, la injerencia extranjera, el silencio de la comunidad internacional...

De repente un país pequeño como el nuestro, como Siria ahora, adquiere una dimensión internacional y es víctima de los intereses de unas y otras potencias. También me inquieta y me devuelve a aquellos años ver que hay sectores que defendían a los genocidas de entonces por su posicionamiento geoestratégico y hoy hacen lo mismo con criminales de guerra en Siria.

Hay diferencias, claro. La principal que noto tiene que ver con internet. En Siria hemos visto a personas grabar y contar en primera persona los bombardeos, el asedio, el hambre provocada en lugares como Homs o Yarmouk, lo que hace más chocante todavía la falta de reacción y de rendición de cuentas. Legalmente, de acuerdo a normas internacionales, los países están obligados a actuar cuando se cometen atrocidades como las que estamos viendo.

Después de Bosnia, Ruanda, Líbano, Camboya… siempre se repetía: “Si hubiéramos sabido entonces lo que sabemos ahora que el conflicto ha terminado, habríamos actuado”. Ya nadie puede decir eso. Los crímenes se ven en tiempo real y quienes podían haber actuado para proteger a civiles tendrán que mirar a los sirios algún día y decirles: “Lo sabíamos y no hicimos nada”. Piensa en la doctrina de la responsabilidad de proteger, ¿dónde queda hoy? ¿Podemos seguir hablando de la responsabilidad de proteger?

En las guerras hay distintos niveles de responsabilidad. ¿Se han dirimido las responsabilidades de la guerra de Bosnia? ¿Crees que se dirimirán en Siria?

Es una pregunta difícil... En mi opinión, las personas condenadas por el Tribunal Penal Internacional encargado de juzgar los crímenes de la antigua Yugoslavia son desde luego responsables de genocidio, ataques indiscriminados contra civiles y numerosos crímenes de guerra y contra la humanidad, pero a muchos se les redujo la sentencia y hoy están libres. Es el caso de Biljana Plavsic (becaria Fulbright en la Universidad de Cornell y anterior responsable del departamento de Biología en la Universidad de Sarajevo), que llegó a decir que “las personas que abrazaron el Islam en Bosnia tenían material genético defectuoso”. No se me ocurre nada más peligroso para la humanidad que gente como esta ande suelta.

A nivel nacional, tenemos la Cámara para Crímenes de Guerra en Bosnia y Herzegovina, el único esfuerzo conjunto entre entidades bosnias. Es muy lenta, pero es algo.

Sin embargo, y aunque la responsabilidad local estaba clara, es importante abordar también la internacional. En su momento no se juzgó a las autoridades rusas por proporcionar armas a las tropas serbias en un contexto de crímenes de guerra y genocidio. Creo que si la responsabilidad rusa se hubiese abordado entonces, no estaríamos viendo la escalada de impunidad que vemos hoy en Siria.

También está la responsabilidad de países que tenían la capacidad de intervenir y no lo hicieron, y vieron cómo nos masacraban durante cuatro años. Países como Hungría, vecino nuestro, que cerró las fronteras a personas perseguidas. Hoy Hungría vuelve a ser noticia por hacer lo mismo a otras personas refugiadas. Cerrar las fronteras a personas que huyen de un conflicto armado es ilegal, pero como no se atajó en los años 90, es una tendencia que no deja de aumentar.

Y por último está el resto del mundo. ¿Dónde estabas mientras nos mataban? ¿Cambiaste de canal?, es una pregunta frecuente que hacemos las personas bosnias a quienes viven en países democráticos. ¿Qué hacen, qué hacemos, al ver los crímenes que se cometen en Siria, al ver a tantas personas huir a Europa a pie? Estoy horrorizada y avergonzada de que esto se esté repitiendo, de la falta de reacción de la humanidad, de Europa en particular. ¿Por qué no hay más presión a líderes europeos? Esto debería ser una prioridad de la ciudadanía.

Tú y tu familia tuvisteis que huir, dejarlo todo atrás y buscar refugio en otro país. ¿Qué es lo que más recuerdas de aquellos días?

Recuerdo recibir un paquete de una chica inglesa, Jessica se llamaba. Creo que lo enviaba una organización que recogía regalos para distribuir a niños en campos de refugiados y colegios. La chica me decía que ella y su familia seguían lo que ocurría en mi país y que no querían que me sintiese sola. En el paquete me envió su muñeca Barbie favorita.

Otro recuerdo muy vívido es el de unos voluntarios franceses que nos llevaron a mí y otros niños refugiados de campamento. Nos leían cuentos junto al fuego. La embajada jordana también hacía fiestas para niños una vez al mes y nos regalaban bolsitas con almendras. Y también recuerdo mucho a mi profesora en el colegio de Zagreb (Croacia). No permitía ningún prejuicio ni discriminación de nadie, nos hacía sentir que todas las personas éramos iguales.

Recuerdo sobre todo a la gente que nos ayudó. Es importante aferrarse a esos actos de humanidad siempre que sea posible, son los que nos salvan.

A todas esas personas que hoy huyen, dejando todo atrás como hiciste tú, ¿qué les dices? ¿Les aconsejas algo?

Cada uno lo lleva como puede, pero creo que es más fácil cuando empiezas una nueva vida en otro lugar y te reconcilias con el hecho de que lo que has dejado atrás, se queda atrás. Hay quien adopta un nuevo nombre, una nueva identidad… otros se quedan atrapados en el pasado. Hay quien intenta regresar, en cuanto hay una mínima posibilidad, al país del que se vio obligado a huir, y trabaja en reconstruirlo. Yo todavía no estoy segura de haber encontrado la forma de superar y aceptar la pérdida. Sigo luchando por restituir todo lo que perdí.

Creo que lo más beneficioso que les puedo decir es que se aferren a su humanidad y a la de las personas que los rodean. Hace cuatro años, después del primer asedio al barrio de refugiados palestinos de Yarmouk (en las afueras de Damasco), un hombre sacó su piano a la calle y se puso a tocarlo, rodeado de escombros. Vi esa imagen con amigos decenas de veces. Un acto de humanidad en plena destrucción.

[El pianista Aeham Ahamd al que se refiere Dragana logró huir a Alemania, pero el fotógrafo que tomó las imágenes, Niraz Saied, fue detenido por fuerzas del régimen sirio y trasladado a una prisión donde murió meses después. Saied, que aparece en las “listas de la muerte” que se han hecho públicas recientemente, se ha convertido en un símbolo de la resistencia de la población refugiada sirio-palestina y fue premiado en 2014 por la UNRWA por su imagen, Tres Reyes].

Me afectó particularmente la destrucción de Yarmouk, porque la palestino-siria es una población doblemente refugiada y victimizada. Imagina el trauma doble, el desplazamiento forzoso doble. La imagen de la destrucción de Yarmouk en 2014, con miles de personas tratando de huir de aquel infierno, es la Gernika de esta época.

Es difícil enfrentarse a imágenes tan duras, a historias tan dolorosas, y mucha gente prefiere no verlas...

Hace unos días hablaba con una amiga, también bosnia, de lo que sentimos al ver estas imágenes, del efecto físico que nos provocan. En diciembre de 2016, durante el asedio a Alepo, oí que estaban separando a los hombres de las mujeres. Tuve un ataque de pánico, todos sabemos lo que significa eso, todos sabemos qué ocurre cuando en una guerra se separa a los hombres de las mujeres. Estos días, oyendo que se debatía si usar o no armas químicas sobre esos dos millones de civiles que viven ahí dentro, sentí náuseas.

Hablan de ataques químicos sobre civiles, los planean y debaten, ¿y nadie reacciona? ¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible que ante esto no haya una reacción internacional, un movimiento internacionalista, de solidaridad internacional, como hubo con Irak?

Aunque las imágenes sean terribles y nos duelan, yo insisto en que debemos verlas. No debemos temer el dolor de los demás, es nuestra responsabilidad ser testigos de estas atrocidades. Del asedio de Alepo, Ghouta, Yarmouk, ahora Idlib… Entiendo que la idea de que “estos lugares están lejos y estas personas son diferentes a mí” es un mecanismo de defensa.

En el fondo, creo que la mayoría somos conscientes de lo interconectado que está todo, y en qué medida lo que ocurre en Bosnia, Camboya, Palestina o Siria tiene que ver con nosotros, nos afecta. Permitir que esto ocurra, no alzar la voz por las víctimas en otros países, hará más posible que mañana ocurra en el nuestro, y que nadie alce la voz para impedirlo.

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