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Sobre este blog

No nos gusta la palabra “discapacitado”. Preferimos retrón, que recuerda a retarded en inglés, o a “retroceder”. La elegimos para hacer énfasis en que nos importa más que nos den lo que nos deben que el nombre con el que nos llamen.

Las noticias sobre retrones no deberían hablar de enfermitos y de rampas, sino de la miseria y la reclusión. Nuria del Saz y Mariano Cuesta, dos retrones con suerte, intentaremos decir las cosas como son, con humor y vigilando los tabúes. Si quieres escribirnos: retronesyhombres@gmail.com

La autonomía también se mide

Nuria del Saz

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No nos gusta la palabra “discapacitado”. Preferimos retrón, que recuerda a retarded en inglés, o a “retroceder”. La elegimos para hacer énfasis en que nos importa más que nos den lo que nos deben que el nombre con el que nos llamen.

Las noticias sobre retrones no deberían hablar de enfermitos y de rampas, sino de la miseria y la reclusión. Nuria del Saz y Mariano Cuesta, dos retrones con suerte, intentaremos decir las cosas como son, con humor y vigilando los tabúes. Si quieres escribirnos: retronesyhombres@gmail.com

En los últimos meses he tenido que medir paredes y huecos en casa para reorganizar algunos espacios. Pero no he podido hacerlo sola, porque no tengo una cinta métrica marcada con números en braille. Un metro simple, mecánico, como el que se compra en la ferretería del barrio.

La que tenía desapareció pese a que la guardaba como una pieza de colección. Era el típico flexómetro de carcasa con cinta metálica retráctil. Cada milímetro estaba marcado con un punto y presentaba los números en braille cada diez centímetros. Comercializado en España por la ONCE, era un producto fabricado por el Royal National Institute for the Blind de Reino Unido. 

Pero ya no existe. Hay flexómetros parlantes, dispositivos digitales que transmiten la medida al teléfono y cintas con diferentes marcas táctiles, pero no encuentro aquella solución tan elemental: extender una cinta y leer directamente con los dedos cuánto mide algo.