Primera ruta por la pared central de la cara norte de la Punta Pioda
Del 6 al 9 de marzo, Roger Schäli, Filippo Sala y Silvan Schüpbach escalaban la parte central de la cara norte de la Punta Pioda. Una sección muy vertical con dificultades extremas que nunca se había escalado antes. Otro hito en el proyecto personal a largo plazo de Silvan que consiste en explorar las caras norte “olvidadas” de los Alpes.
La cara norte de la Punta Pioda (3.237 metros) se alza orgullosa e imponente en medio del grupo conocido como Bergell Sciora. Viéndola, se hace difícil creer que, más allá de una ruta en su extremo derecho, nadie haya tocado nunca esta pared.
“Desde hace unos años me ha fascinado esta pared, pero cada vez que iba a intentarla surgía algo. Este invierno no fue distinto... En diciembre pude explorar la primera parte con Ines Papert, pero a finales de diciembre me rompí un hueso del pie y tuvimos que posponer el proyecto.
Por suerte, todo cambiaría este mes de marzo. El pasado 5 de marzo por fin subimos a la cabaña Sciora, con las mochilas cargadas hasta arriba y con mucha motivación. Había mucho que hacer en el refugio: derretir la nieve, desenterrar la chimenea, reponer la leña etc.
A la mañana siguiente, muy temprano, empezamos a movernos... En diciembre ya tuvimos que escalar algunos largos de la primera parte de la pared, así que en esta ocasión, al encontrarnos con un campo de nieve fácil nos plantamos rápidamente bajo el primer paso desplomado.
Durante la primera jornada solo pudimos completar cuatro largos. La roca que nos encontramos era quebradiza y arenosa, lo que nos obligó, desgraciadamente, a escalar mucho en artificial. Al menos quise intentar escalar en libre el segundo largo, algo que más o menos conseguí.
Montamos cuerdas fijas en los primeros largos y regresamos al refugio. Aunque avanzamos increíblemente despacio, estábamos eufóricos porque habíamos conseguido nuestro primer objetivo: alcanzar el gran barranco de nieve.
A la mañana siguiente comenzamos con mucha fuerza. Queríamos hacerlo del tirón sin tener que descender nuevamente y abandonar la pared. El comienzo fue frenético... Adecentamos la cabaña a toda prisa, ya que según el libro de la cabaña nadie más había estado allí este invierno y, siendo sinceros, no esperábamos más visitantes. Así que nos pusimos en marcha.
Después de mucho esfuerzo llegamos al final de las cuerdas fijas en torno al mediodía con todo el equipo necesario para estar tres días en pared. Filippo y Roger continuaron escalando mientras yo preparaba el vivac.
Por la tarde vi a dos escaladores que se acercaban a la cabaña. Precisamente ahora, pensé, deberíamos haber limpiado mejor. Por otra parte, la chimenea bien adecentada, la reposición de leña y el agua en la estufa deberían compensar el ligero desorden. Debía tranquilizarme, pero no pude... Tan pronto Filippo y Roger regresaron al vivac, ya nos estaban denunciando en las redes sociales. Por supuesto, nos sentimos culpables y sabíamos que habíamos cometido un error. Al final, nadie quiere limpiar el desorden de los demás.
Sin embargo, nos sorprendió que estas acusaciones -de un compañero al que conocíamos bien- no las hablase directamente con nosotros, sino que se nos denunciase públicamente. Intenté localizarle por teléfono para pedirle disculpas, pero no su teléfono no estaba disponible, así que lo único que pude hacer fue disculparme por WhatsApp.
Aquel día tuvimos una noche muy fría. Enfrentarse a las dificultades y retos de esta pared es una cosa, pero ser el malo de la película al mismo tiempo es otra muy distinta. A la mañana siguiente nos despertamos dándonos ánimos: “¡Ahora más que nunca!”.
De hecho, el bajón del día anterior dio paso a la necesidad de darlo todo y terminar la ruta. Por suerte, el primer largo de nuestro tercer día fue una chimenea muy fea y estrecha, una actividad perfecta para distraerse y dejar de lado otros pensamientos...
Más arriba escalaría una fisura diagonal muy vertical que debería llevarnos hasta el último vivac. Lo di todo para superar en libre ese tramo de M8, metiendo los camalots en todos los recovecos que veía, lo que hizo que la arena y la suciedad se soltase y se me metiera en los ojos. Toda mi ilusión y mis buenas intenciones se desvanecieron rápidamente y me vi obligado a cambiar a artificial, mucho más lento, pero también más seguro.
Tras mucho esfuerzo cedería el puesto a Roger, algo que me hizo muy feliz, por cierto. Roger nos llevaría hasta el siguiente vivac con la última luz del día. El pobre Filippo, en teoría, había tenido un día de descanso, aunque en realidad tuvo que jumarear y arrastrar equipo todo el tiempo. Llegaría al vivac tan cansado como nosotros dos.
La noche previa al cuarto día no fue tan fría como las previas. Yo, personalmente, estaba bastante cansado, por lo que me alegré al ver que Filippo tomaba la iniciativa. Filippo nos llevaría hasta la ruta normal tras hacer un rápel y atravesar un barranco. Rápidamente nos condujo por terreno mixto hasta la cima... y al sol, ¡por fin, un poco de calor! Así nacía 'Luce e Tenebre'.
Debo decir que recordaremos durante mucho tiempo esta gran aventura llena de dificultades en este rincón de montañas salvajes y algo desconocidas de nuestro querido Alpes. Era nuestra primera aventura juntos y pudimos comprobar que trabajamos muy bien como equipo.
Por último, pedir que en el futuro todos los montañeros respeten las normas de los refugios de montaña (¡incluidos nosotros!) y que los conflictos se resuelvan en conversaciones directas y no a través de las redes sociales“.
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