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COP28: Un acuerdo histórico... con regusto agridulce para África

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Transitioning away es la pareja de palabras en inglés que permitió que la COP28, la Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático, celebrada hasta este pasado 13 de diciembre en los Emiratos Árabes Unidos, se cerrase con un acuerdo que todo el mundo ha calificado de histórico. Si se busca en un diccionario, transitioning away significa en transicióntransición para dejar atrás

Qué importante es el lenguaje, ¿verdad? Esta transición para dejar atrás hace referencia a los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), los causantes del 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero que, al cubrir la tierra y atrapar las radiaciones solares, provocan el calentamiento global y el ya conocido en el presente, y aterrador para el futuro, cambio climático. 

No se han logrado consensos para usar ni los términos prohibición, ni abandono, ni eliminación gradual o reducción progresiva. El transición para dejar atrás logró ser consensuado como para permitir que todo el mundo, especialmente los países productores de carbón, petróleo y gas, se levantasen entusiasmados a aplaudir un acuerdo que todos coinciden en calificar de histórico. 

Y lo es. Ciertamente es un paso muy importante porque por primera vez, tras 28 Conferencias de las Partes, existe una conclusión que marca una ruta para hacer una ‘transición para dejar atrás’ los combustibles fósiles en el año 2050, lo que supondrá triplicar la implantación de energías renovables a partir de 2030. Nuestra vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, fue una de las negociadoras clave de este acuerdo. 

En sus palabras “es un buen acuerdo, que captura el impulso de esta enorme demanda para pasar de un mundo de combustibles fósiles a un mundo libre de combustibles fósiles” y que si bien “hay cosas que nos hubiera gustado ver más desarrolladas en el texto”, es clave el hecho de que ha sido apoyado por todas las Naciones del mundo presentes en esta COP. 

Aunque perciban entre líneas por lo que escribo que este balance final de la cumbre climática me deja algunas (y razonables) dudas, coincido en que es un gran avance y un paso fundamental en la lucha de nuestro planeta contra el cambio climático: tengan en cuenta el nivel de polarización en que vivimos en estos días, las tensiones que experimentamos, conflictos y guerras, tensiones económicas, la radicalización y hasta el negacionismo... y valoren que en este marco ya hay un discurso alrededor del cambio climático que todos han ratificado: que hay que dejar atrás los combustibles fósiles.   

Permítanme tras esto hacerles un resumen telegráfico sobre lo que ha supuesto esta COP28 para África. Recuerden que durante esta cumbre internacional se cierran multitud de acuerdos diferentes más allá de la declaración de cierre, la más mediática y que marca el camino del futuro: 

  • Los africanos llegaban con una postura unitaria, alcanzada meses atrás en Kenia y escrita en una Declaración de Nairobi que abogaba por un frente común que tomase decisiones importantes. Mantener eso y no ir por libre ha sido importante en el marco de las grandes negociaciones. El reto será seguir apostando por la unidad, y que los africanos sean capaces de incrementar su peso diplomático en materia climática. 
  • La Cumbre arrancó bien, con la confirmación de la puesta en marcha de un ‘Fondo para pérdidas y daños’ que ya acumula compromisos por más de 750 millones de dólares para los países, mayoritariamente en África, que con más crudeza sufren los embates del cambio climático. 
  • La decisión de la puesta en marcha de un fondo de 7.100 millones para la agricultura sostenible y la seguridad alimentaria apoyado por 152 países, que asegurará la financiación para muchos proyectos agrícolas africanos. 
  • La creación de una Alianza para la Infraestructura Verde en África con más de 175 millones de dólares para proyectos (sustentada, entre otros, por Alemania, Francia y Japón). 
  • Proyectos verdes bilaterales para varios países. Alemania y Nigeria firmaron alianzas sobre hidrógeno verde, al igual que Ruanda y Singapur. O Kenia, que anunció proyectos ecológicos de gran calado por valor de 4.500 millones de dólares. 

Pero, dicho todo esto, también es fundamental recoger, procesar y entender las críticas, especialmente desde el activismo medioambiental africano, que directamente considera que la COP28 ha sido un nuevo truco de magia de los países desarrollados, que dan solo las migajas ante el escenario que nos viene por delante y que hace falta detener. Hay activistas y portavoces de países africanos que celebran estos acuerdos, pero que recuerdan que en cada COP los países desarrollados han hecho un despliegue de promesas financieras que luego se acaba llevando el viento. 

Ya de entrada había molestado que un país productor de petróleo como los Emiratos Árabes Unidos acogiese esta Conferencia de las Partes. El artífice del acuerdo final, el Sultán Ahmed Al Jaber, es también el director ejecutivo de la empresa estatal de petróleo, la Abu Dhabi National Oil Company. Y la próxima COP, la 29, se ha anunciado que se celebrará en Bakú, capital de Azerbayán, el centro productor de petróleo del Cáucaso. Vamos de paradoja en paradoja. 

El primer día de la COP se anunció que había un acuerdo para el llamado Fondo de Pérdidas y Daños para los países en desarrollo, con la intención de que los que más sufren el impacto del cambio climático puedan disponer de fondos para realizar proyectos de mitigación. Los Emiratos anunciaron una generosa aportación de 100 millones de dólares a esta bolsa. Eso es una buena cantidad de dinero, pero ante el volumen necesario para responder a los retos que tiene África, lamento decir que son migajas. De hecho, es solo la mitad de lo que el Al Nassr, un club de futbol propiedad del Estado de los Emiratos le paga cada temporada a Cristiano Ronaldo. 

Un artículo de The Guardian, al que ya hice referencia hace un par de semanas, sacó las cuentas: En la COP28 había más personas vinculadas a las empresas petrolíferas (es decir, lobbistas) que representantes de los países vulnerables o de las ONG’s dedicadas al clima. 

Y, en otro elemento que asoma por el horizonte con preocupación, la COP también vivió la firma de un acuerdo en el que 22 países se comprometieron a triplicar la energía nuclear para el año 2050. Entre ellos, están los Estados Unidos, los propios Emiratos Árabes Unidos, Marruecos y varios países de nuestros entorno europeo, como Francia, Suecia, Rumanía, Ucrania, los Países Bajos o Polonia. Sudáfrica también trabaja ya en esta línea, aunque no figure entre los países firmantes. 

Por último, no quería cerrar esta serie de reflexiones sin aportarles un dato que fue publicado este pasado jueves, justo un día después del cierre de la COP28, y que constituye una advertencia más de la alerta ante la que estamos: en este 2024 en el que estamos a punto de entrar habrá casi 50 millones de personas que pasarán hambre en África occidental y central, es decir, en la región más próxima a nosotros. El cóctel que forman cambio climático, conflicto y los altos precios de los alimentos (guerra de Ucrania y crisis pospandémica mediante) hace que todo se vaya agravando, que tendremos un 4% más de personas en situación de hambre moderada o aguda respecto a este 2023 (año que sin duda recordaremos todos por el repunte migratorio que vivimos, especialmente a partir del mes de octubre). Más de dos de cada tres hogares de África occidental y central no pueden permitirse una dieta sana. 

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