Sobre este blog

Espacio de opinión de Canarias Ahora

El tránsito y el milenio

0

Cuando vienen mal dadas, siempre se comporta como un milenarista de libro. Antonio Nóvoa, otrora compañero de oposiciones a cátedras de instituto –así se les llamaba; él las sacó a la segunda, yo abandoné a la tercera- estaba muy nervioso. “Soñé que era un niño chico al colo de Trump, en el despacho oval y…”. Le interrumpí. “No entres en ese alambique psicoanalítico de baratillo. Tú no has soñado, ni eso ni nada. Lo que ocurre es que quieres hablar de algo inconfesable”. Pillado con las manos en el carrito de los helados, Nóvoa habló: “Verás, mi ultimo destino ha sido maléfico. Cuando estaba explicando con ardor la generación del 27, apareció Jane Birkin…”. “Ya empezamos, ¿y quién más apareció?”, volví a cortarle con la esperanza de que volviera al mundo real, pero no. “Después esa actriz colombiana pero ya muy española, Juana Acosta, y también Jessica Paré, la segunda esposa del protagonista de la serie Mad Men”.

Absolutamente harto de fantasías, me dispuse a comer donde en realidad estaba, en el café de la Iberia, en Chinchón, localidad cinematográfica sin igual. Pero como la realidad siempre supera a la ficción, se me sentó al lado un sudoroso Orson Welles, puro en ristre, con el guión de Campanadas a medianoche para preguntarme mi opinión. “¿Esto no será Medianoche en Nueva York segunda parte, claro?”. “No”, me dijo categórico Welles. “Esto es Chinchón en el siglo XXI aunque tú siempre te crees el maestro de ceremonias”. Nada más lejos de mi intención que ser maestro y menos de ceremonias. Volví a Nóvoa, todavía convulsionado por sus pesadillas: “También estaba ese señor, casi nigromante, que antes llevaba gafas, ahora usa peluca y lidera no sé qué formación política”. “Núñez”, dije. “No, Dorado o Tocado. Me recordó mis orígenes galaicos, muy cerca del río Arenteiro, y me insistió en que no debería renunciar a ellos”.

Convencido de que era imposible hablar con mi colega de oposiciones in illo tempore, volví a Chinchón pero ya era tarde: ni Welles, ni Nicholas Ray, ni Carlos Saura estaban por allí. Deambulé como pude por la plaza mayor hasta que un relente, tan repentino como cáustico, me transportó de noche a los jardines del Retiro y a una discoteca o sala de fiestas situada en ese parque: Florida Park. En su escenario, un jovial José María Íñigo presentaba un programa especial mientras esperábamos el resultado de las primeras elecciones democráticas desde 1936, más de cuarenta años de espera. Y ahora, con todos ustedes, Julio Iglesias. Así fue, apareció como siempre, amartelado consigo mismo, y sacó de los bolsillos un papel y unas gafas, para cantar una canción nueva, un estreno según dijo: “Confieso que a veces soy cuerdo y a veces loco, me gustan las mujeres, me gusta el vino”. ¿Qué podía hacer? ¿Volver a Nóvoa, regresar a la placidez escurridiza de Chinchón y su plaza mayor? Permanecí donde estaba y todo volvió a su sitio: la antigua sala de fiestas era una macrodiscoteca donde se celebraban distintas cosas a los sones del “chunda, chunda” habitual en 2025. Por allí discurrían, entre otras, las miembras de la ejecutiva de Coalición Canaria, partido sin igual en Madrid, celebrando por anticipado su congreso. También profesoras de un instituto cercano en un tránsito hacia la caverna de Platón. Y una pléyade de cincuentones largos, algunos musculosos, que se parecían todos al entrenador de fútbol Quique Flores y al actual presidente del Ateneo de Madrid, Luis Arroyo. Las chicas bailaban sin igual. Las que no eran chicas, también. Me rescató Jane Birkin: “Avec moi, en route!”. Ante la apelación a Rimbaud no pude resistirme. En route!

Sobre este blog

Espacio de opinión de Canarias Ahora

Etiquetas
stats