Voces de mala reputación: el caso del “haber” personal
La gramática tradicional ha partido siempre del dogma de que, en combinaciones como “había mucha gente” o “en esa carretera ha habido muchos accidentes”, el verbo “haber” es impersonal, es decir, rechaza sujeto léxico. Es, en concreto, el parecer de la Real Academia, que sostiene que “además de su empleo como auxiliar, el otro uso fundamental de ”haber“ es denotar la presencia o existencia de lo designado por el sustantivo que lo acompaña y que va normalmente pospuesto al verbo”. Por eso se dice que no cambia nunca de número, por mucho que el nombre que lo acompaña se encuentre en plural. Tal suposición implica que dicho nombre (mucha gente y muchos accidentes en nuestros ejemplos) funciona como complemento directo o elemento afectado por el verbo, no como sujeto o agente de él, y que haber se entiende como verbo transitivo.
Basados en este prejuicio, los puristas más furibundos no sólo ponen el grito en el cielo cada vez que se tropiezan con frases como “habían muchas gentes”, “han habido muchos accidentes” o “habíamos muchas personas en el partido” (muy frecuentes, dicho sea de paso, en el habla del pueblo llano de todo el mundo hispánico), en que el nombre funciona como sujeto y, consecuentemente, el verbo como intransitivo, sino que, además, califican sin la más mínima contemplación de inmundos analfabetos a las personas que las emplean. “Si se cometen incorrecciones tan descomunales como el han habido -escribe categóricamente en Internet un furibundo seguidor de la ortodoxia académica-, entonces está mal hablada (la lengua española), y a los que las cometen, si no se acepta llamarlos analfabetos, habrá que llamarlos cuasi analfabetos o perfectamente porque es lo que estrictamente son, y es algo que no ofrece discusión”.
¿Tienen alguna base científica estos violentos anatemas de los puristas más desbocados contra aquellos que usan el verbo “haber” como personal? ¿Se trata realmente de irredentos ignorantes? Evidentemente, no. Lo más que puede decirse de ellos es que son rebeldes a los preceptos académicos, no que sean analfabetos. Desde el punto de vista de la lengua, que es la que manda en cuestiones de lenguaje, el verbo “haber” admite tanto la construcción impersonal de la norma académica como la personal del pueblo llano, sin atentar por ello contra las leyes gramaticales. Cuando se pone el acento en el sentido de “tener”, que es el tradicional, entonces se construye como impersonal. Es lo que ocurre en el uso recomendado por los puristas y el que predomina en la lengua escrita, que ha perpetuado el uso más antiguo. Por el contrario, cuando se pone el acento en el sentido de “existir”, que es más actual, entonces se construye como personal, incluso en el caso de la forma hay (aglutinación de ha y el adverbio demostrativo antiguo y “allí”), que se ha pluralizado en no pocas normas populares del idioma en la variante “hayn”: “Hayn perros en la calle”, “Hayn cosas que no se pueden decir” y similares son frases que se oyen con relativa frecuencia en determinadas zonas del español de América.
Se trata del uso más frecuente entre los hablantes más humildes. En el primer caso, lo referido por el nombre es víctima de la acción verbal. En el segundo, es quien la lleva a cabo. A esto se reduce realmente el problema lingüístico que comentamos: a una cuestión semántica. Por eso precisamente no es lo mismo “había muchos niños”, por ejemplo, donde el nombre aparece afectado por el verbo, que “habían muchos niños”, donde el nombre afecta al verbo, por mucho que ambas frases se entiendan en sentido similar. La tendencia conservadora lleva a la burguesía a poner el acento en la acción designada por el verbo. La innovadora, al pueblo llano a ponerlo en la persona, animal o cosa designada por el nombre. No hay, por tanto, en el asunto que nos ocupa razón idiomática alguna para defenestrar el “haber” personal, como hace la Academia en su Diccionario panhispánico de dudas: «Aunque el uso personal está muy extendido en el habla informal de muchos países de América y se da también en España, especialmente entre hablantes catalanes, se debe seguir utilizando este verbo como impersonal en la lengua culta formal, de acuerdo con el uso mayoritario entre los escritores de prestigio».
La afirmación de que “habían niños” o “habíamos muchas personas en el cine”, por ejemplo, son construcciones aberrantes se basa en un prejuicio de clase, no en un principio lingüístico; un prejuicio que tantos beneficios ha reportado siempre a la burguesía, que, con su perverso concepto de prestigio, ha logrado sibilinamente que todo el mundo hable o aspire a hablar como ella; que es lo mismo que decir que haya aceptado sus puntos de vista ideológicos, culturales, económicos y sociales y su poder sobre los demás; pues todo esto implica la lengua que se habla y la manera que tienen sus hablantes de usarla.
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