“Parece mentira que en este siglo, en muchas empresas, los trabajadores no puedan decir que están afiliados a un sindicato”

Cantabria registró en 2024 un total de 7.088 accidentes de trabajo, el mayor número desde 2009. Los 11 fallecimientos ocurridos en el puesto de trabajo el pasado año son exponente de una de las máximas preocupaciones de Luis Díez, secretario general de la Federación de Industria, Construcción y Agro de UGT Cantabria: la siniestralidad laboral.
El que acaba de ser reelegido por tercera vez secretario general de la federación trabajó en la antigua Standard de Maliaño, compatibilizando su empleo con la labor sindical. Antes de llegar a la sede central del sindicato en Santander, fue responsable de la organización en Camargo y de ahí pasó a la Secretaría General de una Federación de Industria, Construcción y Agro que aglutina a unos 8.000 afiliados.
Acaba de ser reelegido secretario general por unanimidad para su tercer mandato...
... Y el último.
¿Afortunadamente o no?
[Ríe]. No, porque a uno lo vive y le gusta, pero hay que ir dando paso a la gente joven.
¿Qué objetivo se ha marcado para este último mandato?
Mi objetivo es luchar contra la siniestralidad y que la industria tenga un valor y un papel importante en la economía de Cantabria. Y, por supuesto, que los derechos laborales se cumplan.
¿Cómo ve la industria ahora comparada con la que usted conoció en el pasado?
Tristemente, se ha ido abandonando. Es un concepto que ya no existe por diversas circunstancias. No podemos pensar que Cantabria vaya a ser Benidorm por mucho que se quiera.
Se refiere al sector servicios, cada vez con más fuerza en la economía cántabra.
Es exagerado y al final la industria es el motor del sector servicios, pero el sector servicios no es motor de la industria.
Un sector que era reconocido como generador de empleos estables y con buen sueldo. ¿Qué pasa ahora?
Y había un futuro. Se decía 'o eres funcionario o trabajas en la industria' o también 'empiezas en una empresa y te jubilas en ella'. Eso, lamentablemente, se ha terminado.
¿Pero sigue teniendo su pujanza?
Afortunadamente, y los convenios siguen siendo superiores.
¿Eso puede desaparecer?
Estamos luchando para que no desaparezca, pero es complicado. El convenio en sí es una lucha. Hasta hace dos años, el sector de las conservas no se había movilizado. Está compuesto mayoritariamente por mujeres con unas condiciones laborales precarias, pero se unieron y salieron a la calle, consiguiendo un convenio mejor de lo que habitualmente se negociaba. ¿Por qué? Porque se tuvo el respaldo de todos.
Con el paso del tiempo, ¿esa conciencia de grupo entre los trabajadores ha cambiado?
Antes la idea era que, en una empresa, para que se mantengan los puestos de trabajo, para que entre gente nueva, debía haber una unanimidad. Hoy en día es más difícil, también por la política de las empresas, que pretenden dividir, porque cada trabajador tiene una historia distinta y luego la realidad marca que lo colectivo no prima tanto como lo individual. Tristemente, cuando vienen los problemas, se dan cuenta de que individualmente no se consigue lo mismo que colectivamente, que lo que a ti te prometen, luego la realidad es otra. Lo hemos comprobado en infinidad de empresas en donde hay pactos individuales.
¿El discurso de clase todavía tiene sentido?
Creo que sí. Lo que no podemos es entrar en el juego de que la clase trabajadora no tiene por qué luchar. En la época de bonanza hay trabajadores que dicen ser clase media, pero eres un obrero, un trabajador y, claro, cuando llegó la crisis [de 2008] se plasmó en situaciones personales muy angustiosas.
¿La crisis económica devuelve a cada uno a su lugar?
Absolutamente. A mucha gente le cogió con el paso cambiado.
¿Esa mentalidad sigue existiendo?
Algo se enmendó, pero no lo suficiente como para que todos tengan la conciencia de ser trabajadores y estar orgullosos de ello. La clase trabajadora es la que mueve la industria.
¿Cuántos empleos tiene el sector en Cantabria?
En el metal hay 20.000, pero está la química, la alimentaria... Y luego está la construcción.
¿Son compartimentos estancos o hay concomitancias?
Están relacionados. Los aranceles, por ejemplo, repercuten en todos.
¿Cómo cree que va a repercutir la política arancelaria de Estados Unidos en la industria de Cantabria?
Es preocupante porque, si sigue como está, nos va a afectar. De entrada, hay que ver qué va a pasar con la inflación. No solo afectará a la industria, sino a la química, a la construcción. Los productos se encarecerán y eso afectará a la exportación, que se va a resentir. En Cantabria, hay bastantes empresas de componentes automovilísticos. Si no se venden vehículos, la producción va a verse reducida, pero ya lo iremos viendo porque cada día hay una situación nueva.
Pero la expectativa de España es de crecimiento. ¿Eso no tendría que ser un acicate?
Todavía no se ven consecuencias, pero hay que ir avisando y ser conscientes de lo que pueda ocurrir. Durante la pandemia funcionaron muy bien los ERTE...
¿Cómo es la relación actual del sindicato con el Gobierno de Cantabria?
Correcta. Lo único que siempre pedimos es una apuesta mayor por la industria y que, si hay una inversión, que se haga un seguimiento de esa inversión para que no se dedique a otras cosas, que sirva para el mantenimiento a futuro de la empresa y no para pagar despidos.
Pedimos una apuesta mayor por la industria y que, si hay una inversión, que se haga un seguimiento de esa inversión para que no se dedique a otras cosas
¿La industria cántabra está dopada con dinero público?
Es una ayuda, pero por eso hay que ser consciente de dónde se mete el dinero y a dónde va.
¿Hay alguna inversión pasada cuyo fin no fuera el que tenía que ser?
Siempre queda la duda de que sí. No voy a mencionar empresas, pero a veces la realidad de la planta no acompaña con las inversiones públicas. A veces hacen ingeniería financiera de manera que cuando llega el problema ya está todo decidido, sobre todo cuando las decisiones se toman fuera de España. Cuando no hay una vinculación de la empresa con el territorio, llegan decisiones ya tomadas y sin posibilidad de maniobra.
Ustedes reivindican un Plan Industrial para Cantabria. ¿Cómo tendría que ser dicho plan?
Tenemos el ejemplo de la pandemia. Cuando surgió, vimos que dependíamos de forma exagerada del exterior. Todo era importar, importar, importar. Lo que hay que hacer es marcar industria estratégica, invertir en innovación, pero no irlo dejando. No se ha aprendido mucho con la pandemia: seguimos teniendo los mismos defectos.
¿Cree que Cantabria es atractiva para atraer empresas de gran porte?
Cantabria es una comunidad pequeña con puerto, aeropuerto, autovías... pero los gobiernos, tanto regional como nacional, han de apostar para que Cantabria sea receptora de empresas, y empresas grandes, y que no dependa del vaivén político, sino que sea una apuesta estratégica, gobierne quien gobierne.
Los gobiernos, tanto regional como nacional, han de apostar para que Cantabria sea receptora de empresas, y empresas grandes, y que no dependa del vaivén político
¿Qué opina del proyecto de Centro de Datos que se quiere implantar en Piélagos y Villaescusa, y la nueva planta de biomasa de Solvay?
Todo eso está muy bien, pero hay que ver cómo se plasma sobre el terreno. Todo lo que sea generar puestos de trabajo y dar PIB a la comunidad es bueno.
¿En qué estado se encuentra la construcción?
Es un sector que ha evolucionado mucho tanto en esfuerzo físico como en seguridad. Se está invirtiendo sobre todo en rehabilitación, aunque hay obra nueva, poca, pero la hay. Se nota también que ha habido falta de inversión de mantenimiento en obra pública como las carreteras. Pero el principal problema es la falta de mano de obra cualificada. Se hace mucha formación y se intenta atraer a jóvenes y mujeres, porque es un sector donde la mano de obra femenina es muy escasa.
¿Cuáles son los principales problemas que tienen los trabajadores de la construcción ahora mismo?
Vienen a ser como en cualquier otro sector. La construcción tiene un convenio sectorial que es de los más avanzados en seguridad, cuenta con un plan de pensiones y las condiciones, aunque siempre mejorables, por ejemplo en horarios, han avanzado muchísimo. Siempre hay 'piratas', pero como puede haberlos en otros sectores.
¿Quiénes son 'piratas'?
Empresarios que no cumplen las condiciones pactadas.
Y luego está la siniestralidad, que, según las declaraciones de su último congreso, les preocupa mucho. ¿Qué se puede hacer al respecto?
Sí, realmente no se toma en serio. El año pasado hubo 11 fallecidos en Cantabria e infinidad de accidentes, lo que es una barbaridad. Esta es tarea de todos, desde los trabajadores a la Administración, pasando por las empresas. A la Inspección de Trabajo tienen que darle más medios y personal. No puede ser que se ponga un aviso en la Inspección y que cuando llegue ya haya acabado la obra. Los empresarios tienen que tomarse en serio que invertir en prevención no es tirar el dinero. No se conciencia de que es una lacra. Las víctimas no son un mero número, no nos concienciamos del drama familiar que acarrea que una persona salga de casa para ir a trabajar y no vuelva.
Las víctimas no son un mero número, no nos concienciamos del drama familiar que acarrea que una persona salga de casa para ir a trabajar y no vuelva
¿No son conscientes los empresarios de eso?
Muchos, no.
¿Cómo es el empresariado de estos sectores?
Volvemos a lo de siempre. El de la construcción, en líneas generales, es sano, cumple y quiere hacer cumplir; y luego están los 'piratas', contra los que también luchan las empresas porque son una competencia desleal...
¿Y la economía sumergida?
Muchos autónomos no están dados de alta. Aquí han venido trabajadores a los que han echado y no estaban dados de alta. Esa es una lacra que hay que erradicar porque parece mentira que en este siglo, en muchas empresas, los trabajadores no puedan decir que están afiliados a un sindicato. En el momento en que el empresario oye la palabra 'sindicato' van a la calle. Hay empresas en las que no se puede hacer unas elecciones sindicales y no hay representación. Pero eso es por el miedo.
Hay empresas en las que, en el momento en que el empresario oye la palabra 'sindicato', van a la calle
Porque no aparecen candidatos, imagino.
Hay miedo de los trabajadores a ser candidatos o promover algo porque van a ser despedidos. Tienen miedo a las represalias. En una empresa con representación se cumplen más los convenios y la normativa que en las que no hay.
¿Es algo generalizado o excepcional?
Lamentablemente, hay mucho, en pequeñas y medianas empresas.
¿Y qué respuesta cabe darles desde el sindicato?
Les atendemos, les asesoramos..., pero hay ciertas demandas que han de ser individuales y hay miedo, miedo que es entendible porque al final se juegan el puesto de trabajo.
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