Este blog pretende transmitir reflexiones sobre música, literatura, arte, pensamiento y cultura en general, sin eludir la dimensión política. Trata de analizar la realidad, especialmente cuando, como ocurre con frecuencia, supera la ficción.
Las amenazas a la sociedad abierta

Uno de los libros que leí con interés durante la reclusión obligada por la pandemia fue La sociedad abierta y sus enemigos, escrito con agudeza intelectual, impresionante erudición y cristalina claridad expositiva por Karl Raimund Popper, y publicado en 1945. Analiza en él históricamente las diversas teorías políticas para rebatir la defensa de la razón de Estado y la tiranía que hicieron Platón, Aristóteles o Hegel, y el determinismo histórico común a ideologías como el fascismo y el marxismo, que él denomina “historicismo”.
La agitada situación política internacional en la actualidad, especialmente el protagonismo de claros enemigos de lo que Popper llama “sociedad abierta”, como Trump, Putin, Netanyahu y otros, me ha hecho volver sobre las esclarecedoras páginas de esa obra. Popper intenta demostrar que nuestra civilización no se ha recuperado por completo de la transición de una sociedad tribal o “cerrada”, sometida a las reglas mágicas, a la “sociedad abierta”, que “pone en libertad las facultades críticas del hombre”.
Al analizar el pensamiento de un gran enemigo de la sociedad abierta como Aristóteles, Popper recuerda palabras del filósofo que hoy son escandalosas desde una perspectiva democrática: “Algunos hombres son libres por naturaleza y otros esclavos, y para estos últimos la esclavitud es tan oportuna como justa”. Sin embargo, el trato que da hoy el Estado de Israel a los habitantes de Gaza, a los que somete a una guerra de exterminio, o las expulsiones exprés de inmigrantes que practica Trump, contra resoluciones judiciales, no están muy lejos de este principio antidemocrático. “El esclavo se halla enteramente desprovisto de toda facultad de raciocinio, en tanto que las mujeres libres la tienen en muy escaso grado”, escribió Aristóteles. Dudo de que Trump se atreviese a hacer una afirmación parecida, pero su batalla contra las políticas de igualdad es una resistencia activa a admitir que hombres y mujeres deben tener la misma consideración.
Popper, que había nacido en Viena en una familia de origen judío, escribió esta obra en Nueva Zelanda, adonde se exilió huyendo del nazismo. Por eso sus principales referencias como enemigos de la sociedad abierta son el estalinismo y el fascismo. Hoy en día la situación es bastante diferente, porque los líderes autoritarios muestran formas políticas muy distintas. En los años cuarenta del siglo XX tanto el fascismo como el estalinismo propugnaban políticas sociales activas. Hoy las figuras del nuevo autoritarismo, como Putin o Trump, son representantes de una nueva plutocracia que pretende controlar todos los poderes del Estado.
Popper critica duramente la utopía de Marx de que el Estado debería desaparecer en una sociedad sin clases: “Su ingenua presunción de que en una sociedad sin clases el poder del Estado habría de perder su función ‘marchitándose’ muestra bien a las claras que Marx nunca captó la paradoja de la libertad y que tampoco comprendió la función que el poder estatal debía y podía cumplir, al servicio de la libertad y la humanidad”. Así, Popper se alinea con el realismo de la socialdemocracia frente al utopismo comunista. “El poder político lo es todo. No debemos permitir que el poder económico domine al político”, dice. El problema surge entonces cuando, como ocurre en Estados Unidos o en Rusia, es justo eso lo que está ocurriendo.
¿Cuál es entonces la salida? Popper siempre invoca la libertad como principio básico: “La seguridad solo puede estar segura bajo el imperio de la libertad”. Pero Putin envenena a sus opositores, controla el sistema electoral y los medios de comunicación e invade países vecinos. Y Trump está atacando en estos momentos la igualdad, si bien ya dejó bien claro al final de su anterior mandato que estaba dispuesto también a falsear los resultados electorales y a animar un golpe de Estado para perpetuarse en el poder. Popper cree que hay que idear instituciones “capaces de impedir que los malos gobernantes hagan demasiado daño”, si bien admite que no se ha demostrado que la libertad pueda preservarse ni cómo. Por desgracia, los objetivos de la Revolución Francesa, libertad, igualdad y fraternidad, están aún lejos de imponerse en la mayor parte de los países del mundo. Conviene no olvidar que hay que luchar cada día por ellos.
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