Los beneficios de incluir los champiñones en tus platos para mejorar e hidratar la piel

La despensa y la nevera son fuentes inagotables de productos de belleza naturales. Existen un sinfín de aceites, frutas, verduras, harinas y lácteos con numerosas propiedades para el mantenimiento y la salud de la piel y el cabello. Entre los ingredientes habituales de la gastronomía mediterránea cabe destacar el champiñón común, que, pese a que muchos lo consideran una verdura porque en esta sección lo solemos encontrar en el súper, lo cierto es que no lo es: es un hongo, ya que carece de clorofila y, por lo tanto, no puede ser definido como un vegetal.
“Son un excelente nutriente para nuestro organismo, contienen múltiples vitaminas del grupo B, C y D, proteínas y fibra”, explica Estrella Pujol, nutricionista en Oxígen (Barcelona). Esta licenciada en enfermería subraya que se trata de “un alimento rico en fósforo (115 mg), zinc (0,1 mg), potasio (470 mg), selenio (9 mg), yodo y calcio (9 mg), así como con una gran cantidad de antioxidantes como polifenoles, flavonoides y vitamina C, que promueven la oxigenación celular y combaten los radicales libres, responsables del envejecimiento prematuro”.
Pujol asegura que, debido a su poder depurativo, comer champiñones ayuda a mejorar la salud de la piel, ya que aporta luminosidad y uniformidad cutánea. “Se componen de una gran cantidad de agua, por lo que poseen un gran efecto hidratante para la piel, pero además su aporte en selenio y cobre resulta esencial para la producción de colágeno, lo que permite mantener la piel nutrida, firme y tersa”. Y añade: “También hay que tener en cuenta su contenido en vitamina D, un compuesto que además de estimular la producción de colágeno favorece el proceso de cicatrización y ayuda a combatir problemas como el acné”.
Múltiples beneficios para la salud
Pero esto no es todo: el champiñón tiene otros muchos beneficios para la salud. Debido a su composición de ergotioneína (aminoácido natural), es un potente antioxidante que ayuda en la protección de las células frente a los radicales libres, responsables del envejecimiento celular. Además, su gran aporte en betaglucanos, fibras fermentables, mantiene los índices normales de colesterol en la sangre y mejora la calidad del microbioma. El Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBIS) en colaboración con grupos de investigación de Serbia, Italia, Reino Unido y Francia, ha demostrado que la ergotioneína contribuye a la prolongación de un estado saludable de los animales que envejecen.
Por otro lado, un estudio publicado en International Journal and Food Sciencies, señala que su bajo índice glucémico lo convierte en un ingrediente básico en la dieta para personas diabéticas, ya que ayuda a controlar los niveles de glucosa en sangre y a evitar así las rápidas subidas de azúcar. Los investigadores afirman que alimentar con champiñones a ratones produjo un cambio en la composición de la sangre y en los microbios intestinales, produciendo más ácidos grasos.
Según Pujol, comer champiñones también puede ayudar en la prevención de la caída del cabello y estimular su crecimiento: “Esto se debe a su contenido de vitamina B1 y su alto valor mineral en selenio, yodo, cobre y zinc, que además de combatir la caída y fortalecer la fibra capilar, impulsan la síntesis de la queratina y el colágeno, previniendo el envejecimiento capilar”.
Por otro lado, su gran aporte en ácido fólico, conocido también como vitamina B9, es fundamental para prevenir enfermedades degenerativas. “Este nutriente, en realidad, lo deberíamos incluir todos en la dieta, pero se recomienda especialmente a mujeres embarazadas para evitar anomalías congénitas como la espina bífida”, señala la experta.
Otra de las propiedades de este alimento nutritivo es su alto valor proteico, superior a la media vegetal. Unos 100 gramos nos aportan 4 gramos de proteína, por ello es un producto clave en dietas vegetarianas y veganas. Por último, el champiñón destaca también por su bajo aporte calórico y su gran contenido en fibra. “Los champiñones son saciantes y no aportan apenas calorías”, argumenta la nutricionista.
¿Cuáles son los más indicados a la hora de comprar?
Aunque los champiñones se pueden encontrar en el mercado durante todo el año, son los meses de primavera los más propicios para su consumo. Podemos elegir entre numerosas variedades: los hay de tonalidad ocre, rosa... pero los más populares son los de color blanco.
A la hora de seleccionarlos es importante tener en cuenta su aspecto, su frescura y su olor natural a tierra. Si presentan manchas negras o un aspecto marchito, significa que no están aptos para consumir. Y es que se trata de un alimento con un alto grado de caducidad, ya que pierde sus propiedades rápidamente.
Se conservan en buenas condiciones muy pocos días, debido a que solamente contienen compuestos naturales y carecen de conservantes y aditivos. Para evitar su deterioro, se aconseja elegir champiñones de aspecto limpio, sin manchas y con tacto compacto. Se deben consumir preferentemente el primer o el segundo día de haberlos comprado. Una alternativa es adquirir champiñones congelados, así nos aseguramos su buen estado.
Y ahora que conocemos sus propiedades, solo queda disfrutar de ellos de múltiples formas: crudos en ensaladas, salteados con perejil y ajo, al vapor con verduras, en tortilla, en sopas, en guisos, como guarnición… Antes de cocinarlos, hay que lavarlos y secarlos cuidadosamente para retirar el exceso de humedad. No se deben dejar nunca en agua, ya que al tratarse de un producto fresco la absorbe y pierde su singular sabor y textura. La nutricionista Pujol propone tomarlos “como acompañamiento de una pieza proteica de carne o pescado, para formar un plato completo con todos los nutrientes necesarios, pero también se pueden convertir en un primer plato, cocinándolos con ajo y perejil. Lo cierto, es que es un alimento muy versátil”, concluye.
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