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Un reto de confinamiento extremo: La grabación de 7000 CD de canto gregoriano

EFE

Madrid —

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Los días pueden parecer semanas y las semanas, horas. Esa es la enseñanza del canto gregoriano, una “oscilación eterna” que reafirma y cancela el tiempo a la vez y que unas monjas de clausura han accedido a grabar durante tres años con el resultado de 7.000 discos que se pondrán a disposición de todos.

El español Enrique Valverde es el director de la discográfica de música clásica Odradek Records, que ha emprendido así una tarea incomparable porque hasta ahora la música más extensa grabada nunca era la de Mozart, y “solo” tiene 240 horas (200 CD), seguido de Vivaldi, con 235 horas, y Bach, 175 horas.

Sumada toda la música grabada de los compositores más prolíficos de la historia, recuerda Valverde en una entrevista con EFE, hacen un total de 1.814 CD, lo que da idea de una hazaña que supondrá entre 6.750 y 8.750 horas de música.

El dueño de la discográfica, el estadounidense John Anderson, residente en Italia, llevaba ocho años detrás de las monjas del convento de clausura benedictino francés de Notre-Dame de Fidelité de Jouques, donde profesa una tía suya, para que grabaran su música pero no fue hasta el año pasado cuando, finalmente, accedieron.

Las monjas, “unas expertas en confinamiento al ritmo del 'ora et labora', que ahora rezan por todos para salir del coronavirus”, dedican ocho horas diarias a este rezo que ellas cantan íntegramente en latín y tardan un ciclo de tres años en dar toda la vuelta a un repertorio que nació hace cerca de 1.300 años.

El gregoriano, describe, “tiene un sentido peculiar del tempo musical y del tiempo en general: los días van pasando en la música con muchas repeticiones pero con diferencias sutiles, una oscilación eterna, una suspensión que reafirma y cancela el tiempo a la vez”.

La mayor dificultad para convencer a las hermanas del convento, situado en la Provenza francesa y en el que profesan 45 mujeres de entre 22 y 85 años, fue establecer un mecanismo que respetara totalmente su clausura.

La idea original del proyecto Neumz, que así se llama, era hacerlo en Benín (África) porque allí tienen un monasterio, pero desistieron porque era muy complicado: “hay muchos cortes de luz, mucho calor y robos”, resume Valverde.

Así que hace un año se fueron a Francia, colgaron a 20 metros del suelo ocho micrófonos “Sennheiser”, conectados a una grabadora “Zoom F8” que guarda el audio en tarjetas SD y que ellas suben cada noche desde el ordenador que tienen en la sacristía y en el que también les han instalado un canal de chat -Slack- para comunicarse cuando es preciso.

“Solo tienen que darle a un botón cuando entran a la iglesia para activar el sistema y apagarlo cuando se marchan”.

Nunca alteran una rutina que empieza a las 04:30, cuando se levantan, de forma que si un día se estropease el sistema o ocurriera algún imprevisto habría que esperar otro ciclo entero para grabar la música de esa jornada.

“Están colaborando con nosotros con gran entusiasmo y les encanta el proyecto. No han cometido ni un solo error con las grabaciones”, alaba Valverde.

La grabación diaria le llega a un técnico de sonido que está en Pescara (Italia), la mezcla y la masteriza, haciendo los cortes indicados por los dos expertos en canto gregoriano que coordinan este proyecto desde Francia, Alberto Díaz-Blanco y Dominique Crochu.

Todos los interesados podrán escuchar a partir de junio en una web los cantos del día, como si fuera una radio, y habrá otra parte para suscriptores que quieran acceder a la biblioteca.

Dos tercios de la recaudación será para las monjas, para sus fines y misiones en Benín y un tercio para cubrir los costes del proyecto: “esto no se ha hecho nunca porque no hay dinero detrás y porque es un trabajo enorme”, admite Valverde.

El “arquitecto” del proyecto, el catedrático de Lengua, Cultura y Civilización Hispánicas Alberto Díaz-Blanco, dueño de la segunda colección más importante de gregoriano del mundo, coincide en declaraciones a EFE en que “esto es una locura que requiere mucho tiempo y dinero” pero está seguro “de que no dejará a nadie indiferente”.

“Es una invitación a ver el tiempo de otra manera. Ahora que vivimos confinados este proyecto se invita a reflexionar a conectarnos con nuestra esencia y descubrir lo que somos”, subraya Díaz-Blanco, que lamenta que haya tan pocos monasterios en el mundo que cultiven este canto y que lo hagan íntegramente en latín como hacen ellas.

De las monjas alaba su “legato”, su cuidadosa declamación y que cantan “con una gran unción”, algo fundamental en la regla de San Benito porque la mente debe estar en concordancia con el espíritu: “cuando consigues el cien por cien hay una transfiguración”.

El canto gregoriano, afirma, “es una tradición de meditación de la palabra, una declamación inteligente de la Palabra Divina. Es canto hermano del de las mezquitas y el de las sinagogas, con una carga espiritual que nos transfigura y conecta con nuestra esencia”.

“Este no es un proyecto humano. Solo es posible gracias a la providencia”, añade.

Concha Barrigós