Ningún diseño es “inocente” o cómo las instituciones nos hablan a través de sus carteles

El diseño de las ciudades comunica y tiene una intención ideológica. Dónde se coloca un banco, se planta un árbol o se construye un edificio forma parte de la política urbanística de una institución. Ocurre lo mismo con lo que a priori parecen meros objetos decorativos y tienen más subtexto que muchos eslóganes. Como los carteles que anuncian unas verbenas de barrio, por ejemplo. Los de la próxima celebración de La Mercè, patrona de Barcelona, han causado sensación por su cuidado diseño pero también por lo que representan más allá de colores y formas.

David de las Heras es el brazo ejecutor de las ilustraciones, que muestran a tres generaciones de mujeres observando los fuegos artificiales. “Quise bajar el diseño a la ciudad y hacer un retrato costumbrista, aunque odio esa palabra”, dice en una entrevista con elDiario.es.

Es natural de Euskadi, pero ha vivido muchos años en Barcelona y La Mercè no le es ajena, aunque también le recuerda a las fiestas bilbaínas donde veía los fuegos de niño con la espalda apoyada sobre sus padres: “Quise extrapolar la idea de fiesta compartida con los seres queridos”.

Aunque la inspiración de un artista tiene mucho que ver con sus antecedentes, De las Heras no niega que su dibujo comunique otros valores. “Intento ser lo más comprometido que puedo en mis diseños. Tengo unos principios innegociables a la hora de crear”, asegura. En este caso, que aparezcan tres mujeres no es una casualidad. “Sería raro que fuesen hombres siendo La Mercè la celebración de una virgen, pero a veces también pienso que estoy ilustrando a mujeres siendo yo un hombre, aunque creo saber cuál es mi lugar”, admite sobre sus contradicciones.

Para las campañas institucionales debe haber una sintonía entre el ilustrador y los encargados del diseño gráfico de la ciudad. La de David de las Heras y Nacho Padilla, director creativo del Ayuntamiento de Barcelona, fue total. “Cualquier mensaje que lances nunca va a ser inocente o inofensivo, todo tiene una visión cultural detrás”, asegura el último.

Padilla es la cabeza pensante de la campaña de La Mercè y también lo fue del San Isidro de 2018, con Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid, y cuyos carteles –diseñados por Mercedes DeBellard– todavía son recordados como los más bonitos que ha tenido el patrón de la capital en los últimos años.

“Hay puntos de conexión entre ambas, por la estética y por haber sabido tocar la misma tecla”, asegura el director creativo madrileño. “Este tipo de fiestas cosen la vida y las generaciones a lo largo del tiempo, porque las han vivido tu madre, tu abuela y la vivirán tus hijos”, compara. El responsable del arte público tiene muy claro que quien acometa el encargo debe saber a quién se dirige y dónde está trabajando. “No tiene que ser un ejercicio artístico, tiene que hablar de quiénes somos, quiénes queremos ser y apelar a cualquier ciudadano, piense como piense y sienta lo que sienta”, aclara.

David de las Heras coincide con él y recuerda que, antes de llegar los ilustradores a la administración pública, se encargaban las campañas a artistas que no son diseñadores. “Hacían carteles que no cumplían la función del cartel”, precisa. “Su obra puede ser muy buena y reconocida, pero no funciona porque hay que tener en cuenta al público. Es algo innegociable, es una imagen que van a ver cientos de miles de personas, tiene que ser comprensible y utilizar símbolos colectivos”, explica.

Aun así, siempre hay un espacio para imaginar a lo grande y diseñar una ciudad mejor. Estas ilustraciones a veces son toda una declaración de intenciones. “No solo me gusta que mi arte transmita valores, es algo importante”, concede Rocío Cañero, ilustradora y encargada del cartel de los Carnavales del Ayuntamiento de Madrid en 2019. Reconoce que trabajando para instituciones siente “más presión”: “Sabes que tu trabajo, para bien y para mal, va a estar expuesto a los ojos de la ciudad. El feedback que recibes es inmediato y viene desde cualquier vecino o vecina”, explica.

Dibujando la ciudad deseada

Nacho Padilla cuenta que el diseño creativo de una institución se aborda en una reunión anual. Ahí también se decide a qué celebraciones, hitos o campañas se les va a dar más relevancia y a cuáles menos. “Cuando me fui de Madrid, el Ayuntamiento decidió hacer campañas del 12 de octubre que antes no se habían hecho, o que la del 8M tuviera otro tono”, menciona como ejemplos de “editorialización”, algo parecido a lo que ocurre en los periódicos.

Ada Colau presentó el pasado jueves el cartel de La Mercè acompañada por David de las Heras y por la cineasta Carla Simón, y también estaba mandando un mensaje. Por un lado, transmitió que es un festejo importante para el consistorio y que las ilustraciones de David serían su carta de presentación. Por el otro, que no es un diseño dejado al azar.

“Para mí todo tiene que ver con el pan y las rosas. La belleza y la cultura forman parte de nuestro paisaje y la administración tiene mucha responsabilidad en ello”, dice Nacho Padilla, para el que estas campañas tienen un fin último: dignificar el espacio público. “Aunque haya gente que lo quiera negar”, el director creativo cree que cualquier diseño “lanza mensajes en una nube de conceptos” y transforma el espacio urbano. Para él, este arte sí es política, “pero no en su sentido sucio” ni partidista.

Uno de los valores a los que se refería David de las Heras es el cuidado por la naturaleza, algo que intenta repetir en toda su obra. Por eso su gran línea roja sería colaborar para algún proyecto taurino o que venda el maltrato animal. “Nunca lo haría. En mi vida”, asegura. “Siempre he pensado que dice más de mi trabajo y de mi persona los proyectos que he rechazado que los que he sacado adelante”, coincide la ilustradora Rocío Cañero. “Como dice Rosalía, yo mi lealtad nunca la pierdo, ni por el dinero”.

En los carteles de La Mercè, de forma muy sutil, De las Heras ha incluido estos ideales. “Ademas de aparecer esas mujeres gigantes que superan incluso a la Sagrada Familia, hay unas aves y unas flores que por escala son más importantes que otros conceptos en el diseño”, desvela.

Rocío Cañero también aprovecha estos espacios para incluir guiños más o menos enmascarados. “Hay mucha simbología en mis dibujos y, siempre que puedo me expreso a través de la figura de la mujer, a las que transformo en protagonistas. Hace casi una década, mucho antes del body positive, puse un culo con toda su naturalidad y su celulitis en la portada de una revista”, ejemplifica. “N solo me gano la vida con mi trabajo, también intento promover unos valores”, algo que a veces también buscan las instituciones. Para ella, es clave la “visión prodigiosa” de Nacho Padilla, con quien colaboró en 2019.

Por ejemplo, en la campaña de San Isidro de DeBellard, Padilla cuenta que intentaron llevar a 2018 “una tradición que se había vuelto un poco casposa y rancia”. “La revestimos de contemporaneidad, era un San Isidro feminista y Mercedes incluso metió el símbolo del veganismo en los carteles”, recuerda el director creativo. Pero a la vez fue una campaña muy transversal y hasta gente del PP del Ayuntamiento la tiene colgada en sus casas. Por el contrario, la última campaña de San Isidro tiene un diseño mucho más conservador, que apela a Goya y destaca la imagen típica del chulapo y la chulapa.

Padilla dice no tener un truco para que un proyecto funcione bien, pero con algunos se lo huele de antemano. Distingue entre dos tipos de campaña: “Unas que dan un servicio público y te recuerdan que tienes que pagar el IBI, se abre el plazo de los colegios o que te vacunes; y otras más simbólicas, de fiestas, en las que puedes hacer más hincapié en temas como el feminismo o el ecologismo, y donde los artistas pueden sacar su creatividad”. Estas últimas también están más sujetas a críticas.

“Estaba preparado para que dijesen cosas malas sobre el cartel de La Mercè. Al final las críticas no tienen que ver con el grafismo, el diseño o la ilustración, sino que son la excusa para arrojar opiniones personales”, concluye. El director creativo del Ayuntamiento de Barcelona cree que es un soporte donde merece la pena arriesgarse, a pesar de todo: “La estética nutre la propia fiesta y esos carteles se convierten en imágenes recurrentes para las generaciones posteriores”.