Cuatro pistas para entender por qué Ruiz Zafón es una máquina de best sellers

Muchos ya han marcado el jueves de la tercera semana de noviembre en sus calendarios. Ese día saldrá el cuarto libro de una tetralogía que empezó el 14 de mayo de 2001. Es decir que hace quince años que empezó la fiebre zafoniana.

Los que descubrieron en La sombra del viento una lectura apasionante en plena adolescencia hoy tienen ya treinta años, y los que lo hicieron a esa edad se acercan ahora a los cincuenta. Por entonces, en nuestros cines empezaba el reinado audiovisual de El señor de los anillos, mientras los Oscar premiaban a Ridley Scott. Faltaba poco para que el mundo cambiase el 11 de septiembre. 

En mayo de aquel año salió a la venta el primer libro de la saga de El cementerio de los libros olvidados. Sergio Vila-Sanjuán decía en La Vanguardia que la novela anunciaba “un fenómeno de la literatura popular española”. “Todos los que disfruten con novelas terroríficas, eróticas, conmovedoras, trágicas y de suspense, deben apresurarse a la librería más cercana y apoderarse de un ejemplar”, aseguraba el Washington Post, mientras que The New York Times doblaba la apuesta con un “como si García Márquez, Umberto Eco y Jorge Luis Borges se fundieran en un maravilloso y desbordante espectáculo”. Buena cuenta  de ello dan las insistentes frases publicitarias de cualquier edición del libro, no sea que al lector se le olvide qué está comprando.

Nacía un fenómeno que a día de hoy ha llegado a más de 40 países y 25 millones de lectores. Números difíciles de asimilar que para un gigante como Planeta resultan de lo más rentables. Tanto como para que su precuela, en las librerías desde el 17 de abril 2008, se anunciase a bombo y platillo con una de las mayores tiradas iniciales de la historia del sello: un millón de ejemplares desde el primer día, que ampliarían en 400.000 pocas semanas después. Una jugada que se repitió en la tercera entrega, El prisionero del cielo, con otro millón más el 17 de noviembre de 2011

Es cierto que resulta muy complejo analizar un fenómeno de tales envergaduras. Pero es innegable que Ruiz Zafón ha conseguido conectar con millones de lectores y actualmente es uno de los nombres fundamentales para entender la literatura en castellano y su proyección internacional.

No se sabe mucho sobre el desenlace de la saga, que lleva por nombre El laberinto de los espíritus, pero no se espera que las cosas cambien radicalmente. El propio autor decía que a él apenas le había cambiado el boom de su primera novela para adultos. “El éxito no te cambia la vida. Lo que escribes, sí”, decía a Care Santos en 2004. 

Raíces en la literatura juvenil

Antes de ser un autor superventas, Zafón empezó, como muchos otros, presentando sus libretos a premios literarios. Así se hizo, por ejemplo, con el Premio edebé de literatura juvenil con El príncipe de la niebla, su primera novela allá por 1993. En la misma casa le siguieron en años posteriores El palacio de medianoche y Luces de septiembre. Historias semejantes protagonizadas por jóvenes que tenían que desentrañar misterios con elementos fantásticos y que se recopilaron y rebautizaron juntas bajo el nombre de La trilogía de la niebla.

En 1999 se les sumó Marina, la más compleja de las novelas juveniles del autor. Las cuatro, antes del éxito sobrevenido, eran obras que estaban lejos de ser best sellers vendidos bajo una campaña de marketing centrada en sus primeros meses de vida en las librerías. Lo que sí eran es efectivos y elegantes page turners que embaucaban a lectores de todo tipo. Libros de aventuras y fantasía de lectura ágil, tocadas por pinceladas de oscurantismo y tragedia.

Mundos, en definitiva, en los que el autor perfiló un estilo propio tan pegadizo como variado, acercándose a lectores sea cual fuere su bagaje. Muchos de estos libros, de hecho, se recomiendan hoy en los institutos de nuestro país. No en vano si uno busca El príncipe de la niebla en Google, la mayoría de resultados son resúmenes y trabajos escolares de la obra en portales como rincondelvago.com.

Barcelona gótica

Con la publicación de la edición conmemorativa de La sombra del viento, el autor desvelaba un pequeño secreto bien guardado. La popular foto de Francesc Catalá-Roca utilizada para ilustrar la portada de su mayor éxito está tomada en Madrid. “Esa farola no puede ser Barcelona”, dijo el autor. Hasta tal punto se conoce Ruiz Zafón la ciudad que ambienta sus libros más famosos.

El autor nació en la capital catalana en 1964. Creció educado en un colegio de jesuitas de Sarrià y vivió allí trabajando en el mundo de la publicidad la mayor parte de su vida. Para cuando se marchó a Los Angeles, la ciudad ya le había marcado profundamente. “Esta ciudad es bruja, sabe usted, Daniel? Se le mete a uno en la piel y le roba a uno el alma sin que uno se dé ni cuenta”, expresaba él mismo en boca de uno de sus personajes más memorables, Fermín Romero de Torres.

Barcelona es el escenario en el que se desarrolla toda la saga de El cementerio de los libros olvidados. El retrato gótico de sus calles y las neblinosas descripciones de sus ambientes han ofrecido uno de las más populares ambientaciones literarias de los últimos años. De hecho, se organizan rutas que recorren los sitios más emblemáticos de las aventuras en las novelas. La metrópoli que le vio nacer es una clave para entender su obra pero también uno de los pilares, gracias a sus románticas descripciones, más reconocibles de su éxito.

Sin adaptaciones en la era de la imagen

Pocos son los libros que después de vender millones de ejemplares sigan sin una adaptación en la pequeña o la gran pantalla. Por ejemplo, este año también se celebra el aniversario de otro superventas escrito por un español y cuya adaptación está al caer. La catedral del mar de Idelfonso Falcones cumple un decenio transformándose en una coproducción de Atresmedia con Netflix que, según afirmaba su director, Jordi Prades, “es de las series más caras que se han hecho hasta ahora en España”.

Adaptar algo que ya ha sido un éxito en otro ámbito suele ser una de las técnicas más utilizadas de la industria audiovisual pero ninguna miel ha tentado a Ruiz Zafón. El escritor sigue defendiendo que su saga no se llevará al cine. “Me lo han propuesto en numerosas ocasiones, prácticamente cada semana”, contaba el autor en la Feria del Libro de Guadalajara en 2004. “Por una vez, está bien que el libro se quede como está y no se convierta en una película”, defendía.

Y eso que sus novelas se han descrito, en multitud de ocasiones, como propias del séptimo arte. “La sombra del viento tiene, en algunos de sus pasajes, una clarísima vocación de guión cinematográfico”, afirma el doctor en literatura Eduardo Ruiz Tosaus en uno de sus artículos sobre la obra.

“Por ejemplo, es especialmente curioso el recurso de introducir otras voces que se convierten en narradoras principales. De buenas a primeras la narración se interrumpe y emergen -en algunas ocasiones no se sabe bien de dónde- textos impresos en una tipografía diferente con información fundamental para el desarrollo de la novela”, dice el doctor. Ni tampoco “son desdeñables ciertos guiños que el escritor realiza a grandes obras del cinematógrafo como Ciudadano Kane, de Orson Welles”, afirma Tosaus.

Esto, que parece baladí, ofrece sin embargo algo semejante a la exclusividad publicitaria deseada por cualquier editor: las historias de Ruiz Zafón solo se pueden descubrir en negro sobre blanco. No puedes esperar a que salga la película, así que toca comprar su libro.

Pesimismo optimista e identificación

“Siempre he pensado que una de las razones del éxito de Carlos Ruiz Zafón radica en un espíritu ácrata que con el tiempo se va haciendo más intenso”, decía el periodista Sergio Vila-Sanjuán. “Su desconfianza por lo institucional en cualquier forma resulta paralela a una simpatía instintiva por los de abajo, único elemento rescatable en una sociedad que considera fatalmente contaminada por la hipocresía, la maldad y la incompetencia”, describía uno de los que mejor ha sabido definir su pluma.

Algo sabrá el catalán, pues en 2011 escribió el ensayo Código best seller, en el que desgranaba los puntos clave y elementos comunes de los superventas literarios. No es de extrañar que poco después, él mismo se apuntase un tanto con el premio Nadal por la obra Estaba en el aire ambientada, precisamente, en Barcelona.

El tono con el que Zafón narra sus historias tiene mucho que ver su éxito. Facilita la identificación y desancla ésta de cualquier elemento meramente generacional. El cementerio de los libros olvidados es una tetralogía que se puede leer en cualquier momento y que, además, combina en cada uno de sus episodios distintos registros genéricos que lo llevan del romanticismo embellecido a la pesadilla propia del terror folletinesco.

Sea como fuere, el 17 de noviembre Zafón volverá a las librerías y muchos esperan con ansia. Es fácil predecir que El laberinto de los espíritus será uno de los libros más vendidos de la temporada y otro tanto que, al margen de opiniones sobre la obra, se marcará un sector cada vez más maltrecho en nuestro país.