Procesionódromo
Antonio Orejudo
La perseguida Iglesia católica celebra estos días su molesto botellón de todos los años. A juzgar por la impunidad con la que ocupan los espacios públicos, nadie diría que se trata de una organización perseguida por el Gobierno. Todo lo contrario. Más bien parece gozar de una protección mafiosa, ya que todos los ciudadanos están obligados a soportar las molestias derivadas de sus ritos exhibicionistas. No hay ninguna organización social, política o religiosa a la que se le den tantas facilidades para celebrar sus actos de proselitismo y propaganda. Ni siquiera al Real Madrid se le corta el tráfico durante una semana para que celebre sus triunfos.
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