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Avigdor Lieberman: inmigrante de la URSS, portero de discoteca y figura clave de la política en Israel

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, conversa con Avigdor Lieberman.

Ana Garralda

Avigdor Lieberman volverá a poner en jaque a los dos principales bloques resultantes de estas elecciones: el de derechas, liderado por el Likud de Netanyahu, y el más centrista Kahol-Lavan (azul y blanco), encabezado por el exgeneral Benny Gantz.

Y lo hará presionándoles para conseguir la que para él es “la única opción posible”: un ejecutivo de unidad nacional que les incluya a ambos junto a su partido, Israel Beitenu, como fórmula para quitarse de encima a los partidos ultraortodoxos judíos y a los árabes que, al haberse presentado esta vez como única lista, han movilizado a la minoría árabe-israelí y conseguido entre tres y cinco escaños más, según las últimas encuestas (se convertirían así en la tercera fuerza política en la Knéset).

Un escenario que implicaría la caída definitiva de Netanyahu en favor de otro dirigente del Likud al pesar sobre el actual premier tres acusaciones por supuesta corrupción y por las que comparecerá en dos semanas ante el Fiscal General del Estado, Avichai Mandelblit.

Ultraortodoxos, “parásitos sociales” para Lieberman

Pero ya sea con Netanyahu, con cualquier sustituto del Likud o con el propio general Benny Gantz, Avigdor Lieberman pondrá un precio político a su participación en cualquier modelo de coalición gubernamental. Y ese precio pasa, entre otras cosas, por devolverle a la sociedad civil los derechos que él considera le han arrebatado los religiosos ultraortodoxos del país –un 12% de la población, según datos del Instituto de Democracia de Israel (IDI)–.

Esto exige, entre otras cosas, la aprobación de una ley para la conscripción obligatoria de los “haredim” [ultraortodoxos], la libertad de horarios comerciales y la posibilidad de celebrar un matrimonio civil en Israel, opción inexistente actualmente.

“El Lieberman de hoy cuenta con un respeto que no tenía en abril”, explica la periodista Nurit Kedar, directora de 'Lieber-man', un documental monográfico sobre el político que ha sido estrenado en la última noche electoral. Kedar se refiere a su repentina retirada de las negociaciones para formar gobierno con Netanyahu tras los comicios de abril cuando consideró que el líder del Likud, con quien mantiene una rivalidad desde hace décadas, cedía en demasía a las exigencias de los partidos religiosos. Una maniobra que anuló cualquier opción de formar gobierno, ya que su partido ejercía de bisagra indispensable para superar los ansiados 61 diputados en un Parlamento de 120 escaños.

Netanyahu volvió entonces a convocar elecciones, a sabiendas de que si agotaba el plazo legal para un nuevo intento, el Presidente de Israel, Ruven Rivlin, podría encargarle la formación del Ejecutivo a su principal oponente electoral, el general Benny Gantz y su bloque Kahol-Lavan. “Lieberman se plantó, arañando así los votos de un número creciente de israelíes que está harto de soportar los constantes chantajes de los ultraortodoxos”, explica Nurit Kedar.

Los israelíes que se lo han agradecido otorgándole a Israel Beitenu casi el doble de escaños (9) de los conseguidos en los anteriores comicios (5). Para Tamar Hermann, del Centro de Opinión Pública del Instituto de Democracia de Israel, la laicidad del político determina también su forma de entender el conflicto con los palestinos. “A diferencia de otros, carece de sentimentalismo por cuestiones de religión respecto de Cisjordania (las bíblicas Judea y Samaria)”, explica. “Una vez dijo que dejaría su casa en la colonia de Nokdim (al sur de Belén) si así se pudiera alcanzar la paz”, concluye Hermann. Un pragmatismo, dice la politóloga, que algunos tachan de oportunismo.

Sin un céntimo, empezó como portero de discoteca

Yvette (como se le conoce popularmente en Israel) tuvo que trabajar como portero de discoteca para poder cursar estudios en la Universidad Hebrea de Jerusalén, donde llegó en 1978 emigrado desde Moldavia, que entonces formaba parte de la URSS. Como la mayoría de judíos de origen soviético, aborrecía los partidos de izquierda, lo que le llevó a flirtear en su etapa de estudiante con el movimiento racista Kach (fundado por el rabino extremista Meir Kahane) –cuyo brazo armado, la Liga de Defensa Judía, entró en la lista de organizaciones terroristas–.

Tras iniciarse en el activismo social promoviendo la integración de los nuevos inmigrantes de origen soviético durante los 80, no tardó en afiliarse al Likud, en el que coincidió con un emergente Benjamín Netanyahu. “Lieberman le dijo a Bibi que le ayudaría a ser Primer Ministro. Nadie, más que ellos dos, pensaba entonces que esto podría cumplirse”, relata Kedar.

Cuando Netanyahu ganó contra pronóstico las elecciones al entonces candidato laborista Simón Peres en 1996, nombró a Lieberman como director de gabinete en su oficina. Sin embargo, tras el consentimiento de Bibi para aplicar los Acuerdos de Wye Plantation, que contemplaban la retirada parcial de Hebrón –promovida por la Administración Clinton a finales de 1997–, Lieberman se apeó del Gobierno.

“Igualmente le empezaron a investigar sus negocios durante esta etapa. Esto no le hizo ninguna gracia y contribuyó a que se marchara”, continúa Kedar.

Tras un efímero paso por Israel B'Aliyá –formación fundada por el activista antisoviético Nathan Sharansky que aglutinaba el voto de los ruso-parlantes– decidió crear en 1999 su propio partido, Israel Beitenu. Desde esta formación ha participado en los sucesivos gobiernos ocupando todo tipo de carteras: desde el ministerio de Infraestructuras o Transportes (2001-2004) bajo los ejecutivos liderados por Ariel Sharon, al de Asuntos Estratégicos a las órdenes de Ehud Olmert o el de Asuntos Exteriores y Defensa (2016-2018) en los gobiernos de Netanyahu.

Pero de la misma forma que los Acuerdos de Wye River le llevaron a alejarse de Bibi hace más de dos décadas, la consecución de una tregua permanente con Hamás en la Franja de Gaza, estando él al frente de las Fuerzas Armadas como ministro de Defensa de Netanyahu, hizo que volviera a apearse del Ejecutivo, tachando a su “amigo-enemigo” de apaciguar a los terroristas.

“Esta es una de esas amistades que quedan probadas en cada momento de la vida”, señala el propio Lieberman –que conserva un fuerte acento ruso en su pronunciación del hebreo– en el documental 'Lieber-man'. “Es un tipo hermético”, prosigue la directora de la producción. “pero en mi última entrevista con él vi por primera vez a un hombre emocionado cuando hablaba de su padre, quien luchó en la Segunda Guerra Mundial y terminó siendo deportado por Stalin a Siberia, donde vivió 10 largos y durísimos años”, añade.

L'enfant terrible

En 2001, Lieberman llegó a un acuerdo de conciliación con la fiscalía en el que se reconoció culpable de un caso de agresión contra un niño de 12 años que presuntamente había golpeado a su hijo en la colonia de Nodkin. Por esas mismas fechas, la unidad antifraude de la policía anunció que estaba investigándole por sospechas de aceptar sobornos de varios millones de dólares por parte de los empresarios foráneos David Appel, Robert Novikowsky y Martin Schlaff, utilizando supuestamente parte del dinero para financiar su nuevo partido político.

A pesar de haber sido ministro de Asuntos Exteriores en dos ocasiones, Lieberman no goza de grandes habilidades diplomáticas. Mientras ejercía dicha cartera le espetó al expresidente egipcio Hosni Mubarak que “podía irse al infierno”, e incluso llegó a abogar porque sus Fuerzas Aéreas bombardearan la presa de Asuán. También es conocido por sugerir públicamente que los líderes de Hamás de la Franja de Gaza sean ejecutados de forma extrajudicial en represalia por cualquier atentado que tenga lugar contra el territorio o los intereses de Israel.

A sus 61 años se opone a la solución de los dos Estados como fórmula de resolución del conflicto con los palestinos y lo máximo que está dispuesto a aceptar –tras la correspondiente anexión del Valle del Jordán, del tercio norte del Mar Muerto que les corresponde según la división previa a 1967 y gran parte de los asentamientos de Cisjordania– sería un régimen de autonomía palestina. Además, es partidario de que en contraprestación por la anexión de los asentamientos judíos, las ciudades árabe-israelíes colindantes con Cisjordania sean transferidas a la Autoridad Nacional Palestina (ANP), contra cuyo presidente, Abbas, siente una especial animadversión. De hecho, no desaprovecha oportunidad de ponerle en evidencia, así como de tacharle de inepto y corrupto.

Paradójicamente, no tiene problema alguno en relacionarse con otros dirigentes palestinos probadamente corruptos, como por ejemplo el exresponsable de la caja B de la ANP en tiempos de Yaser Arafat, Mohammed Rashid (declarado culpable in absentia de varios delitos económicos y declarado persona non grata en Palestina), o del que fuera director del servicio de seguridad preventiva en Gaza y aspirante para suceder a Arafat, Mohammed Dahlan.

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