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La pandemia aumenta la brecha de género y empujará a 47 millones de mujeres más a la extrema pobreza en 2021, según la ONU

Para 2021, por cada 100 hombres de entre 25 y 34 años que vivan en pobreza extrema, habrá 118 mujeres, una brecha que se espera que aumente a 121 mujeres por cada 100 hombres para 2030.

Ana R. Segura

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Una de las consecuencias de la actual crisis sanitaria, económica y social provocada por la pandemia de coronavirus es que para el año 2021 se espera que 47 millones de mujeres y niñas más vivan en la pobreza extrema hasta alcanzar un total de 435 millones, según datos publicados hoy por ONU Mujeres y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) recogidos en el informe ‘From Insights to Action: Gender Equality’ (De la comprensión a la acción: igualdad de género). Si antes de la COVID-19 se esperaba que la tasa de pobreza de las mujeres disminuyera un 2,7% entre 2019 y 2021, las proyecciones ahora apuntan a un aumento del 9,1%.

En líneas generales, el informe señala que la pandemia empujará a 96 millones de personas a la pobreza extrema para 2021, 47 millones de las cuales (48%) son mujeres y niñas. Es decir, el número total de mujeres y niñas que vivirán en la pobreza extrema será de 435 millones y las proyecciones muestran que este número no volverá a los niveles anteriores a la pandemia hasta 2030. El número, es similar a la suma de la población total actual de Estados Unidos, Francia y España. 

Las perspectivas muestran que si bien la pandemia afectará la pobreza mundial en general, las mujeres se verán afectadas de manera desproporcionada, especialmente las mujeres en edad reproductiva. Para 2021, por cada 100 hombres de entre 25 y 34 años que vivan en pobreza extrema, habrá 118 mujeres, una brecha que se espera que aumente a 121 mujeres por cada 100 hombres para 2030. A nivel mundial, 247 millones de mujeres mayores de 15 años vivirán con menos de 1,90 dólares al día en 2021, frente a 236 millones hombres.

La situación actual ha aumentado desigualdades ya existentes, y no exclusivamente en la parte económica. En diversos lugares del mundo las mujeres han visto un deterioro en el acceso a la salud reproductiva: en Azerbaiyán y Turquía, el 60% de las mujeres ha tenido problemas para acceder al ginecológico o atención obstétrica como resultado de la COVID-19. 

ONU Mujeres también alerta de que los datos sobre violencia contra la mujer han aumentado debido al confinamiento. En Túnez, por ejemplo, las llamadas a líneas de ayuda se quintuplicó en los primeros días de confinamiento en el país. En Australia, el ciberacoso y la intimidación han incrementado un 50% desde que empezó el distanciamiento social. Además, más gente en casa también significa que la carga del cuidado no remunerado y el trabajo doméstico ha aumentado para mujeres y niñas. 

“Sabemos que las mujeres asumen la mayor parte de la responsabilidad del cuidado de la familia; ganan menos, ahorran menos y tienen trabajos mucho menos seguros. De hecho, en general, el empleo de las mujeres corre un 19% más de riesgo que el de los hombres”, afirma la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka. “La evidencia que tenemos aquí de múltiples desigualdades es fundamental para impulsar una acción política rápida y restauradora que coloque a las mujeres en el centro de la recuperación de una pandemia”, añade.

Trabajos precarios

El estudio indica que las mujeres “normalmente ganan menos y tienen trabajos menos seguros que los hombres”. Con la caída de la actividad económica en el mundo, las mujeres son particularmente más vulnerable a los despidos y la pérdida de medios de vida. Los ingresos de las mujeres que trabajan en el sector informal han disminuido drásticamente. Durante el primer mes de pandemia, las estimaciones sugieren que los trabajadores informales perdieron un promedio del 60% de sus ingresos.

En Asia y el Pacífico, un 50% de las mujeres frente a un 35% de los hombres informaron disminuciones en el tiempo de trabajo. En Europa y Asia Central, el 25% de las mujeres autónomas han perdido su empleo, en comparación con el 21% de los hombres autónomos. Además, las mujeres que trabajan en algunos de los sectores más afectados, como el turismo o el trabajo doméstico han sido particularmente vulnerables a los despidos. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), para junio de 2020 se estima que el 72% de las trabajadoras del hogar en todo el mundo habían perdido sus trabajos como resultado de la COVID-19. 

El informe también recoge datos recientes de Alemania, Italia, España y Estados Unidos que muestran que los casos confirmados de COVID-19 entre las trabajadoras de la salud son dos o tres veces mayor que los observados entre sus homólogos masculinos. 

Datos diferenciados por sexo, “una prioridad”

La institución señala también que la realidad podría ser “aún más horrible”, ya que estas proyecciones de mayores tasas de pobreza para mujeres y niñas solo tienen en cuenta la revisión a la baja del producto interno bruto (PIB), excluyendo otros factores como que las mujeres abandonen la fuerza laboral debido a responsabilidades de cuidado infantil.

Por este motivo, el informe hace un llamamiento para usar criterios comunes en la utilización de datos y hace hincapié en la importancia de desagregar la información por sexos y edades, aspecto que considera “una prioridad” como parte de la política para hacer frente a la pandemia por coronavirus. Según indican, solo 60 de 193 países (31% del mundo) está reportando actualmente a la OMS datos sobre casos de COVID-19 segregados por sexo y edad.

Abordar las brechas salariales de género; acceder a servicios de cuidado infantil; apoyar económicamente a las mujeres vulnerables; y aumentar medidas de protección social dirigidas a mujeres y niñas son algunas de las recomendación de ONU Mujeres para hacer frente a los datos. 

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