Biznaga: “El disco trata de impugnar la falacia de que no hay alternativa”

Biznaga

Gonzalo Peña Ascacíbar

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Ahora es el último trabajo de Biznaga, donde la banda aborda sin ambages temas como la vivienda digna, la precariedad laboral o la salud mental. Ahora es el tiempo de Biznaga, cuyo relieve como grupo se ha consolidado. Este viernes actúan en la Sala Fundición de Logroño con las entradas agotadas desde hace dos meses para el concierto.

El cuarteto está compuesto por Álvaro García en la voz y la guitarra, por Álvaro Casado ‘Torete’ también en la guitarra, por Jorge ‘Milky’ Ballarín en la batería y por Jorge Navarro en el bajo y las letras. Con este último hablamos en esta entrevista.

“El futuro sobre plano es ahora” es una reivindicación del presente y de la lucha por el derecho a la vivienda digna. ¿Qué es lo que os movió a arrancar el disco para abordar y vincular estas dos temáticas?

Bueno, el orden se establece una vez que tienes las partes compuestas y el puzle más o menos completo. No obstante, siempre hay algún tema que tiene hechuras de primera canción por la manera de empezar. De esa forma, tienes más o menos claro que podría ser una buena apertura, una carta de presentación a lo que nos vamos a encontrar y un buen prólogo a toda la narrativa que luego se va a desglosar.

Uno de los temas centrales que atraviesa todo el disco es el relativo a la lucha por la vivienda digna y toda la crisis que hay alrededor de ello. Es, sin duda, el tema del momento. En todas las partes se habla de ello. Como ese era uno de los ámbitos principales, nos parecía potente introducirnos directamente desde el principio metiendo desde el principio las manos en la masa y dando un golpe encima de la mesa.

En el disco no solamente está la temática de la vivienda, sino varios que dan forma a la imposibilidad de imaginar una posibilidad distinta a lo que tenemos. Es decir, cómo se ha trasladado culturalmente para convencernos de eso y el disco, básicamente, trata de impugnar esa falacia que tenemos a día de hoy de que no hay alternativa.

La vivienda es algo muy presente, como también en la canción Espejos de caos, donde habláis de la sensación de malestar y agotamiento, pero la necesidad mutua de convivir para sobrevivir y poder pagar el alquiler.

La vivienda, al ser un problema grande y complejo, es susceptible de ser abordado desde múltiples perspectivas, como la exposición de los datos fríos, la situación a nivel urbanístico o también las consecuencias personales, relacionales, afectivas, mentales y físicas de esa crisis que causa esto en las personas.

Ahí es donde entra la perspectiva de esta canción, donde se pone un ejemplo concreto de una de esas consecuencias debido a la crisis de la vivienda y la incapacidad de poder aspirar a una vivienda digna personalizado en el caso de una pareja que, pese a que su relación está más que destruida, tiene que seguir conviviendo por el pago del alquiler de la casa.

A ello se une la falta de expectativas laborales, que también está relacionado con ello. De hecho, las grandes temáticas del disco se retroalimentan porque, si hay precariedad y el coste de vida es alto, eso repercute en un malestar que erosiona las relaciones de nuestra red y de nosotros mismos. De alguna manera, esa forma de sentirnos y percibirnos cada vez más lejanos los unos de los otros y de estar más atomizados favorece que el discurso de que no es posible una alternativa acabe permeando.

Ante ese discurso de la inexistencia de una alternativa de futuro, ¿por qué es tan importante la ocupación del ahora?

Se mitifica mucho para bien y para mal el futuro, tanto desde pesimismo como desde lo utópico. Ocurre algo similar con el pasado. Tanto el futuro como el pasado como nociones míticas nos provocan cierta parálisis en el sentido de compararnos desde la nostalgia del pasado o desde el vértigo del futuro.

Concebimos el tiempo como una línea cuando realmente el tiempo es un laberinto, algo rugoso que está lleno de pliegues. Lo que hoy es una cosa parecía que iba a ser otra y después resulta que no, que tiene resonancias con lo que ocurrió hace dos semanas. No es tan sencillo como que ahora es el presente y mañana es el futuro. Es todo más complejo.

Si las partes del tiempo no deben estar desgajadas unas de otras, el presente sería el pegamento de todas ellas. Por eso nos parecía importante señalar en el disco que el presente es siempre el momento en el que actuar, en el cual incidir y centrarse porque está directamente relacionado de manera constante con las ideas de pasado y de futuro. No es un grito de carpe diem hedonista, sino de no descuidar de dónde venimos y adónde vamos, pero con los pies en la tierra en el ahora.

El componente de clase atraviesa vuestra última obra en su conjunto, donde también tocáis la precariedad en Réquiem por un rider o la salud mental en Benzodiazepinas. ¿Sentís que habéis puesto voz a la generación actual y habéis reflejado parte de los efectos que el capitalismo deja en ella?

La salud mental también nos parecía un tema de primer nivel con el consumo de psicofármacos, sobre todo en un país que está a la cabeza en este tipo de medicamentos. Era un tema al que le teníamos ganas desde hace tiempo. El germen de Benzodiazepinas fue dentro de la hornada de canciones que luego aparecieron en Bremen no existe. Viene ya desde ahí, pero lo que ocurrió fue que no acabamos de encontrar las palabras y el modo adecuado para un tema que es sumamente complejo.

Lo que nosotros queríamos era quedarnos en un tono que no fuera aleccionador o hiciera apología del consumo de psicofármacos, pero que tampoco señalara de manera inquisitoria a quienes los consumen. Transitar esa fina línea era complicado. Por otro lado, era importante relacionar el malestar psicológico y el uso exacerbado de psicofármacos con un malestar colectivo y social para despegarlo de la concepción individualista de la pura química y de que la depresión o la ansiedad es un problema personal de quien lo padece como si no fuera consecuencia de factores exógenos que tienen que ver con el sistema capitalista y con el tipo de vida tan acelerado que llevamos.

Relacionarlo todo y poder levantar un discurso apropiado en torno a todas esas cosas no pudo ser en 2022, pero esta vez sí que hemos podido encontrar las palabras y estamos contentos con ello porque nos parece un tema fundamental que también está relacionado con los otros de los que hablamos en el disco.

La revista Ruta 66 eligió Ahora como mejor disco nacional del año 2024. ¿Cómo os sentís al respecto y cómo valoráis lo que tiene de diferencial vuestro trabajo?

Que te dediquen buenas palabras o que posicionen bien tu trabajo, el cual conlleva mucho tiempo y esfuerzo, siempre es agradable, pero tampoco conviene centrarse mucho en eso. Al final, simplemente es como un premio, una confirmación de que otras personas están en sintonía con un trabajo del que te sientes orgulloso.

Ver que eso despierta entusiasmo es edificante. Ya no solamente en la crítica, sino también en el público, lo cual se nota cada vez más en las salas y los conciertos que damos, donde se ha multiplicado la gente que viene, canta las canciones y tiene mensajes positivos hacia nosotros. Todo ello es de alguna manera una confirmación de que lo que intuimos que estamos haciendo bien otras personas también lo piensan y eso es agradable.

¿Consideráis que Ahora ha sido vuestra obra de consolidación y Bremen no existe, el disco anterior, vuestro punto de inflexión como grupo?

Yo creo que sí. Nos ha servido para acceder a una audiencia mayor y nos ha permitido un alcance más grande a otros niveles, sin duda. Nuestro crecimiento ha sido paulatino y natural. Con cada disco hemos ido siempre a más, pero está claro que entre esos discos el crecimiento ha sido muchísimo mayor.

Bremen no existe nos reposicionó de alguna manera en unos tiempos extraños durante la pospandemia cuando Gran pantalla se lo comió los años del COVID y no pudimos presentarlo. Por ello, ese disco era una reacción más melódica, más tranquila, más callejera y romántica que sintonizó con la época y mucha gente se sintió identificada.

Con Ahora, esa manera y voz nueva que tenemos de hacer canciones la hemos depurado aún más y la hemos llevado más lejos. Las letras señalan problemáticas concretas y llaman a las cosas por su nombre yendo directamente a la yugular. Eso incluso ha hecho que a la gente todavía le guste más.

Hay una evolución en vuestra trayectoria que cristaliza en decir actualmente las cosas de manera más directa, menos metafórica y abordarlas con gran honestidad.

Si comparas las letras de los primeros discos con las de los más actuales, se percibe un cambio en lo musical y en lo lírico, sin duda. Es decir, en la manera de decir las cosas y en cómo se están diciendo. A la par que en la parte musical se ha bajado un poco el tempo, se ha desacelerado y ha emergido la melodía con más fuerza, eso se ha encontrado con unos textos más asequibles, no por ello menos profundos.

Se ha buscado el entendimiento, la comprensión para que las problemáticas tan complejas de la sociedad puedan aterrizar en todo tipo de perfiles de oyentes. Cuando esos dos factores se han encontrado, ahí reside buena parte del acierto de estos dos últimos discos.

Hace unos meses actuabais en La Revuelta en pleno prime time a escala nacional. ¿Está el punk atravesando nuevas fronteras?

El punk es una influencia más, como otras, que siempre ha estado y estará de manera más o menos evidente, pero Biznaga hace rock, música de guitarras y ya que cada uno le ponga el subestilo que quiera. Para unos es punk, para otros no, depende del oyente. No renegamos de ello ni vamos con esa bandera. El punk ha sido una influencia y siempre lo será.

En cuanto a lo de La Revuelta, creo que fue importante, no ya porque fuéramos nosotros, que determinadas temáticas y determinado tipo de concepto artístico musical se viera en un programa de prime time sonando en directo con un mensaje musical y lírico como el que llevamos nosotros.

Mucha gente tuvo resonancias de otras épocas pasadas por el hecho de ver a un grupo de nuestro estilo en un programa de esas características. Eso activó recuerdos en muchas personas de treinta años hacia arriba y considero que también fue algo relevante para los más jóvenes por el hecho de visibilizar otros perfiles, estéticas, éticas y maneras de ser y vivir con las que identificarse más allá de las que se enseñan habitualmente en la televisión y en lasredes sociales.

Salir en algo tan masivo como La Revuelta tiene una consecuencia positiva por ese lado, que es la de enseñar un submundo, algo que normalmente no está en la superficie a gente que no está tan conectada con lo underground.

En vuestro arranque de gira en Zaragoza reivindicasteis la libertad de los 6 de Zaragoza. ¿Es el compromiso un componente fundamental de Biznaga?

No nos gustan demasiado las etiquetas, ya que son un poco conflictivas. Biznaga tiene esa vertiente de música comprometida y social, pero no es solamente eso. Sin duda, es una parte de lo que es el grupo, pero no define su esencia solamente eso.

Por supuesto que hay un compromiso con determinadas éticas, causas e ideas en el seno del grupo y eso emerge en nuestros discursos, entrevistas y letras, pero es más que esto.

Tocáis este viernes en Logroño y las entradas se agotaron hace dos meses. ¿Cuál es vuestra expectación sobre el recibimiento que vais a tener?

Estamos con muchas ganas porque se agotaron hace bastante tiempo las entradas. De hecho, se estuvo planteando hacer una segunda fecha el domingo al ver lo rápido que se vendió todo, pero finalmente no pudo ser.

Eso nos da pistas de que la próxima vez que volvamos a Logroño, como está sucediendo en otras ciudades, habrá que buscar una sala con mayor aforo porque está claro que cada vez tenemos más poder de convocatoria y Logroño es uno de esos sitios.

“Cuando el desencanto es tradición, el entusiasmo es disidencia”, afirmáis. ¿Dónde reside la esperanza para el presente y el futuro?

Por un lado, en tratar de resolver la crisis de imaginación y, por otro, de entusiasmo que atravesamos. Estas dos nociones de las que hablo, que son puramente simbólicas y abstractas, parece que no tienen relación con la cotidianeidad y los problemas concretos de la calle, pero en realidad el estado de ánimo y la capacidad de sentir que las cosas sean de otra manera es lo primero para que eso pueda suceder.

Esto nos parece fundamental y por ello, desde nuestro campo cultural, concretamente el musical, abordamos las problemáticas existentes y hacemos un llamamiento a que no decaiga ese ánimo como personas que vivimos en el mundo con problemas que también nos afectan.

Evidentemente, con una canción no se va a cambiar el mundo, pero nos parece importante tener presentes las nociones simbólicas de entusiasmo e imaginación y la capacidad de no claudicar ante el pesimismo y el nihilismo, ya que son el primer paso para que los futuros que vengan no sean perdidos, como ha sucedido con otros en el pasado.

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