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Cultura o Revienta

No más desierto. No más arbitrariedad. No más vacío. Cultura o revienta.

Elisa Reche

Blanca —

Son tiempos convulsos. También en el mundo de la cultura y el arte, por definición en un equilibrio arduo. Si el miércoles muchos músicos publicaron en la red composiciones mudas para denunciar el 21% por ciento de IVA en la cultura, el Centro Negra en Blanca dedicó el Día de los Museos a cuestionar la difusa línea que separa la cultura del espectáculo durante esta “fiesta”. También sobre las posibilidades para que la cultura no se nos ahogue, no pierda el latido con la razón/excusa de la crisis.

Desde lo alto de Blanca, al lado del castillo, el Centro Negra hizo una contrapropuesta: una defensa del arte contemporáneo. Las cuestas hasta llegar al edificio anclado en la roca, paradójicamente, ofrecían aliento. “El dinero público se va a los grandes monstruos culturales. Y, aunque tenemos un patrimonio increíble, no podemos permitir que los Velázquez o Picasso impidan que una nueva generación de artistas sea capaz de reflejar nuestra sociedad”, señaló Abraham Hurtado, director del Centro Negra durante la jornada de Prácticas Contemporáneas II. “Hay que crear nuevos formatos alternativos para reivindicar el acceso a la cultura y la producción artística, sobre todo desde la periferia”, añadió Abraham, a su vez performer y artista visual.

Si los ponentes de la mesa redonda de la mañana compartían un mismo origen periférico, Sevilla y Elche, bien diferían en su trayectoria. Miguel López, de la Asociación Andaluza de Profesionales de la Danza (PAD), destacó las necesidades particulares del sector. “La danza no se puede tratar como un libro que se vende en multitud de librerías. Tenemos necesidades específicas, sobre todo la falta de espacio. Hay muchísimos espacios infrautilizados en Andalucía. O que en un momento dado, se conceden a las hermandades como ha sucedido recientemente con los Baños de la Reina Mora en Sevilla”, explicó Miguel. “Hemos creado esta asociación para apoyar proyectos y conseguir visibilidad porque la verdad es que nos sentimos ninguneados por las instituciones públicas”, añadió.

Desde el otro lado del arco, David Quiles Guillo no encontró ningún óbice en recurrir a grandes marcas para financiar sus proyectos, mientras que éstas no le amputaran su libertad creativa. Desde el público, en cambio, se cuestionó la Ley de Mecenazgo y se recordó que España es un país recaudatorio y con un artículo 44 en la Constitución donde se defiende al acceso universal a la cultura.

Quiles se perfiló como un hombre del renacimiento contemporáneo. No hay género literario –literatura abstracta-, ni bienal de arte contemporáneo digital –The Wrong-, ni película –Nova the film-, ni revista de arte –Rojo- que se le resista. Para reunir todo su trabajo en “casa”, Quiles acaba de poner el último ladrillo en Oqubo, en medio del campo entre Elche y Alicante, en medio de un “desierto cultural”. Como el propio Quiles indica: “Oqubo reunirá a artistas de diferentes disciplinas para crear diversos proyectos que se mostrarán de forma virtual. No habrá público en el centro en sí”. Por otro lado, los artistas residentes enseñarán sus disciplinas a niños de entre 5 y 8 años.

Tras la paella de verdura tradicional ya en los encuentros del Centro Negra se presentaron las dos plataformas independientes de creación, difusión y promoción de cultura contemporánea, desde la capital Hablarenarte de la mano de Sören Meschede y Machines Desirantes Buro con Roberto Salas. Ambas combinan la producción de eventos culturales en colaboración con entidades públicas y privadas. Mientras que la primera combina elementos educativos con lúdicos, la segunda se declara abiertamente lúdica y defendió que el placer no está reñido con la profundidad, como el picnic cultural que celebran ya en varias ediciones en el Centro Dos de Mayo en Móstoles.

Lo lúdico y lo educativo se convirtió en el campo de batalla. ¿Se concibe la idea convocar a un público adulto y darle herramientas para profundizar en el arte o sólo pueden aprender los niños? ¿Necesitamos siempre fiesta para que el público se decida a disfrutar de la cultura? El debate estaba en el aire.

Las calles del centro Blanca se rindieron al trabajo de importantes escultores de la región. Mientras que el escultor molinense Pepe Yagües explicaba cómo su Menina de hierro cubría un pilón con el rostro de Franco tallado otorgándole un nuevo significado en la plaza José Antonio, un poco más arriba Olivier Company, uno de los estudiantes del máster de Práctica Escénica y Cultura visual del Museo Nacional Reina Sofía mostraba un solar abandonado con perfiles humanos dibujados en distintas posturas en las paredes desconchadas. “Los que estaban”, en aquel antiguo edificio y los que han estado en nuestras vidas. Un recorrido que nos permitió apreciar desde el castillo pasando por el EDOM o una performance con vídeo en la Sala Marquito el trabajo que los alumnos habían desarrollado durante su estancia en el Centro Negra bajo el marco conceptual de “cuerpo, espacio, territorio”.

La música electrónica, el diseño y la moda se filtran cada vez más en el arte contemporáneo. De este modo, la noche dio pasó a la película “Dreams” de Anders Bigum y al ritmo de la música electrónica de manos de Plastic People.

La Noche de los Museos nació en Berlín en 1997 al abrir los museos e instituciones culturales gratis hasta altas horas de la noche. Nuevos públicos se interesarían por un lugar al que normalmente no entran. Es hora de ir más allá. Plantearnos si los artistas ahora pueden producir cultura. Qué clase de cultura se muestra y si participamos de ella. La periferia reclama su espacio cultural. No más desierto. No más arbitrariedad. No más vacío. Cultura o revienta.

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