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Que cierre la AEMET. Nos basta con el vuelo de los grajos

Viandantes esperan un paso a nivel bajo una intensa lluvia
23 de marzo de 2025 21:24 h

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Corren estos días muchísimos mensajes ridiculizando la predicción estacional de la AEMET para el pasado invierno, cuando pronosticaron que sería una estación “cálida y seca”. Pero vamos a ver, ¿cómo que el invierno fue seco, si no ha parado de llover en primavera? ¿A quién pretende engañar el chiringuito climático ese?

Lo cierto es que el pronóstico invernal de la AEMET hace referencia a los meses de diciembre, enero y febrero, lo que se conoce como invierno climatológico. Y las semanas recientes de lluvias se enmarcan ya en la primavera climatológica. Así que, sí, la predicción de la AEMET fue correcta. Pero no importa, porque la Agencia Estatal de Meteorología ya es uno de los grandes objetivos políticos de la derecha y no hay vuelta atrás. Incluso el clima se ha visto arrastrado ya a la guerra ideológica. Si la tendencia negacionista sigue en alza, dentro de quince años algún gobierno de derechas cerrará la AEMET y en su lugar abrirá un organismo estatal dependiente de la astrología o de algún método ancestral para pronosticar el tiempo como plantar una botella de plástico en el jardín y esperar a que cambie de color. Urge cerrar la AEMET y que la meteorología española la lleve un señor de Valladolid que base el tiempo en función del vuelo de los grajos y de los gorriones.

Esta campaña de desprestigio hacia la AEMET no se enmarca solo dentro del ejercicio de salvamento de Carlos Mazón, que por supuesto existe, sino también dentro de una corriente más amplia de antiintelectualismo y escepticismo liderada y encabezada por Donald Trump, una corriente que busca reducir la palabra ciencia a un quesito del Trivial Pursuit.

La administración Trump despidió en febrero a casi mil trabajadores de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos y podría despedir a mil trabajadores más. La información desplegada por la NOAA salva vidas y ahorra muchísimo dinero con sus predicciones; los despidos afectarán a la seguridad de los vuelos, a la seguridad del transporte marítimo y a la seguridad de los estadounidenses en su vida cotidiana; serán determinantes en la calidad de los datos que reciban desde las autoridades locales hasta los agricultores y ganaderos, pero lo importante es menguar o directamente eliminar cualquier contenido que contenga una palabra que Trump considera particularmente incómoda, dañina, arbitraria y enemiga: “clima”. Por supuesto, las menciones al cambio climático y al calentamiento global ya han sido eliminadas de los sitios webs gubernamentales, e incluso de espacios académicos como las Becas Fulbright. La idea es sumamente brillante: si eliminan cualquier referencia a la crisis climática, la crisis climática desaparecerá. Ya está, siguiente asunto.

El debate sobre la crisis climática o sobre la importancia de agencias de predicción meteorológica está ya enfangado en una rutina de mala fe y mensajes falsos. Aunque en algo hay que darles la razón a los escépticos trogloditas: ni la AEMET ni la Confederación Hidrográfica del Júcar advirtieron de la llegada de este cavernario negacionismo climático y nihilismo vengativo.

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