Algo muy grave va a suceder en Europa

Salía de mi portal hace unas semanas y me llamó la atención un elemento nuevo en la fachada de la casa de enfrente: la placa roja y brillante de una conocida empresa de alarmas de hogar. Me llamó la atención porque es una casa pequeña, sencilla, diría que humilde, del tiempo en que esta parte del barrio se levantó mediante autoconstrucción. Recorrí mi calle fijándome en las demás fachadas, la mayoría casas bajas y algunos edificios de pocas plantas: en doscientos metros conté una veintena de placas, de distintas empresas que ofrecen el mismo producto: alarmas para proteger tu hogar de ladrones y, por supuesto, de okupas, que son el nuevo coco.
Tengo que aclarar que mi barrio es muy tranquilo. No tenemos noticia de robos frecuentes ni recientes en mi calle, ni casas okupadas. Y sin embargo, ahí está el resultado de tantísima publicidad, amarillismo periodístico, anarrosismo televisivo, bulo, discurso político del miedo y oferta que crea su propia demanda (las alarmas te las venden sin solicitarlas, te las ofrece el banco o tu compañía telefónica): una calle tranquila y segura donde sus vecinos deciden blindarse. Imagen a pequeña escala de un país entero: España es uno de los países más seguros del mundo, y sin embargo es el primer país de Europa, y cuarto del mundo (repito: cuarto país del mundo), con más alarmas de hogar instaladas.
Imagino que habrá vecinos de mi calle que, al ver cómo proliferan, se lo estén pensando, solo a falta de que pase por su casa un comercial agresivo. Si todos los vecinos la ponen, será por algo, no voy a ser yo el único sin alarma. Será que algo muy grave va a suceder en esta calle…
Siempre que veo la facilidad con que gana terreno la industria del miedo, me acuerdo del famoso cuento atribuido a García Márquez (digo atribuido porque nunca lo publicó en libro, al parecer lo contó en una conferencia). Se titula 'Algo muy grave va a suceder en este pueblo', y si no lo conoces puedes encontrarlo en internet y leerlo, es cortito. Es un ejemplo perfecto de la llamada “profecía autocumplida”: cuando todo el mundo piensa que “algo muy grave va a suceder”, acaba en efecto sucediendo, pues todos actúan en consecuencia y contribuyen a que suceda, o al menos no lo evitan, de modo que al final los agoreros puedan presumir: “¡os lo dije!, algo muy grave iba a suceder en este pueblo”.
Parafraseando el cuento, la política europea se basa estos días en repetir que “algo muy grave va a suceder en Europa” y más vale que nos preparemos para ello: los Estados, comprando armas y reforzando sus ejércitos; los ciudadanos almacenando provisiones y mochilas de emergencia, aprendiendo nociones básicas de supervivencia, y supongo que mañana comprando cualquier cosa que nos quieran vender los mercaderes del miedo, sean comerciales de empresa o dirigentes políticos. La alarma de hogar me parece que no protege de Putin, así que habrá que comprar algo más seguro en esta Europa “preparacionista”.
Los españoles por lo visto no nos hemos enterado todavía de que “algo muy grave va a suceder en Europa”: según el Eurobarómetro, frente al histerismo belicista que recorre el continente, aquí seguimos más preocupados por la educación, la seguridad económica o la democracia, antes que la defensa y la seguridad. No pasa nada, no tardaremos en cambiar nuestras preocupaciones y prioridades, a poco que repitan muchas veces que “algo muy grave va a suceder en Europa”. El riesgo es que, como en el cuento, nadie haga nada por impedirlo, todo el mundo dé pasos en esa única dirección, Europa se rearme, Rusia se rearme más al ver el rearme europeo, Europa se rearme más todavía y etc., y al final acabe sucediendo algo muy grave. Hay que pararlo, estamos a tiempo.
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