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El retablo de las maravillas

Los reyes en su visita al Hospital de la Sant Creu y Sant Pau de Barcelona.

Montero Glez

No sé quién dijo que la hipocresía es lo más parecido a la grasa de una rueda. Porque la grasa ensucia la rueda pero sin ella, sin la grasa, la rueda no funcionaría. En estos tiempos tan tristes no hemos quedado libres de hipocresía, tampoco de ruedas; ni de grasa. Porque hemos asistido al desfile de falsedad desde todos los ángulos del Canal Único de Información y, como siempre, el escaparate televisivo se ha llevado la gloria. La tele viene siendo la continuación del terrorismo por otros medios.

Con un lenguaje que tiene miedo a contar la verdad, locutores y tertulianos de todo género, han callado ante la presencia de La Casa Real en el hospital cuando salieron a hacerse el paseillo bajo la lluvia de flashes; una presencia que fue consuelo antinatural para las víctimas por tratarse de un acto de misericordia. Todo sea por conseguir unas imágenes herederas del NO DO pero a todo color y que sirven para engrasar la rueda de una monarquía cuyo atributo principal es la doble moral y por consiguiente, la doble contabilidad.

Mientras el mercado del terror siga ofreciendo perspectivas más que rentables a los hijos de la aberración cromosómica, estos continuarán de comisionistas en los trapis que tiene el Estado Español con la monarquía petrolera de Arabia Saudí que, a su vez, financia y arma el terror. No se puede luchar contra el terrorismo vendiendo armas a los gobiernos que arropan terroristas, pero en este país que nos ha tocado, Dios no parece que pueda quedar huérfano de Diablo, de la misma manera que el pueblo no parece que quiera quedar huérfano de Reyes, como tampoco Alá de dinamita. En fin.

Por lo que respecta a la vida terrenal, por aquí abajo seguiremos poniendo a los muertos, seguiremos comprando miedo como una mercancía más a cambio seguridad. Seguiremos dejando que nos trampeen el lenguaje y que al presupuesto de guerra se le denomine Presupuesto de Defensa y en ese plan, seguiremos mirando pasar la rueda hasta que nuestros ojos queden cegados por tanta grasa.

Pero no me quiero despistar con metáforas de derrota. Tan sólo quería contestar al tuit de la Casa Real para decir que, ni con su tuit, ni con su presencia en el hospital visitando a las víctimas, podrán comprar impunidad pues la impunidad, así como la decencia, no son mercancía aunque por disposición genética, los abnegados miembros de la Casa Real se presten a pensar en lo contrario.

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