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Ciudadanía y democracia

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Es necesario abordar las dificultades a las que se enfrentan sectores vulnerables de la población para acceder a derechos fundamentales como la educación, la salud y una información veraz. También es importante garantizar el acceso a un empleo digno, una vivienda adecuada y la posibilidad de conciliar la vida familiar y laboral. Los gobiernos progresistas buscan reducir las desigualdades, esto propicia que las personas puedan cumplir sus objetivos vitales, más allá de la acumulación de recursos. La dignidad, en cuanto la suma de valores como la libertad, la igualdad y la equidad, debe ser promovida como un fin en sí mismo, como un valor intrínseco al ser humano y por lo tanto innegociable. No obstante, cuando la información se tergiversa y la dignidad se convierte en moneda de cambio, la capacidad de decisión se ve limitada.

Vivimos en un sistema democrático, pero la democracia no debe entenderse solo como un sistema de gobierno, además debe de ser justo; es un mecanismo destinado a garantizar que la acción política responda a las necesidades reales de los ciudadanos, en lugar de atender intereses particulares. Para lograr esto, los ciudadanos deben verse no como sujetos pasivos, sino como agentes activos del proceso democrático. Es importante comprender que el sistema necesita comprometerse con las reglas democráticas para superar los retos de una sociedad multicultural. Esto implica políticas que aseguren los derechos fundamentales a todos los individuos, incluyendo a los más vulnerables, sin privilegios especiales para ningún grupo. 

Las políticas neoliberales han fomentado una dinámica consumista sin precedentes, trivializando los derechos de los ciudadanos y transformando a estos en consumidores, cuya principal preocupación es proteger y reivindicar sus derechos como tales, relegando a un segundo plano sus derechos cívicos. Esto ha contribuido a que no se reconozcan adecuadamente los esfuerzos de las políticas progresistas para reducir desigualdades, y que se vote basándose en la creencia de que ciertas políticas priorizaran los beneficios individuales sobre el bienestar colectivo. Este contexto ayuda a entender cómo la ultraderecha global ha logrado conectar con una parte significativa del electorado.

La ética, referida a la conciencia individual, ha sido influenciada por una moralidad de corte economicista que afecta los sistemas públicos, priorizando al ciudadano-consumidor y promoviendo la gestión del Estado por parte de empresas privadas. Facilitando así el control social mediante la imposición de agendas políticas ajenas al interés general. 

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