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África sobrepasa los 80.000 contagios y los 2.700 muertos por la COVID-19

EFE

Johannesburgo —

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La epidemia de COVID-19 continúa su avance en el continente africano y, si bien no se están viviendo aumentos explosivos como los de otras regiones, el balance total supera ya los 80.000 contagios y los 2.700 fallecidos, concentrados sobre todo en Sudáfrica, Egipto, Argelia y Marruecos.

Según datos del Centro Africano de Control de Enfermedades (África CDC), hasta las 8 horas GMT de este domingo se registraban 81.307 casos, 2.704 muertes y el número total de recuperados del continente ascendía a 31.078.

Sudáfrica figura como el país más afectado por la pandemia, con 14.335 casos, 261 muertes y 6.478 pacientes dados de alta.

Detrás de este país austral, el nuevo coronavirus golpea sobre todo a los países del norte del continente.

Egipto es el segundo país con más casos, pero es el que tiene más víctimas mortales por la COVID-19 de África (11.719 positivos y 612 fallecidos).

Le siguen Argelia (6.821 casos y 542 muertes), Marruecos (6.741 casos y 192 muertes) y, en la región subsahariana, la populosa Nigeria (5.621 casos y 176 muertes).

Esta misma semana, el último país que quedaba en el continente sin enfermos de COVID-19 y uno de los pocos en todo el mundo, el pequeño reino de Lesoto, confirmó su primer caso.

En el lado positivo, las autoridades de Mauricio aseguraron, tras haber dado por recuperado último paciente el 11 de mayo, que la nación isleña le ha ganado la batalla al virus, si bien seguirán vigilantes.

Las cifras de África, aunque continúan en aumento, aún distan mucho de los estragos que soportan muchos países de Europa, como Reino Unido (más de 236.000 casos y 34.466 muertos), o de América, como Estados Unidos (más de 1,4 millones de casos y 88.000 muertos).

La reacción rápida de la mayor parte de países del continente -sabedores de sus vulnerables sistemas sanitarios- fue motivo de elogio internacional.

Con muy escasos contagios, países como Ruanda, Sudáfrica, Botsuana o Kenia optaron por tomar medidas drásticas como toques de queda, cierres de fronteras o confinamientos generales.

Desde el comienzo de mayo, sin embargo, lugares como la propia Sudáfrica, Nigeria, Ghana, Senegal, Kenia, Uganda, la República Democrática del Congo o Yibuti han empezado ya a levantar algunas restricciones.

Se trata de buscar un difícil equilibrio entre combatir la pandemia y amortiguar su devastador impacto económico en millones de africanos que viven al día.

En su último informe sobre la situación, la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África (UNECA) explica, por ejemplo, que un confinamiento total de un mes en África le costaría al continente el 2,5 % de su producto interior bruto (PIB) anual.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que entre 83.000 y 190.000 personas podrían morir por la COVID-19 y hasta 44 millones podrían infectarse en África si fracasan las medidas de contención de la pandemia.

La receta de la agencia de la ONU para evitar esa catástrofe es clara: “testar, rastrear, aislar y tratar” a los ciudadanos, algo para lo que los distintos países africanos tienen capacidades muy dispares.