Los orígenes del cónclave: el rito estricto y medieval que elige nuevo Papa

Vista de archivo de la Plaza de San Pedro en la Ciudad del Vaticano.

Andrea Blez

24 de febrero de 2025 21:10 h

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El complicado estado de salud del Papa Francisco poco antes de que se cumplan 12 años desde que fuera proclamado sumo pontífice tras la renuncia de Benedicto XVI en 2013 han reavivado la actualidad centrada en el Vaticano, y en el cónclave, el proceso por el cual se escoge al que es máximo representante de la Iglesia Católica.

Un interés que se une al hecho de que una de las nominadas a Mejor Película en los Premios Óscar 2025 y una de las favoritas a llevarse varios de los premios importantes recibe precisamente el título de Cónclave porque tiene lugar en uno ficticio. Por eso, recordamos el origen del actual proceso que se lleva a cabo.

El nacimiento del cónclave: los cardenales toman el poder

Ahora son los cardenales los que eligen entre ellos quien será el próximo representante de la Iglesia Católica, pero no siempre fue así, y, de hecho, en los inicios, el Papa era elegido por aclamación popular, sobre todo en la época del Imperio Romano. Más tarde, este era designado por reyes o emperadores, hasta entrado el siglo XI. Sería el Papa Nicolás II el que en 1059 proclamaría la independencia del Papado frente al poder político y convirtió a los cardenales en los únicos electores.

El cónclave y su mayoría de tres tercios

Hoy en día es muy difícil que suceda, pero en época medieval hubo en varias ocasiones momentos en los que llegaron a coincidir varios Papas, incluso tres reconocidos y excomulgados entre ellos. Aunque Francisco I y Benedicto XVI coincidieron vivos, este último había renunciado y vivía retirado.

Por eso, para evitar este tipo de confusiones y llegar a una mayoría más asentada, el papa Alejandro III en 1179 estableció que la elección tenía que ser por una mayoría de dos tercios. Hasta entonces, no se elegiría pontífice.

El origen y asentamiento del Cónclave actual

El tercer cambio y uno de los que más caracteriza al actual Cónclave es el de la austeridad y el secretismo. Unas normas que se asentaron tras el eterno que tuvo lugar en Viterbo en 1268, que llegó a prolongarse durante dos años y el Papa que salió escogido, Gregorio X, fue el que establecería que se tenía que hacer bajo llave, con condiciones estrictas que hacían que los cardenales no se sintieran cómodos en su forma de vida.

De esta forma, el Papa Gregorio X propuso que tenían tres días para elegir sumo pontífice, y que, si no, la dieta alimenticia iría disminuyendo, para seguir haciéndolo si se prolongaba más de cinco días, llegando a establecer el solo comer pan, agua y vino. Todo esto quedaría, además, reflejado en el “Ubi Periculum” del 7 de julio de 1274 donde se confirman las normas anteriores.

Así, desde entonces, el rito del Cónclave no ha cambiado en su forma ni sus principales reglas. El último celebrado en 2013 en el que salió designado Francisco I tras una deliberación que duró un día y necesitó de cinco votaciones.

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