¿Tenían los romanos algo parecido a nuestras áreas de servicio? Un hallazgo entre Córdoba y Mérida revela sus instalaciones para descansar y alojar caballos
Las paradas de carretera del Imperio romano acabaron haciendo bastante más que ofrecer una cama y caballos descansados a los viajeros. A partir del siglo IV, las reformas de Diocleciano y Constantino ampliaron las tareas de algunas estaciones del transporte oficial, que también participaron en la recaudación de impuestos y el almacenamiento de suministros militares.
El sistema de abastecimiento conocido como annona militaris necesitaba lugares donde reunir provisiones para las tropas. Un papiro egipcio de Oxirrinco, por ejemplo, registra las raciones de comida y heno entregadas a soldados y oficiales en la estación de Tacona.
Los arqueólogos identifican una posible mansio cerca de Fuente Obejuna
Una investigación de la Universidad de Córdoba ha localizado indicios de una de aquellas estaciones junto a la calzada romana que comunicaba Córdoba con Mérida, en las inmediaciones de la antigua Mellaria, cerca de Fuente Obejuna. El equipo del proyecto Ager Mellariensis interpreta la construcción como una posible mansio, destinada a atender a los usuarios de la ruta. El estudio, firmado por Miriam González Nieto, se ha publicado en Journal of Archaeological Science: Reports y se basa en mediciones del subsuelo, sin excavaciones.
La elección de ese emplazamiento tenía sentido dentro de la red de comunicaciones de Hispania, porque Mellaria se encontraba en una vía que enlazaba dos capitales provinciales. Corduba administraba la Bética y Emerita Augusta era la capital de Lusitania. La población, asentada en torno al cerro del Masatrigo, creció vinculada a las explotaciones mineras, la metalurgia y la agricultura.
El Itinerario de Antonino situaba la parada de Mellaria a 52 millas romanas de Córdoba, aproximadamente 77 kilómetros. La ciudad había surgido como establecimiento militar hacia mediados del siglo II antes de Cristo y obtuvo posteriormente categoría municipal.
Los sensores reconstruyeron el edificio sin excavar el terreno
La actividad de una estación de carretera podía extenderse bastante más allá del edificio donde dormían los viajeros, una posibilidad que también se plantea en este yacimiento. Las mediciones han registrado alteraciones del terreno alrededor de la construcción principal que podrían corresponder a otras dependencias.
La Universidad de Córdoba señala indicios de otro inmueble situado unos cincuenta metros al norte, posiblemente de categoría superior y conectado con el primero. La existencia de almacenes o espacios para redistribuir mercancías sigue siendo una hipótesis, ya que todavía falta comprobar qué estructuras había allí y para qué se utilizaban.
Esa incertidumbre tiene mucho que ver con la forma en que se ha investigado el lugar, pues los arqueólogos han obtenido el plano sin levantar el terreno. Entre 2021 y 2023, el grupo HUM 1150-Unidad Patricia, dirigido por Antonio Monterroso Checa, realizó prospecciones geomagnéticas en Mellaria.
Los sensores registraron variaciones del magnetismo provocadas por estructuras enterradas y permitieron reconstruir su disposición. El relieve suave y la escasez de interferencias metálicas modernas favorecieron las mediciones. El procedimiento ofrece indicios sobre muros y espacios interiores, aunque por sí solo no confirma la función de cada estancia.
El plano revela ocho habitaciones y una posible zona de baños
Para interpretar ese dibujo, la investigadora comparó la construcción con otras estaciones de la red romana y con edificios militares de distintas provincias. Las mansiones de mayor categoría podían incorporar habitaciones amplias, mosaicos y termas, mientras las instalaciones ordinarias respondían a necesidades más funcionales.
La de Mellaria se aproxima a este segundo modelo, con una organización que recuerda a los barracones de las legiones. Hay paralelos en Carnuntum, Vindonissa y Rottweil. Su posición periférica habría facilitado la llegada de carros y animales sin obligarlos a atravesar las calles de la ciudad.
El plano obtenido muestra finalmente cómo se habría organizado aquella parada junto al camino: una construcción alargada de 48 metros y unos 1.290 metros cuadrados. En su interior se distinguen ocho habitaciones casi cuadradas, de aproximadamente quince metros cuadrados cada una. Una estancia estrecha y prolongada en el lado occidental se interpreta como posible zona de baños, mientras un espacio abierto de unos once metros de anchura habría permitido alojar animales o estacionar carruajes. La distribución proporciona una base arquitectónica para identificar el establecimiento, a la espera de que futuras excavaciones permitan comprobar esas funciones.
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