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Intervenciones quirúrgicas en la oscuridad literal de una Gaza confinada

Leticia Pellicer, UNRWA España

Las calles vacías y las voces mudas. La luz intermitente en un quirófano y los pacientes con enfermedades crónicas sin esperanza. La COVID-19 acechando las casas hacinadas y las familias viviendo al día. Bienvenidos y bienvenidas a Gaza, la cárcel a cielo abierto más poblada del mundo. 

Diego González Rivas, cirujano español creador de la innovadora técnica Uniportal VATS, describe la sensación de caminar por las calles del enclave costero de “angustiosa y surrealista”. Rivas se dedica a formar a cirujanos de todo el mundo en su nuevo método quirúrgico mínimamente invasivo y ha sido la única persona que consiguió entrar en Gaza en pleno confinamiento por la pandemia de COVID-19. En 72 horas operó a 11 pacientes en el lugar más poblado del planeta, pese al periplo que supuso su llegada, “la sensación de la frontera fue bastante desagradable. No éramos bienvenidos y nos registraron todo, todo. Pero nos dejaron pasar gracias a los documentos que decían que íbamos a operar”. 

La población gazatí más vulnerable, y en concreto la refugiada de Palestina, vive de lo que compra y vende en el día, una economía de supervivencia paralizada por completo durante meses. “Me imaginaba a la gente encerrada en sus casas, a lo mejor muriéndose de hambre porque allí van al día. Imagínate la gente confinada sin poder vender y sin poder comprar, ¿cómo alimenta a sus hijos?”, comenta Rivas apesadumbrado. Y sin luz. 

La incidencia por COVID en el territorio es muy alta, aunque se desconoce la exactitud de las cifras por la falta de pruebas PCR. “Nosotros íbamos a operar a 10 enfermos y cuando se hicieron el test preoperatorio, que incluye el de COVID, la mitad fueron positivos. Un 50%. Este es un indicador de que quizá la mitad de la población tiene coronavirus”. 

Los sistemas sanitarios más avanzados del mundo han mostrado no estar preparados para el ataque de un virus como este, lo que ha dejado en evidencia las fatales consecuencias en los que son débiles y frágiles de base, como la sanidad pública de Gaza. “La situación nos pone a los proveedores de salud ante un desastre intentando ayudar a toda esta gente vulnerable. Ahora mismo hay problemas para aislar a las personas asintomáticas que se quedan en sus casas donde viven muchas personas”, afirma la Dra. Ghada Al Jadba, directora del programa de salud de la Oficina de ONU para la población refugiada de Palestina en Gaza, en el podcast de UNRWA ‘Inshallah, un viaje a Palestina’, realizado por Carne Cruda.  

 

- Bajo el cierre político y sanitario -  

La COVID19 satura las urgencias y consultas e impide que pacientes de otras patologías acudan a sus citas médicas. La situación se agrava en aquellos pacientes cuyo tratamiento está únicamente disponible fuera de las fronteras de Gaza. Si el acceso a los permisos israelíes, para ser tratados en hospitales equipados, ya era complicado, la pandemia ha endurecido las ya estrictas medidas “por motivos de seguridad” y muchos pacientes esperan con resignación el avance de su enfermedad. “Operé a un chico de una enfermedad pulmonar. Me escribió hace poquito y me rompió el corazón. Me mandó un mensaje muy duro pidiéndome que alguien le trasplantara en Europa. No es nada fácil. Está en un estado muy avanzado. Este chico en otro país claro que hubiera tenido una mejor evolución. Y para trasplantarse va a tener que hacerlo en otro sitio, no en Gaza”, comenta Rivas sobre uno de sus pacientes. 

Además, al bloqueo por tierra, mar y aire al que está sometida la población gazatí desde hace 14 años, se le suman los constantes cortes de luz que impiden el desarrollo de las tareas de su día a día. Estar trabajando y que se apague la luz no es plato de buen gusto para nadie, y más en tiempos de teletrabajo, pero cuando tu labor consiste en salvar vidas, un apagón puede suponer la muerte. Rivas lo vivió en primera persona y, aunque le habían avisado que podría ocurrir, le pareció “surrealista total”. “Tienen generadores en los hospitales que más o menos aguantan, pero a nosotros en medio de la operación se nos apagó todo”. 

Rivas tiene experiencia quirúrgica en más de 100 países en todo el mundo, pero “nunca había vivido una situación parecida a lo de Gaza. No ves ni luz”. Tiene clara su vocación y va a seguir realizando este tipo de misiones para “construir un mundo mejor. Creo que si tengo la posibilidad de ayudar y enseñar una cirugía menos invasiva debo hacerlo”.  

Su experiencia en Gaza podrá revivirse a través de un documental que se estrenará próximamente y en el que dos equipos de cineastas, uno a cada lado de la frontera, nos trasladarán a una realidad en la que la libertad de movimiento lleva bloqueada mucho antes del inicio de esta fatídica pandemia. “La gente piensa que se están violando las libertades de movimiento, pero en Gaza el derecho a desplazarse libremente lleva siendo violado desde hace tiempo”, sentencia la Dra. Ghada. 

Las calles vacías y las voces mudas. La luz intermitente en un quirófano y los pacientes con enfermedades crónicas sin esperanza. La COVID-19 acechando las casas hacinadas y las familias viviendo al día. Bienvenidos y bienvenidas a Gaza, la cárcel a cielo abierto más poblada del mundo. 

Diego González Rivas, cirujano español creador de la innovadora técnica Uniportal VATS, describe la sensación de caminar por las calles del enclave costero de “angustiosa y surrealista”. Rivas se dedica a formar a cirujanos de todo el mundo en su nuevo método quirúrgico mínimamente invasivo y ha sido la única persona que consiguió entrar en Gaza en pleno confinamiento por la pandemia de COVID-19. En 72 horas operó a 11 pacientes en el lugar más poblado del planeta, pese al periplo que supuso su llegada, “la sensación de la frontera fue bastante desagradable. No éramos bienvenidos y nos registraron todo, todo. Pero nos dejaron pasar gracias a los documentos que decían que íbamos a operar”.