Pasó 22 años en prisión, 17 de ellos en aislamiento

'Lo de Évole' habló con Santiago Cobos, el preso que inspiró a Luis Tosar para 'Celda 211': “Quiera o no, hay similitudes”

Redacción

La gran película española de 2009 fue Celda 2011. Ganadora de ocho premios Goya -entre ellos el de Mejor Película, Mejor director y Mejor Actor protagonista-, la cinta dirigida por Daniel Monzón fue todo un éxito de público y crítica. En parte por la actuación de su protagonista, Luis Tosar, en la piel del temible Malamadre, el preso más despiadado de la prisión provincial de Zamora.

Se dice que el personaje de Tosar estuvo inspirado en Santiago Cobos, considerado durante años como el preso más peligroso de España. De sus 22 años en la cárcel, Cobos pasó 17 en aislamiento. Y entre sus fechorías entre rejas trascendió sobre todo el motín que protagonizó precisamente en la prisión de Zamora, donde él y tres reos más tuvieron secuestrado durante horas a un funcionario de prisiones con el objetivo de hacer presión, conseguir un coche y escapar de la cárcel.

“Me comuniqué con Tosar, tuvo una o dos entrevistas con él”

Aquel motín no llegó a buen puerto, pero su ideólogo inspiró a Luis Tosar para el papel que le reportaría su tercer Goya. “Me comuniqué con él. Tuve una o dos entrevistas con él y con el director [Daniel Monzón]. Creo que él estaba en esa fase de mimetización, de buscar el personaje. Él me miraba, hablaba conmigo y veía que me miraba de otra manera que como me podía mirar el director”, recordó anoche Cobos sobre su encuentro con el actor.

Aunque no tiene claro hasta qué punto su figura influyó en la construcción de Malamadre, el preso sí cree que “de alguna manera, algo tendrá que ver”. Además, reconoció a Évole que “hay similitudes entre él y yo. Hay una cárcel de por medio, hay situaciones extremas, hay un motín... Quiera o no quiera hay similitudes”.

“Entré para 6 años y me busqué una condena de 70 y pico”

Esos 22 años que Cobos pasó en la cárcel fueron, en realidad, 16 más de los que iba a cumplir en un principio. Su primera gran condena fue de seis años por una pelea. “Tuvimos un problema casi familiar con una gente y nos enfrentarnos a ellos. Yo le di un tiro a uno con un arma de fuego. Antes el pellejo de otro que el mío o el de mi gente”, recordó Cobos, que vio ampliada su condena por sus actos en la cárcel: “Yo entré a pagar una condena de seis años y acabé buscándome dentro de la cárcel una de 70 y pico”

“Llega un punto en el que te tienes que animalizar un poco”

Y es que Cobos no solo fue conocido por su peligrosidad entre rejas, también por los diferentes planes de fuga que intentó llevar a cabo. Junto al de Zamora también protagonizó otro en Gijón, donde acabó con la vida de un policía.

Éstos y otros intentos de fuga llevaron a Cobos a permanecer 17 años en aislamiento. “¿Qué más te da que sea una hora u otra hora, que sea lunes, que sea domingo, que sea Navidad... Muchas veces en Navidad te sorprenden porque te llega un menú que no es el habitual. '¿Qué hace aquí un langostino? Es verdad que era tal o cual'. Pierdes la referencia de eso”, explicó a Évole, al que dijo, además, que en esos años de régimen cerrado se encontró “desde mierda seca pegada a las paredes de alguien que se ha limpiado ahí, hasta escupitajos o sangre”.

Incluso contó al periodista cómo “en un departamento de una cárcel de Madrid, de Carabanchel, las ratas salían del agua, de las cañerías del váter, y entraban a la celda. Eran ratas como perros”. “Llega un punto en el que te tienes que animalizar un poco”, concluyó Cobos.

“Cuando me vi en el espejo no me reconocía en esa persona”

Durante esos 17 años en aislamiento, Cobos apenas pudo ver su propio rostro. De vez en cuando, coincidiendo con algún traslado, pudo verse de reojo a través del reflejo de algún cristal, pero no tuvo un espejo en casi dos décadas de vida. “Es curioso, pero cuando de repente me vi en el espejo no me reconocía en esa persona (...) Cuando vi lo que había detrás, que era una persona diferente a mí, me emocioné”, contó Cobos, que terminó saliendo de prisión por los métodos legales y no tras uno de sus intentos de fuga.

Un desenlace que, como reconoció a Évole, le “jodió un poco” a una parte de sí mismo: “Una vez en libertad podían haberme dejado entrar, escalar el muro y salir así por regocijo personal”.