Entrevista

Sergi Pàmies: “La presión paraliza el cerebro a los directivos de televisión”

¿Cómo se construye una crítica? ¿En qué te basas, sigues tus gustos personales, te pones en la piel del espectador...? En general, las críticas me las encargan desde la sección de televisión del periódico y, a veces, las propongo yo. En realidad, no pretendo hacer críticas. Yo soy un escritor que se dedica a escribir sobre temas variados. Escribo sobre fútbol, sobre literatura, sobre aspectos de la ciudad y, por tanto, escribir sobre tele es una prolongación de mi oficio. Intento expresar mis opiniones añadiéndole alguna información que pueda ayudar en la comprensión del programa y procurando desdramatizar, pero la faceta que prevalece es, por supuesto, la de espectador. ¿Eres de los que, como Groucho Marx, encuentran a la TV muy educativa, porque cuando la enciendes te entran ganas de apagarla y ponerte a leer o escribir un libro? Ojalá fuera así. Tampoco me parece que la televisión tenga que ser educativa. Quizá debería contribuir un poco más a la instrucción aunque está claro que, cada vez más, se potencian los aspectos más relacionados con el entretenimiento puro y duro, cuanto más primario, mejor. A veces parece que a los críticos de televisión no les gusta la televisión, que quisieran que ésta estuviera hecha a base de informativos y documentales. ¿Está reñido ser crítico de TV con ser un teleadicto? Quizá tú seas la excepción... Creo que, cada vez más, a los críticos les gusta la televisión. Por razones históricas, hasta hace muy poco estaba muy mal visto admitir que te gustaba la televisión. Existía un prejuicio heredado de la politización excesiva y de la dependencia del monopolio televisivo de gobiernos tan pestilentes como el franquista que prohibía pensar y ver la tele al mismo tiempo. Por supuesto que se puede ser teleadicto y, al mismo tiempo, crítico. Pero en lugar de quejarse de lo mala que es la TV, los que escribimos sobre esto deberíamos recordar que somos unos privilegiados: somos los únicos a los que pagan para ver según qué programas. Algunos de los programas más vistos de la TV actual son los más odiados por los críticos. ¿Por qué crítica y público no se ponen de acuerdo casi nunca? ¿Es que “lo que le guste a la masa no puede ser bueno”? Discrepo. No es cierto que sean los más odiados. Desde que se estrenó, algunos hemos hablado muy positivamente de Operación Triunfo. Pero, de todos modos, no me parece mal que el análisis más minucioso contradiga los gustos mayoritarios del público. Esto ocurre con otros aspectos de la vida y no nos sorprende tanto (la comida más consumida no tiene porque ser la mejor desde un punto de vista gastronómico ni la playa más visitada la más hermosa). Si estamos de acuerdo en que la opinión de los críticos no es la palabra de Dios, también deberíamos empezar a reflexionar sobre el poder que se le da a un dato estrictamente cuantitativo como son los índices de audiencia. ¿Recuerdas cuál fue la última crítica buena que hiciste de un programa? ¿Y mala? Por suerte, no me muevo en parámetros de malo y bueno. Es más: a menudo observo que los programas contienen elementos malos mezclados con otros buenos. También deberíamos desterrar estos maniqueísmos y procurar expresar opiniones que incluyan los sentimientos contradictorios que a veces despiertan según qué programas. Movernos más en una línea argumentada de “me ha gustado” o “no me ha gustado”. Hablando del género de moda, la telerrealidad... Entre los críticos parece haber un ataque sistematizado a todo reality show. ¿Qué tienen de malo? ¿Por qué está tan bien visto ver a dos abejas copulando en un documental de La 2, pero tan mal visto ver a dos personas haciendo el amor en GH Repito: no son ni malos ni buenos pero tampoco es malo o bueno opinar abierta y vehementemente de ellos. En los programas de tele-realidad hay de todo pero lo que sí se observa es que, cada vez más, se tiende a un uso espectacular de la humillación. Y es normal, y hasta saludable, que algunas personas estén en contra de estos recursos. ¿Reconoces haberte enganchado alguna vez a un reality show? ¿Por qué crees que no está funcionando X ti Yo estuve muy enganchado a Gran Hermano 1, que me parece un hito en la historia de la televisión contemporánea. El fracaso de X ti lo atribuyo a las prisas, a una programación discutible y a un modelo tan anticuado como la estructura de harén (doce mujeres intentando seducir a tres hombres), que poco tiene que ver con la realidad. De hecho, en la vida real suele ocurrir justo lo contrario: suelen ser doce tíos los que intentan seducir a tres mujeres. La mayoría de programas que triunfan en España son formatos extranjeros, ¿crees que está en crisis la creatividad española o es que las cadenas no corren riesgos? Discrepo. Los formatos que más triunfan en España son, por un lado las retransmisiones de fútbol de los partidos con equipos españoles y, por otro, Ana y los siete, producto cien por cien patrio. Otra cosa es que, por saturación, muchas series que se fabrican como churros fracasen. Además, hay que tener en cuenta que las que fracasan en otros países no nos llegan y, por tanto, no tienen que pasar por este público proceso de aceptación o rechazo. Las series americanas que nos llegan aquí están avaladas por el éxito. Así cualquiera. ¿Sigues pensando, como dijiste una vez, que “la televisión es una industria de la improvisación en busca de beneficios y que los directivos se limitan a salvar su inestable pellejo”?

El pellejo de los directivos está sometido a una presión tremenda porque el propio medio crea condiciones de urgencia delirantes. Lo malo de esta presión es que paraliza el cerebro y, en lugar de probar e insistir en buenas ideas, se cae en el resultadismo inmediato y compulsivo, una forma bastante primaria de ir por la vida. A pesar de las críticas de manipulación informativa, TVE sigue siendo la cadena más vista y sus Telediarios los más seguidos. ¿Cómo valoras esta aceptación? La aceptación de TVE responde a razones históricas, no sólo a su programación. Pero, más allá de las discrepancias que uno pueda tener con el Gobierno, La 2, por ejemplo, sigue aportando contenidos bastante aceptables y dignos y, en general, no se puede decir que TVE sea una mala televisión. Otra cosa es su política informativa. Aunque en este aspecto de la manipulación informativa, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. La inundación de neofamosos en televisión, ¿te divierte o te indigna? El neofamosismo quizá sea uno de los fenómenos más interesantes de los últimos tiempos. Cómo nacen, cómo se hacen, cómo perviven en una selva competitiva en la que vale todo constituye un espectáculo de primer orden. Coto Matamoros opina que estos neofamosos han democratizado el acceso a la fama, antaño reservados a una aristocracia minoritaria y elitista. Yo quizá no llegue a este análisis profundamente marxista pero debo admitir que así, a mogollón, me producen una contradictoria mezcla de compasión, repugnancia y simpatía.