Charco de los Clicos en Lanzarote

11 de febrero de 2025 14:02 h

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Un charco junto al volcán

de color verde esmeralda,

de la montaña es su falda

y de la playa el cancán.

Olas que vienen y van

removiendo los callados,

basaltos grises rodados

con cristales de olivino,

para que el orfebre fino

adorne aretes dorados.

Jócamo, 11.II.2025

Nota: Lanzarote es una isla en la que dominan los parámetros físicos sobre los bióticos y a la que imprime carácter su genuino paisaje volcánico, sin apenas protagonismo de la vegetación. Turísticamente destaca por la rentabilidad que ha sabido sacar a sus recursos geomorfológicos, tanto a nivel paisajístico global (vendiendo su exótico paisaje lunar), como a escala local: Jameos del Agua, Cueva de los Verdes, Charco de los Clicos, Jardín de Cactus, etc.

En su contra cabe señalar el que pervirtiendo el espíritu del gran César Manrique, que supo combinar la conservación con el uso inteligente del territorio, se ha llegado a la sobreexplotación actual, prostituyendo por completo al otrora paradigma que fue Lanzarote como Reserva de la Biosfera.

El Charco de los Clicos, también conocido como Charco Verde, es uno de esos lugares que responde a la filosofía de la buena práctica comentada, a pesar de haber sido alterado en el pasado por las extracciones de arena para la construcción, circunstancia que ha modificado su biodiversidad, ecología y dinámica de la playa.

Situado en la costa occidental insular cerca del poblado de El Golfo, el Charco ocupa el cráter de un edificio hidrovolcánico de singular belleza, en el ámbito del Parque Natural de Los Volcanes. Enmarcado por la montaña colorada, labrada de tafonis erosivos por acción del viento, y la trasplaya de callados (callaos) basálticos, el agua encharcada destaca por su color verde esmeralda, fruto de las algas clorofitas, diatomeas y dinoflagelados que lo habitan. Según la tradición, entre otros mariscos, era muy abundante un molusco bivalvo de la familia Cardiidae relacionado con los berberechos comunes (Cerastoderma edule), denominado “clicos” por los locales, a los que debe su popular nombre.

En los cantos rodados y arenas de la playa son frecuentes los cristales verdes amarillentos de olivino, que se utilizan como piedra semipreciosa por la orfebrería local.

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