La foto que valió un puente, Tazacorte /1

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Era el año 1969. Los astronautas americanos Armstrong y Adwin se paseaban por la superficie de la Luna, empresa que constó 24.000 millones de dólares. Los Beatles cantaban su rebeldía, con largas y extrañas caballeras, en Liverpool y el año anterior “el mayo francés” marcó un antes y un después en la política y las reivindicaciones sociales.

Este era el panorama fuera de las fronteras de España. Mientras tanto, el 25 de enero de 1969, un Decreto-Ley del general Franco establecía el Estado de Excepción ante “los desórdenes” y manifestaciones antifranquistas. Se venía a suspender los limitadísimos derechos de libertad de expresión de ideas, inviolabilidad del domicilio y el derecho de reunión, fundamentalmente.

El 14 de enero, días antes del Decreto, el periódico Diario de avisos publicaba dos fotografías de Gaspar-Luis Martín Hernández (1928-1996) con un pie que decía: “Pruebas gráficas de la ruptura del pequeño puente de madera que ha dejado aislado el barrio de El Puerto de Tazacorte, donde mil vecinos han quedado incomunicados y sin agua. Parte de estos vecinos se asoman al barranco de las Angustias, auténticamente desolados”.

Por esos años no existía otra vía de comunicación que no fuera pasando por el barranco de las Angustias y el tortuoso camino de herradura que sube por el risco de Juan Graje, hacia el municipio de Tijarafe.

El 25 de marzo de 1969 el rotativo palmero Diario de avisos daba cuenta del cese del Estado de Excepción. En el mismo número, en la contraportada, el periodista aridanense Pablo P. Barreto González (1937-1991) insertaba un artículo titulado “El Puerto de Tazacorte, tres meses aislados del resto de la isla”, en referencia a un lamentable suceso recogido fotográficamente doce días antes, el 14 de marzo. En nuestra opinión este artículo había retrasado su publicación ante las circunstancias políticas, la suspensión del derecho de expresión y la censura de prensa.

La pluma de Barreto González, ilustradas con fotos de Gaspar Martín, recogía los antecedentes y el hecho en una extensa y mordaz crónica de la siguiente manera:

“El régimen lluvioso que comenzó en toda la isla de La Palma la noche, del pasado 28 de octubre de 1968 y continuó con pequeños intervalos de sequía fue aumentando de intensidad, llegando al máximo en la primera decena de enero cuando recogía la pluviométrica la cantidad de 115 litros de agua por metro cuadrado.

Debido a tales precipitaciones, aumentó de forma alarmante el caudal de agua del barranco de las Angustias, que aún continúa vertiendo en el mar el líquido elemento en considerable cantidad conforme podemos apreciar en las muestras gráficas, en el trágico momento de llevar un cadáver a la última morada, sacándolo por dentro de las aguas, ya que el puente hace noventa días que desapareció y los vecinos quedaron casi aislados y aún permanecen en tal estado.

Estos sufridos habitantes, que aún no tienen un refugio para pescadores, hacen algunos años y debido a una crecida semejante, tuvieron que convivir con un cadáver durante tres largos días, ya que el puente había desaparecido como ahora.

También la crecida y para aumento de males, se llevó parte de la instalación de la red distribuidora de agua potable que faltó durante algunos días, y finalmente pudo restablecerse gracias al arriesgado trabajo de una brigada de obreros que tropezó con múltiples dificultades por causa de la gran cantidad de agua que discurría por el cauce del barranco.

Dada esta situación alarmante y a tres meses de aislamiento, los vecinos, los sufridos vecinos de El Puerto se encuentran unánimemente molestos al considerar llegada la hora en que debe romperse este aislamiento que siempre han venido padeciendo, en mayor o menor medida, desde los primeros tiempos y según haya sido la intensidad de las lluvias caídas en la Isla y especialmente en los montes e interior del inmenso cráter de la Caldera de Taburiente.

Ellos esperan por la pronta construcción del puente que rompa el secular aislamiento y que esto reúna las coordinaciones referidas para que puedan transitar no solo personas sino vehículos.

De cómo mire esas gentes, dentro del prolongado aislamiento, nos habla la valentía de algunos de sus hombres que se han venido valiendo de cuerdas y largas tablas, colocadas sobre las columnas que aún las aguas no han arrastrado, para poder pasar los alimentos y como ejemplo de las muchas cosas acontecidas y de fondo trágico, casi diariamente, diré que el médico no tuvo valor para pasar -tampoco el corresponsal- a visitar a un enfermo, por lo que tuvo que ser traído a la margen libre sobre una ancha tabla bien atado y que a punto estuvo de precipitarse a la corriente.

Nuestra pequeña crónica llega a su fin. Consta, pues la foto habla alto y elocuentemente de una situación increíble que también nosotros esperamos y deseamos desaparezca pronto, para que el próximo invierno este pueblo valeroso mire tranquilo, sin temor a las lluvias“.

 La imagen captada tenía una fortísima carga de denuncia y demanda reivindicativa de la necesidad social: la construcción urgente de un puente de hormigón en la desembocadura del barranco de las Angustias.

La fotografía plasmaba a cuatro fornidos jóvenes, unos en pantalón remangado y otros en ropa interior, cargando el ataúd [en La Palma cajón] vadeado la corriente del barranco. El texto del pie de foto decía: “La corriente es salvada y el cadáver llegará al campo santo, su última morada, pero el Puerto continúa aislado de su municipio y del resto de la Isla. Al fondo, los que dan el nostálgico adiós al ser querido, desde la margen opuesta, porque cruzar el barranco puede resultar peligroso por causa de su inesperada fuerza”.

(Continuará)

Nota: En memoria y gratitud al fotógrafo Gaspar-Luis Martín Hernández (1928-1996) y el periodista Pablo Barreto (1937-1991).

*María Victoria Hernández, cronista oficial de la ciudad de Los Llanos de Aridane (2002), miembro de la Academia Canaria de la Lengua (2009) y de la Real Academia Canaria de Bellas Artes San Miguel Arcángel (2009).

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