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El chino mandarín echa raíces en África

EFE

Nairobi —

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Si uno no anda con cuidado y se pierde en el campus de la Kenyatta University de Nairobi, podría sentirse, de pronto, como un turista en Asia en vez de África, ya que esta universidad alberga uno de los cuatro Institutos de Confucio (CI) que promueven la lengua y la cultura chinas en Kenia.

“Al principio es difícil (el idioma chino) pero, cuando aprendes, cada vez menos. Creo que me puede aportar oportunidades laborales para mi futuro profesional”, explica a Efe Rachel, una veinteañera estudiante de Sociología, cuando se le pregunta por qué decidió estudiar mandarín, la principal forma hablada del chino.

En las últimas dos décadas, las crecientes relaciones económicas entre China y el continente africano han ido acompañadas de un esfuerzo activo del gigante asiático por expandir entre los jóvenes africanos el conocimiento de su lengua y sus tradiciones.

De hecho, desde la inauguración en 2005 del primer CI en la región, en otro de los centros universitarios más importantes de Kenia, la Universidad de Nairobi, su presencia se ha multiplicado en toda África.

En la actualidad, 41 países africanos albergan un total de 54 Institutos de Confucio y 30 aulas independientes que dependen de estos centros.

La mayor parte de estudiantes de mandarín en la Kenyatta University aprenden esta lengua porque creen “que les puede abrir oportunidades para desarrollar su carrera”, apunta uno de los directores del centro, Kamau Wango.

Otros alumnos, sin embargo, se acercan al mandarín solo por placer. Es el caso de Steve, un joven estudiante de Contabilidad, que quedó fascinado por las artes marciales cuando las descubrió ahora hace menos de un año.

“Me apunté a las clases de mandarín porque me sonaba único”, explica, después de exhibir sus recién adquiridas dotes en la disciplina del taichí. Con gesto de concentración, Steve mueve brazos y piernas como si sostuviera el propio aire.

Él y otros colegas se reúnen varias veces por semana en el club de estudiantes del CI, donde abandonan la rutina de clases y comparten actividades para comprender mejor el país al que un día esperan viajar: desde aprender a usar los palillos para comer hasta cocinar recetas tradicionales.

Durante las últimas dos décadas, el Gobierno chino ha impulsado la concesión de becas para viajar al país asiático a estudiantes africanos que quieran mejorar sus habilidades lingüísticas e incluso cursar su máster o su doctorado en mandarín.

En los foros de cooperación entre África y China celebrados desde el año 2000, el segundo ha prometido ayuda financiera para educación y, en 2015, se comprometió a alcanzar las 30.000 becas para 2018.

Rachel pudo visitar el país cuando participó en un campamento de verano de dos semanas y quedó maravillada. “Es precioso, es todo muy ordenado. Te dan aún más ganas de seguir estudiando cuando lo ves”, confiesa sonriendo.

La explosión cultural china en África ha generado también críticas por considerarse propaganda o una nueva colonización, pero Wango es tajante en este sentido: “No hay nada de malo en que un país quiera propagar su cultura si esto favorece la cooperación y beneficia a ambas partes”.

Según Russell Kaschula, profesor de estudios de lenguas africanas en la Rhodes University (Sudáfrica), “los estadounidenses o los británicos expanden su cultura a través de instituciones como el British Council y, ahora, los Institutos de Confucio están haciendo lo mismo”.

Sin embargo, para Kaschula “esto es muy diferente a la colonización europea del continente, porque los chinos están trayendo grandes inversiones y crecimiento de infraestructuras”.

Por otro lado, el periodista keniano especializado en las relaciones chino-africanas Mark Kapchanga reivindica que “este aprendizaje no puede mirar hacia una sola economía, sino que debería ser bidireccional”, de modo que la población china afincada en África aprenda lenguas locales como el suajili, algo aún muy minoritario.

Varios países africanos han comenzado a introducir en sus currículos escolares el aprendizaje de mandarín, de momento como materia optativa.

Kenia, por ejemplo, incluirá esta lengua en el nuevo currículo escolar que pondrá en marcha a partir de 2020.

Los estudiantes kenianos podrán escoger entre el mandarín y el árabe, el francés o el alemán a partir de los 10 años, explica a Efe una de las profesoras del CI de la Kenyatta University, Susan Wachira, que ha colaborado en la edición de los libros de texto.

En sus clases, esta maestra fomenta sobre todo “la interacción y el trabajo en grupo porque la principal dificultad del mandarín es el vocabulario”.

Según los últimos datos de la UNESCO, de 2010, solo alrededor de 200 lenguas autóctonas africanas se enseñan en las aulas escolares -sobre todo en los cursos de primaria- frente a un total estimado de 1.500 a 2.000 lenguas indígenas habladas en el continente.

Kaschula y Kapchanga coinciden en que “las lenguas africanas necesitan protección política”, y el profesor universitario subraya que “los idiomas africanos minoritarios están más amenazados por las lenguas autóctonas con más poder, que tienen interés político y económico, que por el mandarín”.

Ajeno a cualquier polémica, Steve sueña con visitar un día el país asiático, para lo que ya ha solicitado a una beca del Gobierno chino.

“Tengo ganas de viajar a China -comentan con emoción- para poder ver a los niños practicar taichí. Allí aprenden desde que son pequeños”.

Lucía Blanco Gracia