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El Festival Filux tiñe la Ciudad de México de luz y color

EFE

México —

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La tercera edición del Festival Internacional de las Luces (Filux) invade la capital mexicana con veinte espectáculos gratuitos llenos de luz y color en diecisiete sedes hasta el 13 de noviembre.

Justo en frente del Museo de la Luz, el suelo empedrado del centro histórico está iluminado por los cactus multicolores de la instalación “Cactiana”, del arquitecto Miguel Bolívar, cuya luz llama la atención de una veintena de personas que se acercan a las indiscretas esculturas con curiosidad y cámaras fotográficas.

Al cruzar el patio del museo, la exposición “Experimentos de luz” invade la instalación con las obras del maestro del cristal, el italiano Narcissus Quagliata, y las de su hijo, el diseñador industrial Orfeo Quagliata.

Orfeo reconoce a Efe que, al crecer en el estudio de su padre, siempre ha estado “rodeado de luz y color”, pero mientras que la obra de su padre reflexiona sobre el papel de la luz en la evolución del ser humano, su trabajo es mucho más sensorial y visual.

“La luz siempre nos sorprende, siempre nos hace ver cosas que nunca pensamos ver”, explica Orfeo, el creador de “Kryptomights”, una pieza compuesta por espejos hechos a mano que forman un gran espejo de forma irregular poliédrica, con un led verde dentro muy potente que refracta miles de veces e invade la pequeña habitación de mil rayos impregnados de arcoiris.

Aun con las pupilas impregnadas de verde criptoniano, el visitante descubre la obra de la australiana Amanda Parer, “Intromisión”, que invade la Plaza de Santo Domingo.

Unos conejos gigantes iluminados por un brillo cegador conquistan el espacio público, mientras una niña pequeña brinca sin parar, iluminada por el blanco de los monumentales invasores y por el flash de sus múltiples admiradores.

Aunque el frío de noviembre obliga a los transeúntes a abrigarse, el usual trajín de la calle Madero hace que los temblores desaparezcan, ya que el calor humano y el olor a cilantro producen un extraño efecto entre agobiante y acogedor.

De golpe, un vals suena desde el Palacio de Bellas Artes, y su música hipnotiza a centenares de personas frente a su fachada, donde contemplan entusiasmados la proyección audiovisual de la austríaca Teresa Mar, “Paradiso”, en la que imágenes de animales y paisajes tiñen el histórico edificio.

Mientras el olor a mazorcas de maíz impregnan el aire de la ciudad, la obra del cineasta mexicano Eugenio Polgovsky “Laberinto de luz (el Kiostrópetro)” se instala en el Kiosko de la Alameda, en el que mediante un zootropo y con prismas de cristal para difractar la luz blanca, Polgovsky capta la mirada de parejas, familias y niños.

Uno de los voluntarios del Filux, Andrés García, que ya lleva tres años en el festival, comenta a Efe que este es el primer año que colabora en un espacio al aire libre, ya que en las otras ediciones había estado en museos, y celebra que en esta vez las sedes se hayan ampliado de quince a diecisiete.

Cruzando toda la avenida Juárez, el “Arcoiris Global”, una instalación de arte público creada por Yvette Mattern, baña el centro histórico con siete rayos de luz láser representando el espectro del arcoíris con una trayectoria que alcanza hasta los 60 kilómetros.

La proyección de luz láser de más de 120 watts parte del Monumento de la Revolución, donde centenares de personas disfrutan tanto del arcoíris como de las fuentes de colores, que provocan gritos infantiles y las carcajadas de los más mayores.