ENTREVISTA

Manolo Solo: “Interpretar a Felipe González es un 'embolao' muy grande”

Aunque cuando llega a la redacción de eldiario.es no lo parezca, el actor Manolo Solo es mucho de meterse en líos. Detrás de su cara de no haber roto un plato se encuentra uno de los mejores intérpretes de su generación con muchos retos en el currículum. Hagamos cuentas. En comedia le hemos visto en “Quién mató a Bambi”, “Impávido” o en esa joya serial aún inédita, “José Ramón”, de Montero y Maidagan. En drama, en la espléndida “La herida” de Fernando Franco. En thriller, acaba de dar vida al periodista de sucesos de “La isla mínima” de Alberto Rodríguez, una de las películas más importantes de 2014.

Hoy charlaremos sobre sus últimos trabajos en teatro documental: él ha interpretado al juez Ruz en “Ruz-Bárcenas”, que regresa al Teatro del Barrio en marzo, y también está metido de lleno en otros dos personajes reales. El primero, una recreación increíble de Felipe González en la estupenda “Las guerras correctas” de Gabi Ochoa, ya en cartel en el Teatro del Barrio; y el segundo, todavía en preproducción, el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, en “González” del novelista y colaborador de eldiario.es, Isaac Rosa.

“Las guerras correctas” se centra en la mítica entrevista de Iñaki Gabilondo a Felipe González del 95, cuando el periodista le preguntó muy directamente sobre los GAL. Manolo, lo primero, ¿qué se siente al meterse en la piel de Felipe González?

Un embolao muy gordo que se lleva con la mayor de las temeridades. Es un personaje que conoce todo el mundo en España y todo el mundo lo tiene en la cabeza. Da miedo pero lo que más miedo da es que me digan “pero si no te pareces en nada”. Es obvio que no me parezco: aspiro a que se olviden de esto en cinco minutos. No soy un imitador. Quiero darle verdad y que entren en lo que le pasa a Felipe González en ese momento: el núcleo central de la obra es la entrevista en TVE en el 95, cuando estalla el escándalo de los GAL, destapado por El Mundo. Jordi García Candau, director entonces de TVE, le dice a Felipe que es una buena táctica salir a la palestra y responder a las preguntas de un periodista, Iñaki Gabilondo, que tiene mucho peso y una carrera sólida. Felipe González acude a esa entrevista y sale marcado… y pierde las elecciones. Hay algo que no ha acabado de asumir todavía, años después, y tiene una conversación pendiente con Gabilondo. El núcleo central de la obra es la entrevista pero hay unos antecedentes y un epílogo de ajuste de cuentas.

En “Ruz/ Bárcenas” sois Pedro Casablanc y tú, pero en “Las guerras correctas” aparecéis cuatro actores.

Sí, está Luis Callejo haciendo de Iñaki Gabilondo: fantástico, tenía muchas ganas de trabajar con él. Chani Martin, en el papel de Alfredo Pérez Rubalcaba, y César Tormo, completando el reparto como Jordi García Candau. No lo digo por decir, en esta época de preparación, apetece doblemente ir a ensayar solo por trabajar con ellos.

Como ciudadano, ¿qué fue Felipe Gonzalez para ti?

Yo en aquella época no me enteraba demasiado de la política. Cuando era adolescente viví la Transición, pero enseguida me decepcionó. Lo que en un principio había recibido con curiosidad y alegría, me decepcionó. Lo que era indudable era el empaque de Felipe González: una personalidad arrolladora, un tipo hipnótico que nunca perdía un combate dialéctico. Hemos asistido a su progresiva derechización, que también me parece respetable.

Frente a un personaje de ficción, del estilo del periodista de “La Isla Mínima”, ¿cómo encaras a un personaje real… y vivo?

No lo pienso demasiado, si no, me bloqueo. Es diferente un personaje basado en alguien real, como el reportero de “La isla mínima”, que alguien “real”, pero tampoco te puedes pasar: tienes que parar de documentarte en algún momento porque también por ese lado, por sobredocumentación, te puedes bloquear. A partir de ahí, vamos a jugar: saber lo que quiere decir el autor, discutir y negociar con lo que no estés de acuerdo y, una vez puestos de acuerdo, jugar.

Hablando de jugar, todos los que estáis en “La isla mínima”, dentro de que es un drama, se nota que lo habéis pasado muy bien. ¿Cómo recibís todos estos premios y menciones?

No miento si te digo que esto no se esperaba, al menos, al nivel que ha adquirido.

¿Vais a ganar el Goya? (Risas) (Nota: la entrevista se realizó antes de los Goya y Manolo acertó de pleno: se llevaron diez estatuillas a casa)(Risas)

Claro, unos cuantos. (Más risas)

Felipe González, el ser vivo que viene. El ser vivo de antes, el juez Ruz, al que vuelves a interpretar con el regreso de la obra “Ruz/ Bárcenas” al Teatro del Barrio de Madrid en marzo.

Me llamó Alberto San Juan y me dijo “¿Te apetece hacer de Ruz?”. Y le dije “Ruth, ¿qué Ruth?” (se ríe). “El de Bárcenas… el texto es una transcripción de la declaración de Bárcenas”. Me lo leí y me pareció árido pero a la vez, un reto. No tenía la certeza de que se pudiera mantener el interés con una declaración judicial durante ese tiempo. Fue una aventura: Casablanc (Bárcenas), el autor, Jordi Casanovas, Alberto San Juan y yo nos sentamos con directores y actores a hacer una lectura y, sorprendentemente, las caras de la gente eran de sorpresa. Nos motivaron y jalearon para seguir adelante. Es un experimento de Jordi y Alberto que ha salido bien.

Ya que has escuchado ya unas cuantas veces la declaración, ¿cómo describirías a Luis Bárcenas desde la piel de “tu” juez Ruz?

Le va la cabeza a doscientos por hora. Y luego lo que piensa lo expresa de forma muy elocuente con una memoria prodigiosa, con una cantidad de datos tremendos. Y siempre tienes la duda de si está diciendo la verdad o está diciendo solo lo que él quiere que tú sepas. Te queda siempre esa duda. Creo que Bárcenas no miente, lo que creo es que también no hace demasiada sangre en algunos temas y en otros se explaya: Cospedal es su némesis, a Rajoy le cae algo pero siempre parece que le podría caer algo más.

¿Qué ha supuesto Ruz en tu carrera? Visto como espectador parece un rol pivotal en tu carrera.

Es muy temprano para elucubrar eso sobre mi carrera, con la obra casi empezando, yo trato de moverme por un espectro amplio: la comedia, el drama... el teatro documental nunca lo había tocado...

Nadie lo había tocado. Y tú volverás a al ataque con un proyecto que está todavía en preparación y que probablemente se estrene en abril: “González”, una obra de ficción de Isaac Rosa para Teatro del Barrio que remite a un político real que se parece peligrosamente al Presidente de la Comunidad de Madrid.

Es un texto espléndido que se centra sobre la corrupción. Es una ficción que habla sobre este presidente de la Comunidad que es objeto de una comisión de investigación por corrupción y contrata a una asesora de comunicación que está en las antípodas de su ideología. También aparece la pareja de ella que poco a poco, como su mujer, sufre una transformación progresiva. Esta obra no habla de la corrupción de manera genérica sino que baja a pie de obra, lo que nos afecta a ti o a mí: cómo todos podemos ser corruptos en nuestras parcelas de vida.

En “González” se repite mucho la frase “si tú estuvieses en mi lugar, también serías corrupto, cogerías el sobre”. ¿Y si tú estuvieses en su lugar, qué harías, Manolo?

No lo sé. Quiero creer que no, pero vete tú a saber...

“Ruz/ Bárcenas”, “González”, “Las guerras correctas”... son producciones pequeñas, ¿crees que la mediana producción está desapareciendo, al estilo de la clase media en España?

Está funcionando mucho la microsala con producción muy diversificada pero que tienes la sensación de que al final, somos los mismos actores los que vamos a verlas, con una cierta endogamia: en lugar de organizar comidas unos a otros, nos vamos a ver a las salas (nos reímos).

¿Hoy cómo se puede ganar la vida uno como actor?

Malamente… no somos los únicos, claro. No sabría establecer porcentaje pero tengo la sensación de que por lo menos la mitad no están trabajando...

Nos ha quedado un poco bajonero el final de la entrevista, Manolo.

No sé qué podría hacer para terminar, ¿enseñar un huevo?

(Risas) Creo que terminar una entrevista con las palabras “enseñar un huevo”, nos deja en un buen lugar.