THE GUARDIAN

Trabajadores migrantes en Israel, atrapados en la guerra por las deudas

Katie McQue

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En Israel, algunos de los cerca de 100.000 trabajadores migrantes que hay en el país no pueden regresar a casa junto a sus familias tras el ataque de Hamás del 7 de octubre. Afirman que es por las deudas que contrajeron para pagar las elevadas tarifas que cobran las agencias de colocación a cambio de conseguirles trabajo.

Al menos 50 trabajadores migrantes murieron en Israel por el asalto del 7 de octubre y decenas fueron secuestrados. Hasta el momento, de acuerdo con la información divulgada por los medios y el Gobierno israelíes, se sabe de 32 tailandeses –cifra confirmada por el Ministerio de Exteriores de este país–, cuatro filipinos y diez nepalíes. Unos 30.000 tailandeses se encontraban en Israel, entre ellos 5.000 empleados en el sector agrícola en el sur del país, cerca de Gaza, cuando los milicianos palestinos perpetraron el ataque. Más de 7.200 han regresado a Tailandia en vuelos de evacuación, pero no todos pueden permitirse abandonar sus puestos de trabajo.

Después de verse atrapados por unos ataques en los que murieron unas 1.400 personas, varios de esos trabajadores migrantes hablaron con el periódico The Guardian sobre sus ganas de volver a casa y su miedo a no poder salir de Israel. Todos dijeron que no podían regresar debido a las elevadas cifras, en algunos casos de decenas de miles de dólares, que antes de viajar habían tenido que pagar a las agencias de colocación para trabajar en Israel.

En el fuego cruzado

Diana*, una trabajadora filipina de 33 años, estaba trabajando en el kibutz Be'eri, a 5 kilómetros de Gaza, cuando el 7 de octubre el kibutz fue arrasado a primera hora de la mañana. Cuenta que se vio obligada a esconderse junto al hombre de 88 años al que cuidaba en un refugio antiaéreo, mientras los terroristas trataban de romper la cerradura para entrar. Sobrevivió al ataque, pero algunas de sus compañeras murieron. “Fue aterrador, sentí que eran mis últimos momentos con vida”, afirma.

Diana y su empleador pasaron 18 horas escondidos sin agua ni comida, hasta que a las dos de la madrugada las fuerzas israelíes acudieron en su rescate. Pese al trauma que le produjo la horrible experiencia, dice que no puede regresar a su hogar, como le está pidiendo su familia. “Aún no tenemos una casa, queremos construirnos una”, dice. “Llevará otros tres años de trabajo aquí”.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), son los empleadores los que deben hacerse cargo de las tasas para contratar a trabajadores en el extranjero. Pero Israel hace que sean los propios migrantes los que paguen esas “tasas de contratación”, una práctica que le ha valido muchas críticas por parte de expertos en derechos humanos.

En el país, hay una elevada demanda de trabajadores migrantes para cubrir puestos de trabajo –la gran mayoría, como cuidadores y en el sector agrícola y de la construcción–, por lo general mejor pagados que en otros países de Oriente Medio. De ahí que las agencias de contratación en los países de origen inflen sus tarifas para los que buscan trabajo, desesperados en muchos casos por mantener a sus familias.

Además de las elevadas deudas que contraen para trabajar en Israel, la escasez de mano de obra en el sector sanitario y en el agrícola puede dar lugar a la explotación de los migrantes, que se ven obligados a trabajar sin descanso durante muchas horas seguidas.

Pagar por trabajar

El año pasado, Saket*, cuidador indio de 29 años, tuvo que pedir un préstamo para pagar los más de 20.000 dólares (unos 19.000 euros) que le cobró una agencia de contratación a cambio de conseguirle trabajo en Israel. Aunque India y Filipinas están fletando vuelos para repatriar a sus ciudadanos, Saket dice que regresar no es una opción para él. “Hacemos de todo para conseguir este tipo de trabajos por el sueldo que se cobra”, explica.

Saket cobra en Israel 1.500 dólares al mes (unos 1.400 euros), aproximadamente el triple de lo que ganaría en países del Golfo Pérsico como Arabia Saudí o Kuwait. “Las tarifas para conseguir trabajo en Israel son diez veces las que se pagan a las agencias de contratación para ir al Golfo”, asegura. “Por eso la gente no viene mucho aquí; si tienes dinero, vienes a Israel; si no tienes, no puedes”.

El director y cofundador de la ONG londinense por los derechos humanos FairSquare Projects, Nicholas McGeehan, dice que los migrantes son una parte invisible y olvidada de la población de Israel, cuyo Gobierno debe protegerlos. “En ocasiones anteriores, a los trabajadores migrantes de la agricultura les han obligado a seguir trabajando incluso durante ataques con cohetes desde Gaza”, denuncia.

“El riesgo es desproporcionado para los trabajadores de la agricultura obligados a trabajar mientras se producen ataques”, añade. “El hecho de que tantos trabajadores migrantes se hayan visto atrapados en las masacres del 7 de octubre ojalá recuerde a los israelíes que existen otras minorías entre ellos, que también merecen protección y cuidado”.

*Los nombres han sido cambiados para preservar su identidad.

Traducido por Francisco de Zárate y editado por elDiario.es