En mal momento: ideas visionarias de la burbuja puntocom que ahora sí funcionan

10 de marzo de 2000. Explota una burbuja repleta de proyectos digitales, de unos y ceros que se las prometían muy felices en el cambio de siglo, con grandes cifras de inversión en un reluciente sector nuevo. Pero la burbuja estalla, y se lleva por delante a muchas de esas empresas prometedoras, aunque las ideas que estaban en la base no iban a decir, ni mucho menos, su último adiós.

Muchas regresarían a lo largo de los tres lustros siguientes, con renovado impulso. Ahora, cuando faltan menos de dos años para despedirnos de otra década, la vida no podría entenderse sin algunas. Quizá nacieron demasiado pronto o lo hicieron en el peor momento posible. Esta es su época: ahora son negocios multimillonarios.

El mérito, eso sí, es para otros. Por ejemplo, el de popularizar el reparto de comida a domicilioWebvan era una startup que vendía productos de alimentación online. Fundada en 1996, ofrecía productos frescos 30 minutos después de realizar el pedido, sin gastos de envío. En su corta historia (la empresa quebró en 2001), llegó a cubrir diez áreas de Estados Unidos, desde Los Ángeles y la bahía de San Francisco hasta Chicago, Atlanta o Seattle.

Creció muy rápido, porque contaba con muchos recursos para ello. Y lo acelerado de su expansión, precisamente, fue una de las razones de su ocaso, según alguno de sus responsables. También, su deseo de salir a bolsa demasiado pronto y la acumulación de pérdidas: más de 800 millones de dólares en 2001 (898 millones de euros en la actualidad, con la inflación ajustada). Cuando declaró la bancarrota, despidió a sus 2.000 empleados y donó a bancos de alimentos los productos que guardaba en los almacenes.

Hoy, las startups que te llevan el supermercado a casa tienen otros modelos de negocio. Se centran en la entrega y en la relación con el cliente, y establecen acuerdos con otras empresas para conseguir los productos (como ha hecho Amazon con Día en España). Algunas cobran gastos de envío, como la estadounidense Instacart o la española Deliberry, u ofrecen una suscripción anual, como Amazon Prime Now

Además de alimentos, otro de los frentes de éxito en la economía digital es la entrega a domicilio de pedidos de restaurantes o paquetes. Ejemplo de ello son Deliveroo, enfocada en comida, o Glovo, creada en Barcelona y que recoge y transporta casi cualquier cosa que se le pida. Ambas están corriendo mejor suerte (polémicas laborales aparte) que Kozmo en su momento.

Fundada en 1998 y desaparecida en 2001, Kozmo prometía entregar en una hora y en varias ciudades estadounidenses mercancías tan diversas como libros, comida y café de Starbucks. El modelo de negocio era similar al actual: los pedidos se entregaban de forma gratuita en bicicleta o coches. Nació, como otras tecnológicas, en la mente de unos veinteañeros universitarios: Joseph Park y Yong Kang se lamentaban una noche de no tener cerca cintas VHS y cosas para picar, y se preguntaron por un negocio que pudiera suministrárselos.

La compañía levantó 250 millones de dólares en sus tres años de vida y recibió acusaciones de desatender los barrios de población negra de aquellas ciudades en las que operaba (sus responsables alegaban que estaban en aquellos donde la penetración de internet era mayor). Cuando la burbuja pinchó, el dinero dejó de fluir y la compañía, con 1.100 trabajadores, cerró. En la actualidad, con otros nombres y previo pago de los envíos, su idea está teniendo mucho éxito en todo el planeta. Y ojo, porque en 2013 Kozmo aseguró que regresaba. ¿Todavía estará a tiempo?

El 'streaming' que no funcionó

Park y Kang se preguntaban cómo conseguir de forma fácil cintas de vídeo, y de ahí surgió un antepasado de Glovo y Deliveroo. Por aquella época, otros tuvieron la idea de crear un servicio de vídeos en streamingstreaming para los que no haría falta un reproductor de cuatro cabezales. Pero fracasaron.

Si hoy muchos internautas siguen en YouTube el canal en directo de 'Operación Triunfo', hace 20 años podrían haberlo hecho en un antepasado del servicio de Google. A finales de los 90, Pixelon prometía la distribución de vídeo a través de internet, con numerosos canales para elegir contenidos.

El furor duró poco, porque las tecnologías que usaba para ello no resultaron ser todo lo buenas que prometían: su propia fiesta de lanzamiento, celebrada en Las Vegas en octubre de 1999 y en la que iban a actuar KISS o Tony Bennet, no pudo retransmitirse en directo a través de internetLos 16 millones de dólares que al parecer costó se fueron prácticamente a la basura. Los responsables tuvieron que admitir que su tecnología no era capaz de comprimir los datos de las emisiones.

Igual suerte corrió Pseudo.com, que emitía vídeo en directo desde Nueva York y que se declaró en bancarrota tras el estallido de la burbuja. Durante su trayectoria, de 1994 a 2000, levantó 32 millones de dólares de todo tipo de inversores de alto nivel, tal y como contó uno de sus fundadores, Dennis Adamo, a HojaDeRouter.com. Quizá la mejor lección que aprendieron los emprendedores posteriores fue que el dinero no se debía gastar en fiestas. Y que improvisar no siempre sale bien: “No teníamos las métricas, no teníamos la audiencia y ni siquiera pensábamos en la forma de monetizar el servicio”, reconocía Adamo.

Otro tipo de contenido era el que distribuía Ritmoteca.com: música descargable, como una especie de iTunes primigenio. Tenían acuerdos con importantes discográficas como Sony, Warner o Universal. Nació en 1998 y en el año 2000 estaba preparada para salir a bolsa, pero el estallido de la burbuja y la competencia de Napster, que permitía obtener música gratis, la hicieron desaparecer. Años más tarde, el servicio de Apple, Spotify o Pandora han conseguido que paguemos por escuchar nuestras canciones favoritas.

Un bitcóin en los 90

Los divisas virtuales, con Bitcoin a la cabeza, están en auge. Sin embargo, algo en apariencia tan novedoso ya tuvo un precedente a finales del pasado siglo. Flooz fue una especie de moneda para usar solo en internet, como las millas de las compañías aéreas o los puntos de otros servicios. Solo se podría gastar de forma digital en algunos comercios asociados, como las librerías Barnes & Noble. Sus promotores querían sustituir así a las tarjetas de crédito; irónicamente, hacía falta una de estas para adquirirlas. Para promocionar el producto, la actriz Whoopi Goldberg protagonizó un anuncio televisivo.

La idea que nació en 1999 no tuvo mucho recorrido, y la compañía cerró en 2001, no sin antes hacerse con 35 millones de dólares de empresas de capital riesgo. Curiosamente, en Francia, una ‘app’ homónima sirve en la actualidad para hacer pagos entre particulares, como muchas otras en España

Los accesorios para perros que sí han triunfado

A finales de siglo, lo que proponía Pets.com fue recibido con agrado: comprar accesorios para las mascotas y recibirlos en casa. Un anuncio de la compañía apareció en la SuperBowl de enero de 2000 (recordemos: aún había dinero para gastar en uno de los grandes eventos deportivos y publicitarios de Estados Unidos), y la mascota, un perro marioneta, se hizo muy popular.

La idea de Pets.com, que contó con 300 millones de dólares de financiación durante su corta historia (de 1998 a 2000), no se diferenciaba mucho de otras que hemos visto y que no tuvieron un final feliz. En este caso, perdían dinero con las ventas, y en el año 2000, con la burbuja pinchada, no iban a recibir más dinero de fondos de capital riesgo.

En la actualidad, el comercio electrónico de productos para mascotas vive mejores momentos. La estadounidense PetSmart compró el año pasado Chewy.comChewy.com, una web de venta de productos para animales que en 2016 ingresó 900 millones de dólares (más de 735 millones de euros). Según lo publicado, el monto de la operación ascendió a 3.350 millones de dólares (más de 2740 millones de euros), la mayor suma que se ha pagado nunca por la compra de una tienda onlineonline.

Solo en España, el mercado de estos productos, a través de internet o en tienda física, genera unos 1.000 millones de euros anuales. Hasta Amazon ha decidido apostar por esta línea de negocio: la nueva sección se estrenó en su web española en junio del año pasado con 200.000 productos.

Antes del 'coworking'

Las startups más famosas han nacido o se han desarrollado en garajes, habitaciones de colegio mayor o viviendas familiares. También, más recientemente, en incubadoras o espacios de coworking. Aunque hoy encontrar uno de estos es sencillo, al menos en las grandes ciudades, hace casi veinte años no lo era. En aquella época, dos emprendedores buscaban su hueco sin saber lo que se avecinaba. Y así nació Startups.com.

Sus cofundadores, Donna Jensen y Justin Segal, vieron negocio en ofrecer a todas esas empresas que estaban brotando servicios tan variopintos como asesoría legal, preparación de nóminas, la instalación del teléfono o la decoración para las estancias de sus oficinas.

Sin embargo, Startups.com vio la luz en el peor momento posible: en marzo de 2000, cuando la burbuja explotaba y caía el número de empresas a las que captar como clientes. Aun así, recaudó 15 millones de dólares de la época (17,69 millones de euros actuales, con la inflación ajustada), muchos de los cuales tuvo que devolver en 2002. En la actualidad, los espacios de coworking y coliving coworkingcolivingo los viveros de empresas están a la orden del día. Con una idea parecida (y con más empresas o emprendedores a los que atraer), proporcionan despachos, líneas de teléfono o, simplemente, una mesa, una silla y una conexión wifi a los emprendedores.

Al contrario que nuestros protagonistas, empresas como Google o Amazon capearon la burbuja y ahora son gigantes de internet. Ahora, tanto estas como Deliveroo, Spotify y otras tantas que rescatan ideas de aquella época están viviendo un momento de gloria que sus predecesoras solo pudieron acariciar. Tal es la enorme diferencia que supone estar en el lugar y en el momento indicados.

-------------------

Las imágenes son propiedad, por orden de aparición de Wikipedia (1, 3) e Ingenuity (2)