ANÁLISIS

Los trumpianos que aman a Putin

Cuando los tanques soviéticos entraron a sangre y fuego en Hungría en 1956, hubiera sido extraño escuchar al expresidente estadounidense Harry Truman diciendo que era una “genialidad” del líder ruso Krushchev. Cuando en 1968 invadieron Checoslovaquia, no se recuerda que el periodista Walter Cronkite justificara a Leonid Brezhnev ante su audiencia explicando que el país invadido era una marioneta de EEUU. Y sin embargo, eso es exactamente lo que ha pasado ahora: es lo que han hecho el expresidente Trump y el presentador Tucker Carlson, la estrella de la cadena de tendencia editorial ultraconservadora Fox News.

La política estadounidense ha llegado a un punto en el que los votantes republicanos confían más en Vladimir Putin que en su propio presidente. Es cierto que no se debe a que le tengan mucho cariño al líder ruso, sino al odio que le tienen a Biden, pero aún así llama la atención. Si en lo peor de la Guerra Fría le hubieran preguntado a los estadounidenses si confiaban más en Eisenhower o en Krushev, muchos le hubieran recomendado al encuestador visitar a un psiquiatra. La popularidad del presidente republicano estaba entonces en un 67% entre los votantes de la oposición: hoy Biden no llega ni al 10%.

Trump y Putin: una historia de amor

El “trumpismo”, con el expresidente a la cabeza, no ha ocultado nunca su admiración por Putin. En realidad, su entusiasmo casi por cualquier autócrata: Trump dice ahora que Putin es “muy sabio” por lo que hace en Ucrania, pero ya antes alabó la “fortaleza” del dictador norcoreano Kim Jong Un porque “cuando habla, su gente se pone firme, yo querría que mi gente hiciera lo mismo”. Un fetichismo autoritario que incluyó también durante años al presidente chino Xi Jinping, un “hombre fuerte” del que decía que “como presidente vitalicio, es como un rey”.

El entusiasmo dictatorial de Trump no le está poniendo las cosas fáciles a los republicanos durante esta crisis. La invasión ha coincidido con la gran conferencia anual conservadora en la que hablan casi todos los líderes del partido y están sufriendo para criticar la reacción de Biden a lo sucedido en Ucrania, pero a la vez sin hablar de Putin para no incomodar al expresidente. Ante esta difícil misión, un senador republicano le ha contado a sus votantes que Rusia sigue siendo “un país comunista” y que ha invadido a su vecino porque necesita cereales para alimentar a su población. El senador va con unas décadas de retraso.

Este sábado, Trump pareció recular en su apoyo a Rusia y dijo en una entrevista a Fox News que la invasión “no debería haber pasado nunca” y que los ucranianos estaban demostrando “mucho valor” aunque no se atrevió a criticar a Putin.

En el partido conviven dos tendencias contrarias: los votantes siguen estando muy a favor de Trump y a la vez fervientemente en contra de su admirado Putin. El 82% tiene una buena opinión del expresidente pero, según todas las encuestas, desconfían abrumadoramente del líder ruso y están en contra de la invasión de Ucrania. En esto están en línea con el resto del país, ya que el 80% de los estadounidenses tiene hoy una opinión negativa de Rusia, el máximo desde 1983 y ya muy cerca de las cifras de los peores tiempos de la Guerra Fría

Recuerdos de la Guerra Fría

La gran diferencia con aquellos tiempos no está en lo que piensan los estadounidenses de lo que está pasando, sino en lo que están dispuestos a hacer al respecto. No es sólo que se opongan a que su país envíe tropas a Ucrania, es que apenas un 25% quiere siquiera que “juegue un papel principal” en esta crisis. Las desastrosas ocupaciones de Irak y Afganistán siguen siendo un recuerdo muy vivo y tanto los votantes demócratas como los republicanos parecen estar de acuerdo en evitar aventuras militares de cualquier tipo. 

Ese vigoroso aislacionismo es una de las principales transformaciones que Trump consiguió en el partido republicano respecto de los años de Bush y se mantiene pese a su marcha. A diferencia de él, los estadounidenses no consideran a Putin “un genio” y lo que quieren es sancionarlo por lo que está haciendo en Ucrania, pero no pararle los pies por la fuerza. Biden también lo sabe y, aunque eleve la retórica, conoce dónde están los límites a lo que puede hacer en esta crisis.

Trump ya ha demostrado que son pocas las cosas que puedan dañar su imagen entre los votantes republicanos. Si no le han abandonado después de promover un intento de golpe de estado, seguro que le perdonarán unas cuantas alabanzas a Putin. Además siempre puede decir que su estrategia funcionaba mejor: hoy un 62% de los estadounidenses cree que, si Trump estuviera en el poder, Putin no habría invadido Ucrania

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