Dormir en dos tandas: la costumbre de descanso de los europeos antes de la luz eléctrica
Irse a la cama, dormir unas cuantas horas, desvelarse a medianoche y acostarse de nuevo para completar el descanso hasta la salida del sol. Aunque en la actualidad parezca un hábito poco común, esta pauta de sueño estuvo muy arraigada en diversas comunidades europeas antes de la implantación general de la luz artificial. Durante siglos, abundantes documentos históricos han dejado constancia de un descanso fragmentado en dos fases, separadas por un periodo de vigilia que se aprovechaba para llevar a cabo variadas tareas cotidianas.
El historiador estadounidense A. Roger Ekirch destaca como una de las principales autoridades en el estudio de esta costumbre, denominada sueño bifásico o segmentado. En 2001 difundió Sleep We Have Lost, un ensayo en el que revisó testimonios de la época y sostuvo que dormir en dos fases constituía una práctica habitual en Europa occidental antes de la industrialización. Según sus investigaciones, la gente solía acostarse poco después del anochecer para dormir un primer bloque de entre tres y cuatro horas.
Después se despertaban y permanecían activas durante un periodo que podía prolongarse alrededor de una hora. Una vez transcurrido ese intervalo, volvían a acostarse para iniciar un segundo tramo de descanso que se extendía hasta la mañana. No existía una norma horaria rígida ni un seguimiento idéntico en toda la población, dado que la época del año, el nivel socioeconómico y las faenas diarias alteraban de forma sustancial las rutinas de descanso.
¿Qué hacían durante el intervalo de vigilia?
Aquel desvelo en mitad de la madrugada no suponía quedarse quieto entre las sábanas esperando a conciliar de nuevo el sueño. Los textos de la época recopilados por Ekirch describen ocupaciones muy diversas. Había quienes dedicaban esos minutos a la oración, al diálogo con parientes y vecinos o al arreglo de pequeños quehaceres del hogar. Otros preferían descansar con calma, meditar sobre lo soñado o mantener encuentros íntimos.
Para comprender por qué podía desarrollarse este patrón, es necesario tener en cuenta las condiciones de vida de aquella época. Antes de que la iluminación eléctrica se generalizara, la oscuridad condicionaba buena parte de la actividad cotidiana. Las velas y las lámparas de aceite permitían iluminar las viviendas, pero su utilización estaba limitada por el coste y la disponibilidad de combustible. En los meses de invierno, especialmente en las zonas rurales, las noches podían prolongarse durante muchas horas.
La ausencia de luz condicionaba los horarios y las opciones de realizar actividades tras la puesta de sol. Pese a ello, esto no implica que toda la sociedad europea se retirara de inmediato a descansar ni que gozara de un reposo prolongado. La atención del ganado, el cuidado infantil, la vigilancia de las brasas y otros trabajos domésticos podían quebrar el sueño o desajustar los horarios. Conviene ver este descanso en dos tandas como una práctica constatada documentalmente y no como una pauta homogénea para todos.
Lo que dice la ciencia sobre dormir en dos periodos
En 1992, el psiquiatra Thomas Wehr dio a conocer un experimento en el que evaluó la respuesta del sueño de varios voluntarios al alterar su exposición a la luz ambiental. Al restringir las horas de claridad, comprobó que el descanso tendía a estirarse y, en muchos casos, se partía en dos fases distintas divididas por una vigilia de entre una y tres horas.
Este ensayo puso de manifiesto que el organismo puede amoldarse a un descanso bifásico ante periodos concretos de oscuridad. Sin embargo, dicha prueba no certifica que esta forma de dormir resulte más beneficiosa, que todo individuo tienda de manera natural a ella o que representase la costumbre general en Europa en siglos pasados.
La implantación real de esta costumbre sigue generando discrepancias en el ámbito de la investigación histórica. En 2023, Niall Boyce difundió en la publicación Medical History una revisión crítica de los textos empleados por Ekirch. Su análisis cuestionaba que algunas expresiones antiguas como “primer sueño” o “segundo sueño” aludieran forzosamente a dos tramos separados por una vigilia prolongada, proponiendo que esas fórmulas podían encerrar matices diferentes.
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