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Figueira Brava: donde los neandertales comían marisco hace 90.000 años

Madrid —

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Madrid, 7 feb (EFE).- Aunque los neandertales se adaptaron con éxito a las frías y duras condiciones de las estepas, también vivieron en áreas costeras del Atlántico y el Mediterráneo, lugares en los que supieron aprovechar los recursos marinos e incorporar el marisco a su dieta.

Lo demostró hace tres años, el paleontropólogo portugués João Zilhão, en un estudio basado en la excavación de la cueva de Figueira Brava -al sur de Lisboa- que revelaba no solo que los neandertales vivieron allí hace unos 90.000 años, sino que además consumían moluscos, crustáceos, peces y mamíferos como el delfín o la foca gris.

El hallazgo sorprendió porque hasta entonces apenas se habían encontrado indicios de que estas prácticas fuesen habituales entre los neandertales.

De hecho, uno de los modelos de evolución humana más extendidos planteaba que los ancestros del Homo sapiens, que vivieron en el África subsahariana y fueron contemporáneos de los neandertales, mejoraron sus capacidades cognitivas gracias al consumo de pescados y mariscos ricos en ácidos grasos omega 3.

El estudio de Zilhão ponía en duda esta hipótesis y demostraba que el consumo de pescado y marisco no fue una diferencia entre ambas especies.

Hoy, una nueva investigación publicada este martes en la revista Frontiers in Environmetal Archaeology y liderada por la investigadora del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (Iphes) Mariana Nabais, ofrece nuevos datos sobre los restos hallados en este yacimiento y sus características tafonómicas.

El estudio, basado en el análisis del material zooarqueológico recogido en las campañas de excavación entre 2010 y 2013, revela que el yacimiento contenía gran variedad de restos de moluscos y, sobre todo, una abrumadora cantidad de cangrejos pardos (buey de mar) de gran tamaño.

El análisis de los restos permitió descubrir que la mayoría de los cangrejos eran adultos de gran tamaño -de aproximadamente 16 centímetros y cerca unos 200 gramos de carne- que no presentaban marcas de depredadores (como aves o roedores) ni marcas de caza, lo que les llevó a pensar que habían sido capturados en charcas de marea baja en verano.

El tipo de fractura de los restos de los bueyes de mar revelaban que fueron intencionadas -para acceder a la carne- y, dado su tamaño, el estudio sugiere que los neandertales capturaban los más grandes para asegurarse más alimento.

Asimismo, el estudio sugiere que, al igual que hacían con otros moluscos, como con los mejillones y las almejas, los neandertales también asaban los bueyes de mar -como demuestran las quemaduras negras de los caparazones- a entre 300 y 500 grados centigrados.

“El estudio zooarqueológico todavía no ha terminado, pero nos parece que entre cangrejos, moluscos y pescado, los recursos marinos tenían un peso significativo en la dieta de estos neandertales”, detalla Nabais en declaraciones a EFE.

Para la arqueóloga, estos resultados “añaden un clavo más al ataúd” de los viejos estereotipos de que los neandertales “eran primitivos habitantes de las cavernas que apenas podían ganarse la vida hurgando en los cadáveres de animales de caza mayor”.

“Junto con las pruebas asociadas del consumo a gran escala de lapas, mejillones, almejas y una serie de peces, nuestros datos refutan la idea de que los alimentos marinos desempeñaron un papel importante en la aparición de capacidades cognitivas supuestamente superiores entre las primeras poblaciones humanas modernas del África subsahariana”, subraya Nabais.

Y aunque es imposible saber por qué los neandertales escogieron capturar cangrejos o si su consumo tenía algún significado, fueran cuales fueran sus razones, comerlos les dio unos beneficios nutricionales significativos, defiende el estudio.

“La idea de que los neandertales eran carnívoros de alto nivel que vivían de los grandes herbívoros de la estepa-tundra es muy sesgada”, concluye Nabais.

Para la investigadora, estas opiniones pueden aplicarse hasta cierto punto a las poblaciones neandertales del cinturón periglaciar de la Europa de la Edad de Hielo, pero no a las que vivían en las penínsulas meridionales“.