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Cambio climático y participación en un Frente Amplio.

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La generación de la Transición algo conseguimos, tras décadas en que calaron formas socio-políticas menos jerárquicas. Luego en la transición (con sus peleas partidistas internas y externas) se desarboló todo el tejido social más democrático que se había construido. El desinfle de los movimientos estudiantil, vecinal o sindical que lucharon contra el franquismo y en la Transición fueron vaciándose, lo que en los 90 dio paso a gobiernos más de derechas y a la burbuja inmobiliaria que estalló en 2007-8. Con el cambio climático tenemos un reto parecido, no basta con Conferencias internacionales o los Informes mundiales y las advertencias científicas, o declaraciones de los gobiernos. Lo que se está difundiendo son los hechos de la pandemia y sus miedos, a contracorriente de la libertad y la vida. Lo que llega a la gente no son teorías sino cosas evidentes, como el fin de la dictadura, la entrada en el euro, la pandemia, etc. Lo que llega a la gente común no son los debates sobre el decrecimiento o por una apuesta verde más o menos moderada. No parece que la generación del 15M haya aprendido la lección de que no basta el grito de un día o unos meses, sino la constancia de años desde la auto-organización en la sociedad, para que haya cambios significativos. Hace falta mucho tejido social desde la base, e incluso “comunidades resilientes” para aprender a vivir con calidad de vida y menos consumismo, con ejemplos “pro-comunes” que den envidia porque vivimos con economías solidarias, con métodos y democracias participativas.

La pandemia sí está llegando a todas partes y de forma controvertida, porque está impidiendo aquella “normalidad” del consumismo de algunos y provocando la pobreza de muchos más. De forma vaga se va asociando con la globalización y el cambio climático, y el discurso verde va calando, pero mucho más lentamente que los tiempos que se necesitan para evitar las crisis que vienen. Estamos desconcertados en este mundo que se prometía tan feliz, y con tanta ciencia, pero donde no sabemos apenas salir de estas infecciones, de un volcán, o de crisis económicas seguidas y que empobrecen a numerosas familias. Claro que también cabe negar todo, proclamar la libertad de volver al mundo del que veníamos, y “dar caña al mundo” (como escuché a unos motoristas quemando gasolina y haciendo el mayor ruido posible). Como todo es una porquería y total, no hay solución, y para unos años de vida, mejor vamos a nuestro aire sin importar lo demás, imitando “la libertad” de los ricos. Vemos que es desde la globalización y los grandes poderes desde dónde no se hace nada para parar el tren, e incluso que estamos prediciendo lo que va a pasar con el catastrofismo de nuestros datos y razones. ¿Es posible aprender a comunicarnos de otra forma, usar nuestras emociones de otra forma, con esperanzas concretas, con ejemplos vivos? No es cuestión de razonar tan solo con programas, sino pasar a prácticas y emociones experimentadas, que junten alternativas a la pandemia, globalización y cambio climático.

Vamos por la 6ª ola de contagios y todo se basa en la medicina curativa, el consumo de vacunas. Corea se adelantó con unos rastreos eficientes, y paró antes que Europa. La prevención, el rastreo de contactos, la atención primaria de salud, y las formas más eficientes no parecen ser la prioridad de los poderes dominantes. Pero ante estas crisis de la salud y las económicas en muchas partes del mundo se organizaron “ollas comunes”, “ayudas de barrio”, solidaridad comunitaria en general. Deberíamos prepararnos para situaciones que se van a repetir, pero la prevención solo nos surge en el límite, cuando ya empieza a ser tarde. Hay liderazgos simpáticos como el de la niña nórdica, hay otros más cercanos como el de algunos eco-feminismos, e incluso movilizaciones ante las cumbres mundiales. Pero no bastan las movilizaciones y los liderazgos, porque las desconfianzas desde la base son muy grandes y el tiempo se va reduciendo para poder detener las crisis. ¿Podemos aprender a superar los errores de la transición y del post-15M, y que “a la tercera vaya la vencida”? Las movilizaciones laborales y ciudadanas de Cádiz, de los pensionistas desde Euskadi, o las movilizaciones feministas para el 8 de marzo, precisan de continuidades auto-organizativas, no tan solo gritos colectivos (por cierto con liderazgos compartidos). Estamos en muchas experiencias e iniciativas de base hacia una transición ecológica, mostramos que se puede vivir con buena calidad de vida y menos consumismo. Pero… ¿Hay bases para un “frente amplio” que abarque todo esto, y sea sustentable porque se quiera respaldar desde las bases?

Tras la pandemia y tras las crisis dentro del Gobierno, ha saltado la posibilidad de construir un “frente amplio” desde buenas intenciones y notables figuras femeninas de la vida política. Pero la situación de los movimientos y los partidos (que querrían respaldar esta iniciativa) no es la mejor para llegar a acuerdos capaces de movilizar a la población. Existe una cierta frustración de las bases sociales tras lo que se trató de hacer después del 15M que nos llevó a algunos éxitos parciales (municipales de 2015), y fracasos tras las peleas entre líderes, difíciles de entender cuando los programas no tenian casi diferencias en el papel. Parece que las “democracias internas” no hayan funcionado, y que las consultas a las bases tampoco han sabido entusiasmar por la forma de estar orquestadas. No es la primera ni la última vez que se trata de construir frentes desde iniciativas de izquierda por lo que ya es posible establecer diferencias sobre sus resultados. Aún hay quién los piensa como “correas de trasmisión” desde los liderazgos, y no como “democracias participativas”, con iniciativas desde talleres de construcción colectiva, con “grupos motores” abiertos, donde los liderazgos deban ir al ritmo de la gente y no al revés.

Muchos de los “frentes” se iniciaron a partir de conversaciones entre líderes o entre partidos, y eso puede ser un inicio razonable, pero no siempre constituye un factor movilizador del entusiasmo para que sean respaldados por la gente de base. Los propios “círculos” de Podemos, que se formaron en breve plazo, dieron un cierto entusiasmo para las primeras elecciones a las que se presentaba este partido, pero fruto de las prisas en dar el “sorpaso” se descuidó esas bases sin la auto-organización, sin la adecuada democracia participativa, etc. y un cierto desencanto ha cundido. En cambio tenemos la experiencia de las candidaturas unitarias municipales (2015) que fueron casi lo contrario, y convendría no olvidar los entusiasmos de base que concitaron. No fue tanto “el tirón” de muchos liderazgos en aquella ocasión (aunque también ayudó), como que desde los activistas de base y la ciudadanía sí había movilización unitaria. Me tocó coordinar (con varios compañeros/as que conocemos las metodologías participativas) el programa de Ahora Madrid. Pudimos hacerlo con talleres participativos, aún contando con varias fraccciones dentro de IU, de Podemos, etc. además de Ganemos y otras tendencias, pero se pudo resolver con facilidad. Pues hay formas para que las “democracias participativas” no solo funcionen, sino que además aporten consensos viables entre distintas posturas, y esto lleve a movilizar los entusiasmos sobre todo desde abajo.

En 2019 la democracia de base ya no era sustentable, y no sé si lo hemos aprendido. De hecho, ya se venía olvidando, cuando bastantes Ayuntamientos del Cambio se fueron despegando (urgidos por las burocracias municipales y no pocas inexperiencias) de las formas democráticas que les habían aupado. Por ejemplo, se creyó que bastaba hacer consultas en los partidos, o en las administraciones, desde unas preguntas bastante plebiscitarias. O que las tecnologías motivan a la gente a participar como en el 15M, sin darse cuenta que a la gente ya motivada le resultó útil como en 2011, pero que no es así cuando no hay “grupos motores” que les entusiasme usar esta comunicación para lo social o lo político. En 2019 en Madrid, como en muchos otros municipios, los acuerdos y las peleas se hicieron tan solo por arriba, y la democracia participativa desde las bases simplemente no existió . Se confió en el tirón de los liderazgos y sabemos los resultados. En estos terrenos las derechonas tienen más medios y más experiencias. El elemento diferencial que se puede presentar para sustentar un “frente amplio” debe recuperar la capacidad de entusiasmo de la gente de base, con otras formas de hacer la política, democracia desde dentro hacia fuera, capaz de reivindicarla como algo creíble, también para llevarla a las instituciones. Contando con bases movilizadas sí se puede enfrentar el cambio climático o la pandemia.

Las lideresas que están lanzando esta iniciativa plantean superar las luchas de los egos precedentes. Pero eso no es solo una cuestión de buena voluntad. No hay costumbre en los partidos, ni en los sindicatos, ni en las asociaciones, de hacer formas “democráticas participativas”, al menos como las que se plantearon en el 15M y hacemos en las “metodologías participativas”. Lo que suele haber hasta hoy son elecciones de una directiva en cada caso y poco más. Pero tanto los programas como también las estrategias se pueden construir desde talleres de participación. En todo el mundo y desde muchos movimientos sociales, sobre todo los que apuntan a los “pro-comunes”, las tomas de decisiones se generan con técnicas de consensos, donde puede haber diversas “inteligencias” en juego. Por ejemplo, dar cabida a las inteligencias de base con “talleres y paneles ciudadanos”, dar juego a profesionales en temas concretos que dominan, dar juego a los activistas de movilizaciones, y de forma conjunta co-crear estrategias amplias. También debe haber liderazgos políticos, pero para lanzar los procesos, y también para recoger y adecuarse en la ejecución con aquellas decisiones que han sido consensuadas desde esos talleres de base. Siempre hay algún líder que va por su cuenta, pero si un “frente amplio” se plantea desde bases locales y sectoriales, y se construye entusiasmo colectivo, tendrá más difícil el no sumarse al proceso generado. La “democracia es como un bosque” (Vandana Shiva) donde todas las inteligencias son necesarias, no solo los grandes árboles hacen la sustentabilidad, porque las relaciones del ecosistema son las que lo sustentan.

Los liderazgos (personales o colectivos) necesitan de “grupos motores” de base para entusiasmar y enraizarse. Podemos repasar la lección de la transición y del 15M, de los movimientos sociales desarticulados, o los que se articulan sin que conozcamos sus líderes, que funcionan con “grupos motores” muy pegados a sus bases sociales en cada caso, luchando por temas muy concretos. Para hacer frente a los retos del cambio climático, la pandemia o las crisis económicas, en un “frente amplio” se puede aprender con los talleres y consensos que facilitan las democracias participativas, las formas en que los liderazgos se adecúen a las estrategias construidas desde la base, con grupos por temas concretos, cercanos y visibles. Un programa sin referencias a ejemplos de sustentabilidad de base y democracias participativas, tiene muchas debilidades. Y además no genera entusiasmos en los “grupos motores”, que son la verdadera esperanza para un cambio viable. En algunas localidades debatirmos la situación económica, climática y de salud, en talleres abiertos y concretos, y consensuamos algunas estrategias básicas, con técnicas apropiadas. ¿Es posible generalizar estas prácticas?

“Pasaran días, años, lustros antes de que junten y amalgamen estas dos ideas: Paz y República… Ya llegará la ocasión. Ello será cuando estos caballeros, todavía un poco inocentes, den el segundo golpe… más seguro será cuando den el tercero.” (Benito Pérez Galdós. “La primera República”)

La generación de la Transición algo conseguimos, tras décadas en que calaron formas socio-políticas menos jerárquicas. Luego en la transición (con sus peleas partidistas internas y externas) se desarboló todo el tejido social más democrático que se había construido. El desinfle de los movimientos estudiantil, vecinal o sindical que lucharon contra el franquismo y en la Transición fueron vaciándose, lo que en los 90 dio paso a gobiernos más de derechas y a la burbuja inmobiliaria que estalló en 2007-8. Con el cambio climático tenemos un reto parecido, no basta con Conferencias internacionales o los Informes mundiales y las advertencias científicas, o declaraciones de los gobiernos. Lo que se está difundiendo son los hechos de la pandemia y sus miedos, a contracorriente de la libertad y la vida. Lo que llega a la gente no son teorías sino cosas evidentes, como el fin de la dictadura, la entrada en el euro, la pandemia, etc. Lo que llega a la gente común no son los debates sobre el decrecimiento o por una apuesta verde más o menos moderada. No parece que la generación del 15M haya aprendido la lección de que no basta el grito de un día o unos meses, sino la constancia de años desde la auto-organización en la sociedad, para que haya cambios significativos. Hace falta mucho tejido social desde la base, e incluso “comunidades resilientes” para aprender a vivir con calidad de vida y menos consumismo, con ejemplos “pro-comunes” que den envidia porque vivimos con economías solidarias, con métodos y democracias participativas.

La pandemia sí está llegando a todas partes y de forma controvertida, porque está impidiendo aquella “normalidad” del consumismo de algunos y provocando la pobreza de muchos más. De forma vaga se va asociando con la globalización y el cambio climático, y el discurso verde va calando, pero mucho más lentamente que los tiempos que se necesitan para evitar las crisis que vienen. Estamos desconcertados en este mundo que se prometía tan feliz, y con tanta ciencia, pero donde no sabemos apenas salir de estas infecciones, de un volcán, o de crisis económicas seguidas y que empobrecen a numerosas familias. Claro que también cabe negar todo, proclamar la libertad de volver al mundo del que veníamos, y “dar caña al mundo” (como escuché a unos motoristas quemando gasolina y haciendo el mayor ruido posible). Como todo es una porquería y total, no hay solución, y para unos años de vida, mejor vamos a nuestro aire sin importar lo demás, imitando “la libertad” de los ricos. Vemos que es desde la globalización y los grandes poderes desde dónde no se hace nada para parar el tren, e incluso que estamos prediciendo lo que va a pasar con el catastrofismo de nuestros datos y razones. ¿Es posible aprender a comunicarnos de otra forma, usar nuestras emociones de otra forma, con esperanzas concretas, con ejemplos vivos? No es cuestión de razonar tan solo con programas, sino pasar a prácticas y emociones experimentadas, que junten alternativas a la pandemia, globalización y cambio climático.