El creciente negocio del plástico: así planean las mayores compañías petroleras aumentar su producción

Beth Gardiner

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Artículo publicado en Yale Environment 360 y traducido por Laura Rodríguez

A medida que la preocupación pública por la contaminación de los plásticos aumenta, los consumidores recurren a bolsas de tela, pajitas de metal y botellas de agua reutilizables. Pero mientras los individuos se inquietan ante las imágenes de basura en el océano, la industria de combustibles fósiles y petroquímicas invierte miles de millones de dólares en nuevas plantas cuya intención es fabricar millones de toneladas de plásticos nuevos.

Compañías como ExxonMobil, Shell y Saudi Aramco está multiplicando su producción de plástico —que se fabrica con petróleo, gas o sus derivados— para protegerse de la posibilidad de una respuesta global contra el cambio climático que, como explican los analistas, reduciría la demanda de combustibles fósiles. Los productos petroquímicos, entre los cuales se incluye el plástico, ahora representan el 14% del uso de petróleo pero se espera que alcancen el 50% de la demanda para 2050, explica la Agencia Internacional de la Energía. El Foro Económico Mundial predice que la producción de plástico se duplicará en los próximos 20 años.

“En un contexto de un mundo que intenta reemplazar los combustibles fósiles como fuente de energía, es donde (las compañías de petróleo y gas) ven el crecimiento”, dice Steven Feit, un abogado del grupo de presión Centro para el Derecho Internacional Ambiental.

Y como el boom del fracking en EEUU está extrayendo, junto al gas natural, grandes cantidades de la materia prima del plástico, el etano, Estados Unidos es una zona de gran incremento de la producción de plástico. Con precios bajos para el gas natural, muchas operaciones de fracking están perdiendo dinero, así que los productores quieren encontrar un uso para el etano que se genera al perforar.

“Están buscando una manera de amortizar los costes”, dice Feit. “El plástico es como una especie de subsidio para el fracking”.

El núcleo petroquímico de Estados Unidos lo han constituido, históricamente, la costa del Golfo de Texas y Luisiana, y se extendía por el sur del río Misisipi, apodado el “corredor del cáncer” (cancer alley en inglés), debido al impacto de las emisiones tóxicas. Los productores están expandiendo su huella ambiental allí con muchos proyectos y propuestas nuevas. También están planeando crear un nuevo “corredor de plásticos” en Ohio, Pensilvania, y en Virginia Occidental, donde los pozos de fracking son ricos en etano.

Shell está construyendo una instalación para craqueo de etano —donde este se convierte en etileno, un material básico para muchas clases de plástico— de 6.000 millones de dólares en Monaca, Pensilvania, 25 millas al noroeste de Pittsburgh. Se espera que produzca hasta 1,6 millones de toneladas de plástico al año una vez abra a principios de 2020. Se trata de la pieza más notoria de lo que la industria ha llamado “un renacimiento en la fabricación de plásticos en Estados Unidos”, cuyo uso no solo incluye el embalaje o los artículos de un solo uso como cubiertos, botellas o bolsas sino también productos de larga duración como materiales de construcción, y partes de coches y aviones.

Desde 2010, las compañías han invertido más de 200.000 millones de dólares en 333 proyectos dedicados al plástico u otros productos químicos en Estados Unidos, como la ampliación de complejos existentes, la creación de plantas nuevas e infraestructuras como gaseoductos, según el Consejo Americano de Química, un organismo de la industria. Algunos ya están funcionando o construyéndose pero otros esperan la aprobación de las autoridades.

“Por eso 2020 es tan crucial. Muchos de estos centros todavía están esperando obtener el permiso. Pero nos estamos acercando a que sea demasiado tarde”, dice Judith Enck, fundadora de Beyond Plastics y anterior directora regional de la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA en sus siglas inglesas). “Aun construyendo solo un cuarto de esas plantas de craqueo, nos encadenaremos a un futuro de plástico del que va a ser difícil recuperarse”.

El impacto va más allá del problema de la basura en el que se centra la preocupación pública. Aunque el plástico suele verse como un tema separado del cambio climático, tanto su producción como sus desechos son, en realidad, fuentes importantes de emisiones de efecto invernadero.

Las emisiones globales asociadas al plástico —ahora el equivalente a un poco menos de 900 millones de toneladas de dióxido de carbono al año— pueden alcanzar 1.300 millones de toneladas para 2030, casi tanto como lo que producen 300 plantas de carbón, según el Centro para el Derecho Internacional Ambiental. Si la producción crece como está planeado, el plástico supondrá entre el 10% y el 13% de las emisiones de carbono para que el calentamiento no supere los 1,5 grados, explica el centro.

Esas emisiones se producen en casi cada estadio de la vida del plástico. Primero, a través del uso intensivo de energía en la extracción de gas y petróleo. Luego, en la producción de etano donde se requiere gran cantidad de energía, lo que conlleva elevadas emisiones de gases de efecto invernadero. La planta de Shell tiene permiso para emitir tanto CO2 al año como 480.000 coches.

Se estima que un 12% de todo el plástico se incinera, lo que produce más gases, además de toxinas peligrosas, como dioxinas y metales pesados. La industria está promocionando un incremento de la incineración en las plantas de producción de electricidad a partir de la quema de residuos, que considera una fuente de energía renovable. Además, una nueva investigación sugiere que los plásticos emiten gases de efecto invernadero a la atmósfera cuando se degradan, una fuente vasta e incontrolable de emisiones.

La industria defiende que el plástico ofrece grandes beneficios, incluyendo algunos ambientales. Permite coches más ligeros y, por tanto, más eficientes, protege las casas del calor y del frío, reduce los desperdicios al incrementar la vida útil de los alimentos, y permite que el equipo médico sea más higiénico, entre otros muchos usos, dice Keith Christman, presidente de los mercados de plástico del Consejo Americano de Química.

“Son productos que continuarán siendo importantes para proteger la salud y hacer avanzar la sociedad”, dice. “La clave es el contexto. Si no se usaran plásticos, ¿qué se usaría en su lugar?”. Alternativas como el acero, el vidrio o el aluminio tienen también impactos negativos, incluyendo huellas ambientales de carbono a veces mayores que el plástico, explica. Y mientras los críticos se centran en artículos de usar y tirar que parecen frívolos, mucho plástico tiene un uso mucho más duradero, comenta.

Aún así, la comodidad —como el deseo de los consumidores por comer y beber mientras se desplazan— representa uno de los grandes impulsores del uso del plástico en los países ricos. Y en el mundo en desarrollo se ha convertido en un importante mercado nuevo también. En partes de Asia, las compañías internacionales venden productos como champú, jabón o y lociones a consumidores de bajos ingresos en paquetes individuales. Pero mientras la industria señala la falta de infraestructura para gestionar los desechos en los países pobres como la causa principal del problema del plástico en los océanos, los estadounidenses usan doce veces más plástico per cápita que los indios, cinco veces más que los indonesios, y hasta tres veces más que los chinos.

Además del impacto climático, la producción de petroquímicos puede emitir en el aire toxinas como 1,3-butadieno, benceno o tolueno, precursoras de cáncer y otras enfermedades. Muchas plantas se encuentran en zonas pobres, a menudo en comunidades negras, aunque a medida que la conexión del fracking se expande hacia áreas rurales, es probable que empiece a afectar a población humilde blanca también.

Los incendios y las explosiones representan otro problema. El día previo a Acción de Gracias, una llamarada en la planta de Texas Petroleum Chemical en Port Neches detonó dos explosiones, en las que hubo que evacuar a 50.000 personas de sus hogares. Una semana más tarde, las autoridades realizaron otra evacuación después de que los monitores detectaran altos niveles del carcinógeno 1,3-butadieno.

Se trataba del cuarto mayor incendio petroquímico en el estado de 2019. “Esta es la situación en la que vivimos y el desafortunado efecto de toda esta producción”, dice Yvette Arellano, del Servicio de Defensa de Justicia Medioambiental de Texas. “Creo que el público ha malinterpretado el impacto de respirar plásticos, sobre todo para la salud humana”.

Aún así, muchos agradecen los trabajos que las instalaciones de petroquímicos generan, especialmente en las zonas afectadas por las pérdidas del carbón y otras industrias. Pensilvania ofreció a la planta de Shell una desgravación fiscal de 1.600 millones de dólares —una de las mayores en la historia de este estado—, y las autoridades en Ohio y Virginia Occidental están buscando empresas dispuestas a construir más centros para craqueo de etano, depósitos de almacenaje y oleoductos. IHS Markit, una compañía de datos y análisis, afirma que la región podría producir el suficiente etano como para proveer cuatro plantas más como la de Shell.

Una de las preocupaciones de la industria es la propagación de leyes dirigidas a reducir la proliferación de plástico. La Unión Europea prohibirá los artículos de plásticos de un solo uso como cubiertos, platos, pajitas, vasos o embalajes de comida desde 2021. Ocho estados en Estados Unidos y algunas ciudades han restringido las bolsas de plástico en las tiendas y lo mismo han hecho 34 países africanos.

“A pesar de estos esfuerzos, la demanda de plástico continúa creciendo muy rápidamente”, tanto en las naciones en desarrollo como en las más ricas, dice Peter Levi, uno de los principales autores del informe de IEA de 2018 sobre el futuro de los productos petroquímicos. Los expertos predicen un crecimiento en la demanda global del 4%. “Los incrementos de capacidad no están ahí por casualidad”, dice Levi.

La producción anual ya casi se ha duplicado desde el año 2000, un crecimiento debido en parte al bajo coste del plástico y a su versatilidad. “Es como un material prodigioso”, dice Levi. “Si uno piensa en cuánto puede meter en una bolsa de plástico en comparación con lo que pesa, es admirable. Eso quiere decir que sus sustitutos tienen que competir a ese nivel”.

En el caso del plástico, sin embargo, la demanda no siempre viene de los consumidores, sino de las empresas de comida, bebida y productos de consumo que lo usan para empaquetar sus artículos.

El Consejo Americano de Química aspira a que todos los plásticos se reciclen o recuperen para 2040, pero los críticos consideran el objetivo un lavado de imagen poco realista. La UE, además de prohibir los objetos de un solo uso, también requerirá que sus botellas contengan hasta un 25% de contenido reciclado para 2025.

Como reveló el informe de IHS Markit, las capacidades técnicas de reciclaje, la logística y la economía son inadecuadas para tales ambiciones. Reciclar el plástico es técnicamente complicado y la acción de China de cerrar la puerta a la basura extranjera en 2018 descubrió las deficiencias del sistema de reciclaje global, dejando a muchas naciones ricas con montañas de plástico.

El material reciclado es probable que no contribuya a más del 10% o 12% de la producción de plástico futura, dice Robin Waters, director de análisis de plásticos de IHS Market y uno de los autores del informe. Y la clase de artículos que afectan a prohibiciones como la de Europa solo representa el 5% de la demanda de plástico, explica.

Los críticos de la industria temen que el aumento del suministro pueda garantizar un uso adicional del plástico independientemente de si lo quieren o no los consumidores. Una vez que las nuevas plantas de craqueo de etano se construyan, los productores querrán mantenerlas en funcionamiento para maximizar el beneficio, argumenta Feit.

“Así que el siguiente paso será innovar con nuevas maneras de hacer llegar el plástico al mercado”, explica. “Esto es lo que hemos visto [en el pasado] —más y más cosas que vienen embaladas en más y más plástico—. Es como jugar al ratón y al gato”. A menos que la producción se frene, añade, “siempre encontrarán algo más para envolver en plástico”.

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