Los versos con los que Javier Gallego 'Crudo' pone 'El grito en el cielo'

  • El periodista, presentador de Carne Cruda, publica su segundo poemario

Como si nunca hubieran sido

Anatomía de España

Tiene este país la boca reseca como la costra de un grito,

una llaga en la garganta de tragarse el periódico

y el estómago revuelto de vomitar cementerios.

Tiene este país un murmullo de arena

que le recorre la piel como a un difunto

de tanto dejarse azotar con el cilicio

y un silencio de zulo y muy señor mío

con olor a sacristía, cuartel y sobaco

tan siniestro como el roce de las sotanas

cuando arrastran sus faldones por el suelo.

Tiene una plaga metida en el intestino,

tiene un nido de bichos rastreros

que le devoran las ganas y los ovarios

y escupen huesos de aceituna en el plato

donde hatajos de ratones se pelean por roerlos.

Tiene los ojos en blanco porque lo ve todo negro,

tiene párpados de plomo por un eterno cansancio,

tiene los dientes torcidos de mordisquearse los codos,

tiene la lengua de esparto de lamerse las heridas,

tiene la espalda doblada de llevar dioses a hombros

y las manos doloridas de golpearse en el pecho.

Tiene miedo a los espejos y los armarios:

unos los ha cubierto con sudarios y banderas

otros los ha clausurado con mortero.

Tiene miedo de hurgarse bajo las uñas y en los colmillos                                                 no vaya a encontrarse con sus facturas y sus delitos.

Tiene este país forma de ataúd, cuerpo de jota, cara de nicho,                                           un parto que no le nace y una muerte que le vive demasiado.

Todo lo que hace falta

Ha hecho falta que yo caiga muchas veces.

Ha hecho falta que tú sientas

el vértigo dorsal de mi esqueleto

y que esquivases la muerte

sin evitar su misterio. Ha hecho falta

morir tan de continuo y continuar

viviendo con la piel para afuera,

cambiar de sábanas y cielo,

morder la tierra

como quien muerde un corazón

y chupar su jugo y escupirlo

en la boca del otro.

Ha hecho falta que tú y que yo

retocemos sobre el filo de los finales

para alcanzar este principio.

Ha hecho falta que nos echáramos a faltar

antes incluso de habernos conocido.

Ha hecho falta todo eso:

que crucemos un océano sin respirar

y bebamos un diluvio con los párpados

para que tú y yo acabemos metidos

en este espejo de dos caras

en el que confundimos nuestros contornos

iguales pero distintos que forman

esta insólita soledad solidaria

que es todo lo que tenemos

y somos

y es inmenso.

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No te veré morir

(Idea Vilariño, “Ya no será”)

Y qué seremos ahora el uno para el otro

sino jirones de recuerdos

que se deshacen como tela

cuando el viento los azota

en la cuerda de tender

de una azotea

de la que nos alejamos

sin mirar atrás

por miedo a ver

nuestros harapos

ondeando contra el cielo

como estandartes rasgados

de un ejército vencido

que se bate en retirada.

No seremos más

no volveremos a ser

no envejeceremos juntos

no te despertarás

junto a mí

cada mañana

ni cuidaremos de nosotros

cuando duela

no habrá un después

ni un hasta luego

no nos esperaremos

por la noche

ni volveremos nunca

a acariciarnos

habremos sido

para siempre

los besos largos

en la cama

nuestra lectura

a cuatro manos

en voz alta

el lenguaje

que inventamos

para amarnos

nuestra palabra

secreta

las madrugadas

desenredándonos

las almas

lo que luchamos

para echar

a la tristeza.

Pero ya nunca más.

Ya no.

Sólo quizá

cuando vayamos a morir

nos recordemos

el uno al otro

una última vez.