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Rector de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT)

Mathieu Kessler: “En el sistema universitario español hay un sinfín de cosas mal calculadas”

El rector de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), Mathieu Kessler, posa sobre la mesa de su despacho en el rectorado.

Álvaro García Sánchez

Cartagena —

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“Por desgracia, el recorrido hasta la estabilización en el ámbito de la docencia y la investigación pública es bastante largo, y los principios son demasiado precarios”. El doctor en matemáticas Mathieu Kessler (Mulhouse, Francia, 1970) vino a Cartagena para comenzar a trabajar en su pequeño campus universitario en el año 1997, cuando la Universidad Politécnica (UPCT) era todavía un sueño que muy pocas personas imaginaban. Hoy, 28 años después de su llegada, está sentado en el despacho principal de la Casa de la Misericordia de la ciudad portuaria, sede del rectorado de la institución, donde recibe a elDiario.es de la Región. 

Desde el amplio ventanal de su despacho la simbiosis de la UPCT con las calles del casco urbano de Cartagena es elocuente. Una cuesta de adoquines asciende en curva hacia la parte alta de la muralla, hasta recalar en un complejo hospitalario y defensivo del siglo XVIII que es, también, el corazón de las ingenierías y las carreras tecnológicas de la comunidad murciana. Cientos de estudiantes pasean cada día entre columnas y tapias de piedra que fueron primero concebidas para guerras muy antiguas.

“No muchas universidades públicas tienen este valor”, señala Kessler, que desde que dirige la más joven de España ha cobrado una perspectiva global de todo el entramado, especialmente de sus problemas más acuciantes: la escasa financiación, la fuga de talento investigador hacia el extranjero, la necesidad imperiosa de contratar a más profesorado, de dignificar su profesión, y, también, la fuerte expansión de universidades privadas que solo ven en la educación superior un negocio rentable y no un ascensor social capaz de generar conocimiento y de nutrir, al mismo tiempo, el tejido empresarial. “De ninguna manera nos interesa como país una universidad que sea solo una máquina de expedir títulos”, asevera.

¿Cómo valora estos primeros meses en el cargo? Ser elegido rector de una institución como la UPCT le habrá dado una nueva perspectiva de toda la maquinaria.

Ya había pasado por distintos cargos en política universitaria en la UPCT, pero ser rector te da un punto de vista más amplio. Lideras un equipo en el que están todos los ámbitos de la gestión. Es muy intenso. Cada día que pasa profundizo mi visión de la universidad, no solo la de Cartagena, sino de todo el ecosistema público, de sus problemas en general. Es necesario tener en cuenta todos esos factores para tomar decisiones. Nos falta mucho por aprender aún, pero estamos animados, con energía y fuerza para hacerlo.

Se trata de un proyecto a seis años, sin posibilidad de reelección. ¿Se siente acuciado por marcar impronta, porque el trabajo de todo el equipo rectoral deje en la universidad una huella que perdure cuando concluya el mandato?

Sin duda. Nosotros somos universitarios, somos profesores y compañeros de la gente por la que trabajamos. Tenemos una visión de la universidad que queremos construir en el futuro. Queremos contribuir al progreso de la UPCT, que se consolide como una universidad pública de calidad, que sea maca de prestigio. Que la gente diga, en el boca a boca, que la experiencia en Cartagena es buena, acogedora, exitosa.

¿Hacia dónde va la UPCT con Mathieu Kessler y su equipo? ¿Cuáles son los pilares que van a dejar esa huella, los retos que tiene esta universidad en el futuro?

El pilar de nuestro mandato son los estudiantes. Tenemos un problema que es inherente a muchas universidades: la captación. Pese a que en la UPCT ofrecemos titulaciones con una gran empleabilidad, cuesta que las carreras de ingeniería y tecnología sean atractivas para los jóvenes. Todos los informes lo indican: solo un 18% de los graduados universitarios en España proceden de titulaciones STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Esto condiciona nuestra capacidad de transformar la economía, de modernizarla.

También hay una tasa de abandono muy alta en esas titulaciones de la UPCT, una tasa que es de las más altas de España. ¿Qué plantea para corregir ambas circunstancias, aumentar la captación y reducir el abandono?

Ahí, en el abandono, está el segundo problema, vinculado siempre con el primero, el de la atracción de estudiantes. Queremos que los alumnos que entren, acaben. Pero, ¿cómo vas a captar estudiantes si no mejoras la retención? La etapa universitaria tiene que ser atractiva como experiencia de vida, pero también tenemos que ayudar a los estudiantes a superar las dificultades. Hay chicos y chicas que salen de la EBAU sin destrezas básicas en matemáticas o física que luego se dan por sentadas desde el primer momento de una carrera de ingeniería. Es un gran salto desde el instituto, y eso influye en su motivación, y en sus ganas de matricularse.

Vamos a lanzar cursos cero online para que los estudiantes trabajen esas destrezas básicas antes de entrar a la primera clase, para que luego no se encuentren perdidos, y para que obtengan además créditos de libre configuración. Eso mejorará la captación, porque se encontrarán más preparados para afrontar el reto. Para favorecer la retención queremos generar material de refuerzo por asignaturas, para que lo utilicen cuando ya hayan comenzado la carrera: grabar vídeos explicativos sobre los conceptos que más se les atascan a los estudiantes en los primeros cursos. La acogida en la universidad es sinónimo de refuerzo. El abandono se produce, sobre todo, por la dificultad técnica de las titulaciones. Vamos a intentar ayudarles.

¿Es también importante, en este contexto, resaltar la vinculación y el contacto temprano con empresas para motivar a los alumnos y que así vean que su futuro próximo puede estar en un atractivo puesto de trabajo?

Si un alumno está en primero y lo está pasando mal con las asignaturas, empieza a decirse a sí mismo: “yo qué hago aquí, yo me he metido en esta carrera porque quería construir puentes, barcos o caminos, pero esto no tiene nada que ver con eso”. En ese momento lo ve muy lejos, y su motivación cae por los suelos. Proporcionar a los estudiantes un contacto cercano con empresas les permite crearles una proyección y ver a gente que ha pasado por lo mismo y que ahora trabaja, disfruta y vive de lo que ha aprendido en la universidad. La falta de motivación, de vislumbrar un horizonte, es crucial en el abandono.

Cartagena, pese a que la UPCT está inmersa en su casco urbano, no termina de ser una ciudad universitaria al uso, en el sentido de la convivencia de los estudiantes con la ciudad. ¿Cómo se puede mejorar eso?

La experiencia universitaria también es clave en esta ecuación. Estamos haciendo grandes esfuerzos en aumentar la oferta deportiva, las asociaciones, los equipos universitarios que compiten en ecosistemas como el Motostudent (competición de motociclismo) o Fórmula Student (competición de coches de carreras), clubes de Inteligencia Artificial, de ingeniería biomédica, que agrupan a gente motivada, que se retroalimenta. Trabajar en equipo lleva a desarrollar un sentimiento de pertenencia a la UPCT. Nos gustaría, además, incentivar la vida deportiva, las actividades culturales.

Sobre todo, para abrir la UPCT a la ciudad, para convertirla en una especie de corazón de Cartagena.

Exacto. Todo pasa por estar alineados con el Ayuntamiento y fomentar el deporte, el asociacionismo, la vida cultural, el ocio ligado a la universidad. Pero no podemos alejarnos de la idea de que lo más importante es el apoyo académico. Nosotros formamos ingenieros. Se trata de titulaciones exigentes que necesitan estudiantes de alto nivel, y esa exigencia es necesaria también en la calidad de la docencia. Queremos ofrecer a los estudiantes el mejor material posible. Pero somos conscientes de que hace falta más financiación, de que no tenemos todos los medios que, por ejemplo, tiene una universidad privada.

El tema de la financiación pone en el centro, en primer lugar, a los propios alumnos. Según el informe Education at a Glance 2023 de la OCDE, el gasto por estudiante en las universidades públicas españolas es un 20,7% inferior al promedio de los países de la OCDE. Eso puede repercutir en la calidad de su enseñanza ¿Qué le parece? ¿Qué se puede hacer para intentar remediarlo? 

Para hacer política universitaria y para poner en valor a los alumnos necesitamos financiación. Todo cuesta dinero. La nueva Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU) habla en su preámbulo de ir hacia el 1% del PIB en educación superior. Ahora estamos bastante por debajo de ese nivel. La media europea es mucho más alta. El dinero es importantísimo en la docencia, en los estudiantes, pero también en la parte de investigación y transferencia. Nosotros hacemos mucha transferencia de alumnos que finalizan sus estudios a empresas. Es uno de los puntos fuertes de la UPCT. 

La financiación impacta en nuestras tres misiones: docencia, investigación y transferencia. La universidad no solo está para formar ingenieros, sino para contribuir al progreso económico a través de la investigación aplicada y de la transferencia, que tiene un impacto real en la economía y en el tejido empresarial, en el crecimiento económico y la generación de empleo. Cuando se habla de gasto por alumno, no solo es gasto por alumno como si fuera nuestra única contribución. Nutrir de trabajadores a las empresas es nuestro trabajo. Pero la financiación no depende de nosotros.

Y tampoco depende de los estudiantes. Estudiar en la universidad puede ser una misión imposible para las familias y jóvenes con menos recursos económicos. Las becas son oportunidades escasas en un sistema donde los centros públicos necesitan más dinero. Más de 300.000 jóvenes estudian en España gracias a una beca, pero esa cifra sigue siendo insuficiente. La universidad es un ascensor social al que debería poder subir cualquiera. Muchas titulaciones pueden ser inaccesibles por motivos económicos, también másteres, licencias de campus...

El acceso a la universidad pública debería ser, efectivamente, lo más amplio posible. Somos un servicio público que favorece, además de todo lo anterior, el crecimiento de las personas. Aparte de contribuir a la economía, es una misión de educación superior fantástica, que otorga a las personas un poso para luego seguir con su trayectoria vital. Hay que garantizar un acceso lo más abierto posible. Para eso, para que una universidad pública pueda contribuir a ese fin, tiene que haber más financiación.

De esa financiación también depende en gran medida la calidad docente. La UPCT tiene gran importancia en ese aspecto. Numerosas investigaciones de significativa relevancia internacional llevan el sello de la universidad cartagenera. Pero el relevo generacional sale a la palestra. Cerca de un 20% del profesorado se jubilará en la próxima década según el informe CYD 2024 -un documento publicado por la Fundación Conocimiento y Desarrollo que analiza la evolución de las universidades en España-. Su recambio es trascendental para seguir asegurando la calidad de la universidad. Pero para ello hace falta dinero. ¿Qué va a hacer para paliar dicha circunstancia en la UPCT?

Hay que hacer un análisis profundo de la situación, y ver dónde se van a producir las bajas. Muchos de los docentes que se van a jubilar aquí son responsables de grupos de investigación que tienen una altísima experiencia en captar financiación a través de proyectos. Solo en 2024 se captaron en la universidad de Cartagena más de 11 millones de euros. La UPCT tiene investigadores muy potentes en este sentido. 

También hay una dificultad añadida para el relevo generacional, en el caso de la UPCT, que es la altísima empleabilidad de las titulaciones. Cuando acabas una ingeniería, o un máster que te habilita a trabajar, los alumnos se van a trabajar fuera, a empresas privadas, al extranjero. Por desgracia, el recorrido hasta la estabilización en el ámbito de la docencia y la investigación públicas es bastante largo, y los principios son demasiado precarios, y no podemos competir con los sueldos que ofrece la empresa privada. Es una tragedia para nosotros que no tengamos opción de ofrecerles a los egresados unas condiciones para que aquellos que quieren dedicarse a la investigación puedan seguir y estabilizar su situación en la universidad.

Da la sensación de que la docencia y la investigación son, a día de hoy, una cuestión puramente vocacional debido a las malas condiciones laborales.

La gente que se queda a trabajar con nosotros en la UPCT, a trabajar en proyectos de investigación, a dar clases, es gente que tiene mucha vocación. Que tiene pasión por investigar, por la docencia. Pero la vocación tiene un límite. También existe fuga hacia universidades del extranjero. Gente que dice: vocación tengo, pero, ¿qué me ofrecéis? En el mundo universitario hay mucha movilidad a nivel internacional, y otros países ofrecen mejores condiciones para la ciencia y la investigación.

Esa capacidad de retener talento necesita de la estabilización, del fin de la precariedad. La universidad pública española debe dignificar el trabajo de sus docentes, de sus investigadores, para preservar todo el talento que ahora se marcha.

Desde luego que sí. Hay programas de atracción de talento investigador de personas que han estado en el extranjero bastante tiempo, y que tienen muy buena trayectoria. Se les trae de vuelta, pero aquí se encuentran con dificultades propias de la administración española: un sistema bastante precario, con pocas plazas y sueldos bajos, con largos tiempos de espera. Todo eso trasciende a las universidades, y tiene mucha relación con la financiación. Como equipo rectoral no podemos decir: “vamos a montar un plan para captar talento, preparar a la gente, motivarla a que se quede en la universidad con unas buenas condiciones de trabajo”. Todas las universidades públicas quisiéramos hacerlo. Pero no tenemos opción.

¿Necesita la UPCT más profesores? La ministra de Universidades, Diana Morant, anunció en su visita a Cartagena del pasado 9 de enero que el programa María Goyri permitirá la contratación de 25 docentes en la UPCT. ¿Es suficiente ese número?

Tenemos que incorporar profesores. El programa María Goyri es muy importante en ese sentido. Es un paso hacia el relevo generacional, y una herramienta que puede ser un instrumento para evitar la precariedad, limitar la figura del profesor asociado y otorgar plazas permanentes. El objetivo debe ser eliminar las figuras precarias, con pocas horas, sueldo bajo y escaso trabajo. Tener más profesores es imprescindible para ofertar más titulaciones. Si tuviéramos la capacidad de contratar más profesores, es probable que diéramos rienda suelta a nuestras ideas, a las demandas que observamos en el alumnado, y que ofertáramos más grados y máster. Si no tienes esa capacidad, estás limitado.

En cuanto a la cuestión predoctoral, de los futuros profesionales, los más jóvenes, los que necesitan una experiencia que todavía no tienen ¿Se da facilidad a los estudiantes para acceder a este tipo de contratos en la UPCT?

Este tema está relacionado con la empleabilidad, con la posibilidad de que los estudiantes se vayan al sector privado o a universidades extranjeras con mejor sistema. En el sistema universitario español hay un sinfín de cosas mal calculadas. Por ejemplo, si un alumno acaba un máster y quiere hacer un doctorado, no podrá comenzarlo, con beca incluida, por una cuestión de plazos burocráticos, hasta más de un año después. El sistema te obliga a estar más de un año parado. ¿Qué hace ese alumno entonces? Se trata un ingeniero o una ingeniera joven y prometedora. Por supuesto, le ofrecen cosas más interesantes. No puede esperar. En la UPCT queremos lanzar un programa que ayude a estos alumnos a quedarse, a darles un espacio, una beca que les permita aguantar y vivir, salvando las dificultades administrativas, hasta por fin obtener el contrato.

La universidad pública apenas ha crecido en los últimos tiempos. Sin embargo, la privada se ha disparado. ¿Qué le parece?

Los datos son claros. El número de graduados por la universidad pública al año es todavía un poco mayor que el de la privada, pero no queda mucho para que la cifra cambie. En caso del máster, la proporción de egresados es ya superior en la privada. Está cambiando el panorama. De pronto hay muchos más agentes privados que dan títulos universitarios. El número de universidades privadas (47) ya casi supera al de las públicas (50). Las hay que tienen una larga tradición en investigación, que dan títulos de calidad, como la de Comillas. Pero hay otras que se crean para aprovechar el mercado y nada más. Eso es muy malo para la educación superior.

¿Cómo de importante es la universidad pública en la sociedad?

Es trascendental. Es un ascensor social que contribuye a la riqueza de la economía, al conocimiento, a la transferencia de talento al tejido empresarial. El 80% de la investigación que se hace en España se hace en universidades públicas. Lo que nosotros hacemos como institución es totalmente diferente a lo que hace una universidad privada. De ninguna manera nos interesa como país una universidad que sea solo una máquina de expedir títulos.

¿Cómo se imagina la UPCT en 2030?

Lo ideal sería una UPCT en la que hayamos conseguido atraer más alumnos, que estén contentos con la docencia, con la experiencia que puedan vivir en Cartagena, con la relación con sus compañeros, que participen en actividades deportivas, culturales, en asociaciones y que todo eso mejore las tasas de éxito.

Y también que seamos una universidad próxima a empresas, de manera que los estudiantes tengan la posibilidad de hacer prácticas remuneradas de calidad, que estas prácticas los lleven a trabajar para esas mismas empresas inmediatamente después de terminar los estudios. Ese contacto con empresas surge también no solo de la parte de docencia, sino de la transferencia. Nos gustaría una UPCT con muchísima relación e impacto con nuestro entorno, local, regional, nacional y europeo, con investigadores que sigan creando proyectos y captando fondos, generando conocimiento. Y con más financiación.

Es la universidad pública más joven de toda España. ¿Cuál cree que es el mayor valor de la UCPT?

La cercanía a la ciudad, la predisposición a resolver los problemas que nos afectan de cerca. Somos una universidad pequeña. Eso puede ser una desventaja, por ejemplo, en el aspecto financiero, porque a pesar de ser pequeños hay muchos gastos que son básicos y que no son proporcionales en comparación con las instituciones grandes, pero al mismo tiempo eso nos da mucha cercanía con los alumnos, nos da agilidad en la gestión, y nos otorga la posibilidad de movernos con más facilidad, de acercarnos a empresas locales, de ser parte de Cartagena.

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