La potente generación de artistas que solo pudo surgir de los escombros del muro de Berlín

Aldo Mas

En 1989, los alemanes del este salían a la calle para protestar contra el decadente régimen comunista de la República Democrática de Alemania (RDA). Al otro lado del muro de Berlín, sin embargo, la lucha feminista se concentraba con éxito en otra importante causa: formar y dar visibilidad a las mujeres artistas.

El año en que acabó cayendo el muro de Berlín, la Asociación Goldrausch, surgida en el oeste berlinés, lanzaba su primer programa de apoyo para las creadoras. Consistía en un año de acompañamiento y formación que culminaba con una exposición. Hoy sigue haciéndose.

Hydra se llama la muestra de este año, que tiene lugar en la Haus am Kleistpark, un centro de exposiciones público situado en el distrito de Tempelhoff-Schöneberg, al sur de la capital alemana. Reúne las obras de las quince artistas que se han beneficiado del programa de la Asociación Goldrausch. La ayuda que presta esta organización a artistas de cualquier nacionalidad y edad que vivan en Berlín puede cambiar las perspectivas profesionales de cualquiera.

“No podemos decir que la iniciativa pueda cambiar radicalmente la vida de una artista. Pero gracias a los cursos y talleres de este programa que desarrollamos -dos días por semana durante un año-, las artistas tienen la oportunidad de crear una red profesional con otros artistas y profesionales del sector. Aprenden nuevas competencias y también reciben apoyo logístico”, dice a eldiario.es Hannah Kruse, directora del programa.

Ella está al frente de un equipo capaz de formar a las artistas en ámbitos tan diversos como necesarios. Van desde la realización de catálogos y páginas web con los que las artistas puedan promocionar su obra hasta aprender cuestiones de orden fiscal, financiero, de seguridad social o sobre cómo gestionar el valor económico de sus creaciones.

Esto no es algo que los artistas aprendan en las universidades de Bellas Artes o en las escuelas de arte. “La universidad no es la vida real. Para empezar, los artistas que terminan Bellas Artes o la escuela de arte ya no tienen más estudios donde trabajar, tienen que buscarlo”, subraya Kruse.

En sus tres décadas de historia, cerca de medio millar de mujeres se han beneficiado de su programa, en el que en los últimos años también han participado creadoras españolas como María León, Laia Ventayol o Marisa Maza. Entre las artistas, no parece haber dudas sobre la necesidad de un programa de profesionalización de su actividad.

“En el mercado del arte, en cualquier galería, si ves la presencia de artistas masculinos y artistas mujeres, siempre es mucho mayor la presencia de hombres. El mundo del arte sigue siendo muy masculino”, dice León a eldiario.es.

Esta realidad es la que dio lugar al programa de la Asociación Goldrausch, que está financiado mayormente por el área de Igualdad del Gobierno berlinés y por el Fondo Social Europeo. “Las mujeres tienen mucho terreno que recuperar en el mundo del arte. Desde hace siglos es una mayoría de hombres la que hace el arte. Las mujeres pueden entrar en la Academia para las Bellas Artes de Berlín desde hace solo 100 años”, comenta Kruse.

No en vano, según recordaba recientemente la sección cultural del diario alemán Süddeutsche Zeitung “en los últimos diez años, las artistas sólo representan un 2% del mercado de subastas internacionales”. El periódico muniqués recordaba así datos de estudios realizados por las plataformas de Internet In Other Words y Artnet News.

“En Alemania, la brecha salarial es del 21% pero en el ámbito artístico está en el 28%”, sostiene Kruse. “Los artistas, en general, son pobres. Pero las mujeres son todavía más pobres”, añade.

El tema de la precariedad aparece evocado en la actual exposición de las mujeres seleccionadas este año. Lo hace gracias a la artista sueca Astrid Kajsa Nylander. Esta pintora presenta estos días en Berlín una serie de pequeñas pinturas tituladas 'mini-jobs'. Así se llaman los precarios contratos que abundan en el mercado laboral alemán en los que empresarios no pagan seguros sociales a cambio de ofrecer empleo en reducidas jornadas.

Un “espacio de seguridad” para las artistas

“En el programa se crea un espacio de seguridad para las artistas que participamos y estamos en contacto”, describe León el proyecto del que Kruse es responsable. “Con ellas se desarrolla una relación de día a día, compartes inquietudes, también las relativas a la profesionalización”, plantea.

Ella se muestra especialmente agradecida, entre otras cosas, por haber aprendido a “transmitir su obra a través del medio impreso”, gracias a un catálogo personal en cuya confección se implican artistas y formadores al servicio de la Asociación Goldrausch, ya sean diseñadores gráficos, críticos de arte, comisarios o profesores universitarios activos en el mundo del arte.

“En el catálogo general de la exposición se reúnen los catálogos de cada artista. Para mí eso fue un punto de inflexión porque me enseñaron a plantearme cómo hacer un catálogo, no hacerlo como un dossier, sino como una manera de comunicar a través del medio impreso, algo para lo que necesitas saber. También debes encontrar un diseñador gráfico que se adapte a tu obra”, sostiene León.

Contra las estructuras que oprimen al talento de las mujeres

En exposiciones como Hydra la quincena de artistas apoyadas por Kruse y compañía también ganan visibilidad. La muestra es el momento álgido del programa de ayuda a estas creadoras. Presenta en un generoso espacio obras de artistas emergentes, confirmadas y con un potencial que está fuera de toda duda.

Como las españolas León, Ventayol o Maza, en su día también integró la lista de formadas por la Asociación Goldrausch la artista francesa Pauline Curnier Jardin. Ella pasó por el programa de la asociación berlinesa en 2010. Este año recibía el Premio de la Galería Nacional, probablemente uno de los más relevantes de la escena alemana. Hoy su obra se expone en el Hamburger Bahnhof de Berlín, uno de los grandes centros alemanes de arte contemporáneo.

Alcanzar un éxito así es algo que puede llevar tiempo. Artistas como León, quien por el momento no comercializa su obra, pueden darse por satisfechas logrando contactos con galerías a través de las que, en un momento dado, poder exhibir y vender sus obras. Ese ya es un paso importante hacia la visibilidad del arte femenino, presa también de esas estructuras sociales que oprimen al talento de las mujeres.