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La cantaora Esmeralda Rancapino, una “vieja” de 12 años, debuta en Madrid

EFE

Madrid —

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Dice Rancapino que su nieta Esmeralda, de 12 años, tiene dentro “una vieja” y todos los “quejíos” del cante gitano. La precoz cantaora clausura mañana Suma Flamenca con el estreno absoluto de su primer espectáculo: “Me gusta más bailar, pero no se me da tan bien”, dice en una entrevista con EFE.

Para su debut ha elegido el título “El despertar de mi cante” porque “va a dar a luz” a su música: “Es para que todo el mundo vea lo que hago y cómo me expreso”, explica la artista, que cantó por primera vez con 2 años: “Una bulería que tarareaba a compás, según me cuentan”, se ríe.

La gaditana (Puerto de Santa María) es nieta de Rancapino, hija de la cantaora Ana Núñez Rancapino y del percusionista Ramón Torres, y sobrina del guitarrista Alonso Núñez Rancapino “Rancapino Chico”.

“Ser un Rancapino es pureza. Me gusta ser Rancapino, una estirpe a la que todo el mundo admira. Es una suerte muy grande ser de la familia que soy”, resume “la niña”, que cumplirá 13 años el 28 de septiembre.

Cuando le propusieron el concierto se puso “loca de contenta” y lleva trabajando semanas en lo que va a ser su presentación pública en un escenario, aunque ya ha hecho muchos “pinitos”, como “la pincelada” por bulerías que dio junto a su abuelo en 2018 en el Teatro Flamenco de Madrid o los tanguillos que cantó con solo 4 años en un programa de televisión.

En el escenario estarán esta vez Nono Reyes a la guitarra, hijo del cantaor Antonio Reyes y la bailaora Patricia Valdés, y al compás Manuel Cantarote y José Rubichi con la percusión de Ramón Torres, su padre: “Va a ser muy bonito y ellos me van a dar mucha seguridad”, vaticina.

Su presentación oficial, en la Casa Museo Lope de Vega, será a base de soleá, tangos, alegrías, fandangos y bulerías, un palo este último que, dice, “canta muy bien” porque lo hace “muy suyo, muy 'metío' para dentro” y le ha dado su propio “sello”.

Es el logro de esa identidad propia siendo tan joven la que ha hecho que su abuelo diga que la niña “tiene una vieja dentro”.

“Sí lo dice, sí. Es verdad que sé mucho de cante. Me esfuerzo mucho y escucho a los antiguos para aprender de ellos aunque yo no pase las fatiguitas que pasaban ellos”, reconoce.

Ella canta cuando le viene “la inspiración”, y eso le pasa mucho cuando escucha a su abuelo, a su tío o a su madre pero también “en clase”: “Son momentos en los que me echo a cantar porque no puedo aguantarme”.

Sus compañeros saben lo que hace y la admiran, pero eso, se ríe de nuevo, porque la quieren mucho.

El futuro lo ve lejano pero sabe que, en cualquier caso, pasa por cantar porque aunque le gusta más el baile “no baila tan bien”, admite modesta.

Su meta es llegar “a donde Dios quiera” y con 18 años se ve estudiando una carrera, “porque los estudios son siempre lo primero”, cantando “y llevando una vida de artista”.

Entre clases y ensayos tiene poco tiempo pero dedica todo el que puede a escuchar a “los antiguos”.

“Lo que ellos hacen es lo que yo quiero hacer y estudiar los cantes porque es la única manera de aprender”, resuelve.

“Me meto en internet y los busco a todos. Quiero estudiar todos los cantes, pero, ojo, el cante flamenco no se estudia, eso viene contigo”, determina la artista, que lleva nombre “de princesa gitana” y así se siente.

Por Concha Barrigós.