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Las gominolas de Haribo se amargan por su impacto medioambiental y la crisis de sus gestores

Imagen promocional de productos Haribo.

Aldo Mas

Los ositos azucarados de Haribo son las gominolas por antonomasia, especialmente en Alemania. Haribo es una empresa fundada en la ciudad germana de Bonn hace casi cien años. En 2022 se celebrará, de hecho, el 100º aniversario de la fundación de la compañía, que cuenta con unos 7.000 empleados y que mueve un volumen de negocio de 2.000 millones de euros, según datos de 2016. Pero de no cambiar nada en la empresa, todo parece indicar que ese cumpleaños se celebrará en un clima de crisis existencial.

Basta con ver un par de recientes alusiones a las gominolas estrella de Haribo en titulares de la prensa económica alemana. “Ositos malos”, titula a cuenta de Haribo la revista mensual Manager Magazin en su flamante número de febrero. En sus páginas económicas, el diario Süddeutsche Zeitung se refería recientemente a la situación de Haribo con términos similares: “ositos problemáticos”.

No han olvidado en Haribo el escándalo en el que, hace poco más de un año, se acusaba a la compañía, por un lado, de conseguir alguno de sus ingredientes en Brasil en explotaciones donde los empleados trabajaban en lamentables condiciones laborales y, por otro lado, de confiar en firmas ganaderas ovinas en las que los animales malvivían. La empresa de chucherías lanzó entonces auditorías y prometía que tomaría las medidas pertinentes.

Sin embargo, desde finales de 2017, a Haribo no le ha dado tiempo a forjarse de nuevo una creíble reputación en términos de respeto medioambiental. Entre otras cosas, porque también ha habido quejas de empresas de tratamiento de basuras por no poder ocuparse debidamente de sus bolsas de empaquetado.

“La bolsa no es reciclable, y, por tanto, no cumple con los requisitos de la ley de envases que ha entrado en vigor desde principios de año”, se leía a finales de enero sobre los paquetes de Haribo en el Süddeutsche Zeitung.

La organización de defensa del medioambiente Greenpeace señalaba a Haribo como una de las empresas que más contaminaban en el mundo debido a su uso del plástico. La compañía de chucherías aparecía en el número 33 del ranking elaborado por Greenpeace sobre las compañías más contaminantes por plástico del plantea. Esa clasificación la dominaban las estadounidenses Coca-Cola y Pepsi, seguidas de la suiza Nestlé.

En Haribo plantean que han cambiado en lo que al uso del plástico respecta. “La mayoría de nuestros embalajes son hoy reciclables al 95%. En el caso de los ositos la tasa de reciclaje es de alrededor el 99%”, dicen desde la compañía, que controla el 60% del mercado alemán de las chucherías. “Trabajamos de forma continua y orientada hacia el futuro en las posibles alternativas de empaquetado para optimizar aún más la tasa de reciclaje de nuestros embalajes”, abundan en Haribo.

Problemas de imagen y asociados a su modernización

En la localidad de Grafschaft, donde tiene su cuartel general la compañía – se trasladó allí en mayo de 2018 procedente de Bonn – pueden dar por apagado ese frente, pero la comunicación institucional de la empresa lidia con no pocos fuegos a la vez. De hecho, el número de este mes de la Manager Magazin describe un cuestionable modus operandi de los gestores de la compañía.

La información de la revista económica germana plantea durísimos reproches a Haribo. Por ejemplo, la acusa de realizar un etiquetado fraudulento en sus productos para evitar el reglamento que rige el modo en el que dar cuenta de los ingredientes que utiliza. También plantea la revista el uso de empresas en el extranjero para evadir impuestos. Ante esas acusaciones, la compañía de chucherías niega la mayor. Hablan en Grafschaft de informaciones que son “insostenibles, completamente distorsionadas y engañosas”.

Menos discutible resulta afirmar que la empresa no está en su mejor momento. A las criticas por su comportamiento medioambiental, que no han terminado de amainar desde 2017, se suman decepcionantes números como los del año pasado. Se estima que la empresa redujo sus ingresos un 10% en 2018. El final del pasado ejercicio quedó marcado por serios problemas en la producción, pues la reciente instalación de un nuevo programa informático en ese proceso acarreó serios inconvenientes. Llegó a registrarse hasta un 20% menos de distribución.

Sin receta para reconducir la situación

En las altas instancias de la compañía tampoco parecen dar con la receta para reconducir la situación. El mes pasado, de hecho, se aprobó la más reciente reestructuración de los mandos que operan bajo la dirección de Hans Guido Riegel. Él, sobrino del fundador de Haribo, Hans Riegel, está al frente de la compañía desde 2013. Ese año falleció su tío, quien levantó con éxito una empresa que se ha convertido en una de esas grandes firmas familiares representativas de lo 'mejor' capitalismo teutón.

Pero Hans Guido Riegel, según Manager Magazin, está “jugando con la reputación de la empresa”. “Los nuevos responsables están tratando de modernizar Haribo, pero se les hace difícil convencer a todos los trabajadores”, explican en la publicación especializada. Es más, no son pocos los colaboradores de su tío que han decidido cambiar en los últimos años Haribo por otras grandes corporaciones del sector de la alimentación.

La última y más sonada marcha es la de Sven Jacobsen, hasta hace muy poco el jefe de comunicación de la compañía de chucherías. En su ausencia, Haribo lucha por mantener su imagen y su estatus. Está por ver si su producción - mantenida ahora en 100 millones de ositos de gominola al día - puede acallar los crecientes problemas del gigante alemán de las chucherías.

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