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Romper un pacto de Estado: la última deslealtad de Pablo Casado

Realizan un paro en Argentina contra la violencia machista antes de la masiva marcha

Laura Berja

Diputada socialista por Jaén y portavoz de Igualdad —

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“Las fuerzas que se asocian para el bien no se suman, se multiplican”. Esta certera conclusión de concepción Arenal representa lo que en el año 2017 todas las fuerzas políticas entonces representadas en las Cortes Generales conseguimos con el pacto de estado contra la violencia de género, incluido el Partido Popular. El 29 de abril de 2020, en plena crisis del coronavirus y con las mujeres víctimas de violencia machista confinadas con sus agresores, el PP abandona el Pacto de Estado.

Los trabajos del pacto de Estado contra la violencia hacia las mujeres fueron arduos y en determinados momentos tensos, aproximar posicionamientos ideológicos no fue tarea sencilla. Sin embargo, tanto en el Congreso como en el Senado, las fuerzas políticas del Parlamento nos implicamos en sacarlo adelante y pusimos toda nuestra predisposición en conseguir un gran acuerdo político, social e institucional para erradicar la violencia machista. El Pacto de Estado no era el programa electoral de ninguno de los partidos que formamos parte de este consenso, lo que sí fue este pacto fue un gran acuerdo de mínimos, de cuestiones irrenunciables, para una política necesariamente de máximos, de máxima implicación y máxima urgencia.

Lo cierto es que el escenario era otro, el PP de 2017 no era el PP de Casado y afortunadamente para la salud democrática de aquel año Vox no tenía representación en las Cortes Generales. Gobernaba Mariano Rajoy y aunque el pacto no fue iniciativa del PP, ni una de sus prioridades, es de reconocer que finalmente formó parte activa del mismo. Con un gobierno del Partido Popular, el PSOE en la oposición apoyó un pacto de Estado, es decir, la lealtad de la oposición frente a un problema de Estado fue ejemplar. Lealtad del principal partido de la oposición, señores y señoras, esa gran ausente en la crisis que vive este momento España.

Es evidente que la memoria sitúa a los actores políticos en lugares muy distantes, mientras el PSOE es leal al Gobierno cuando la ciudadanía le ha situado en la oposición, véase el pacto de Estado contra la violencia de género como también el apoyo al articulo 155, el PP es un auténtico furtivo de la lealtad cuando los ciudadanos y ciudadanas los convierten en perdedores de las elecciones.

La lealtad al Gobierno en momentos tan dramáticos como el que nuestro país sufre a consecuencia de una pandemia mundial se traduce en lealtad al país, lealtad a España y más concretamente a las españolas y españoles. En el pleno del día 29 de abril, el PP no apoyó el decreto que traduce el pacto de estado de violencia de género en medidas excepcionales para proteger a las victimas de violencia machista en la Crisis de la COVID-19. El Partido Popular se saltó los acuerdos del pacto de estado y se sumó a Vox en su obsesiva estrategia por derrocar las reivindicaciones feministas y abandonar a las víctimas de la violencia machista. Y lo hizo en el peor de los momentos, cuando las víctimas de violencia machista viven situaciones de mayor dureza y peligro.

El recorrido del Partido Popular en materia de violencia de género ya era preocupante. En su carrera por radicalizar su discurso para competir por el espacio con la extrema derecha ha llegado a cuestionar la propia violencia de género, incluso Gobierna con Vox haciendo concesiones que suponen retrocesos en el reconocimiento de los derechos y libertades de las mujeres.

Más recientemente se ha unido a los fascistas de Vox en intentar defenestrar las manifestaciones del 8M relacionándolas con la incidencia de víctimas de COVID-19. Es importante que a toda la derecha le quede claro una verdad incuestionable, el feminismo no puede ser nunca acusado de arrebatar vidas sino más bien de todo lo contrario, de salvarlas, la historia del feminismo no tiene víctimas, la del machismo es la violencia.

Casado se ha convertido en un gran problema para afrontar esta crisis y también para la política española. Los espacios que ha compartido con la ultraderecha se convierten en altavoces de odio, misoginia, homofobia, xenofobia... discursos que buscan debilitar nuestra democracia en un momento donde los valores democráticos tienen que protegernos incluso del virus. En la desaparición del virus, o se es parte del problema o de la solución y la posición de proximidad a Vox de Casado unida a su incapacidad para ser leal al Gobierno y a los pactos de Estado le sitúan en el el bando del problema.

Formar parte del pacto de estado contra la violencia de género fue importante pero lo crucial es convertir el pacto en realidad y es en este momento donde no se puede fallar y el Partido Popular ha fallado.

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