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Barbara Liskov pide medidas para atraer a las mujeres a las ingenierías

Barbara Liskov pide medidas para atraer a las mujeres a las ingenierías

EFE

Madrid —

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La informática estadounidense Barbara Liskov, creadora de los fundamentos para evitar fallos en el desarrollo de software, ha abogado por medidas para paliar la escasez de mujeres en ingenierías, con ocasión de su investidura como doctora honoris por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM).

En una entrevista con Efe, Liskov cita el “mal clima” en las empresas de Silicon Valley que carecen de “una atmósfera amigable para las chicas”, por su talante paternalista, con una mayoría de “hombres jóvenes veinteañeros, que beben, salen juntos, no tienen familia y desarrollan una cultura en torno a ese modo de vida que no contribuye a atraer a mujeres” al área de la informática.

Esta profesora del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) que participa activamente en programas para fomentar la presencia femenina en carreras técnicas fue la primera mujer en doctorarse en informática en 1968, la primera en ganar la medalla John von Neumann (2004) y la segunda mujer distinguida con el premio Touring (2008), los máximos galardones en informática.

“Cuando terminé Matemáticas en los sesenta, mi primer trabajo fue de programadora, un área que tenía gran demanda ya entonces pero que carecía de una licenciatura específica. Luego volví a la universidad para hacer el doctorado y después a mi primera empresa, porque la universidad no tenía entonces un gran interés en fichar a mujeres”, relata.

Creadora del sistema operativo Venus y del lenguaje de programación CLU, antecesor del lenguaje Argus, Liskov recuerda que fue a partir de los setenta cuando “realmente despegó” su carrera.

“Me pidieron que investigara sobre la 'crisis del software'. Había una gran preocupación por los fallos de software, no se sabía cómo desarrollarlos de manera efectiva pese a haber invertido millones de dólares y horas de trabajo en sistemas que finalmente no funcionaban correctamente”, explica.

“Empecé a trabajar en la metodología, en cómo organizar y cuáles son los principios para desarrollar software. Creo que mis contribuciones más importantes son en este área. Las ideas que planteé entonces, en los setenta y en los ochenta, se han convertido en los fundamentos de cómo se crea software hoy en día”, añade.

“Los móviles, por ejemplo, tienen un software muy complicado en cuyo desarrollo se emplean las ideas que lancé entonces -no solo yo sino un grupo de personas que trabajábamos en ese área- y que definen el modo en que se desarrollan actualmente los mejores software, incluso los muy complicados, que no serían posibles sin esos principios”, agrega Liskov.

A su juicio, esta “contribución fundamental” le ha valido el premio Alan Turing, aunque matiza: “mi trabajo es muy abstracto; no soy la persona que desarrolla el software de un móvil, por ejemplo, sino la persona que planteó los principios que permiten a otros desarrollar ese software”.

Liskov achaca la escasez de ingenieras a “varias razones, la mayoría sociales”, en un mundo donde “se glorifican los deportes, el entretenimiento” y cosas triviales por encima de la actividad intelectual, con “gran influencia en los niños, y más aún en las chicas”.

Cita como ejemplo a su hijo, que era “el típico empollón y no se dejaba influir por los mensajes de la televisión”, mientras que a su nieta le gustan “los vídeos de princesa. A los doce años las niñas empiezan a perder interés por la ciencia”.

Actualmente en el MIT un 30 % de alumnos de ciencias son mujeres, y en informática un 20 %, porcentaje que sin embargo disminuye en las empresas tecnológicas, según Liskov que considera “muy buenos” los programas para atraer a chicas como “contrapeso a las influencias sociales”.

Una vez crezca la presencia femenina, aumentará la presión para que las empresas instauren un entorno laboral más favorable, asevera Liskov, que fue investida honoris causa ayer, coincidiendo con el 40 aniversario de la creación de la carrera de Informática en la UPM.

Sobre la pérdida de empleos por la inteligencia artificial, confía en que “otro tipo de trabajos se crearán”, como con la Revolución industrial, y expresa preocupación por cuestiones como “la privacidad, los comportamientos indebidos en internet o las noticias falsas”.

Para afrontar las “consecuencias no intencionadas” de las nuevas tecnologías, cree que habrá que echar mano de “una combinación de medidas técnicas y legislativas”, en un proceso que “llevará su tiempo”, concluye.

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